Modelo de Comentario de texto por niveles (14)

Esta entrada es la parte 14 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

He aquí la perplejidad fundamental a la que nos lleva una primera lectura de este poema: ¿a partir de qué momento, cómo y por qué había motivos para la esperanza…?
Era 1955: ¿qué luz había alboreado en España por entonces? Si consideramos que el fin de la dictadura franquista trado todavía veinte años en llegar, se diría que sólo la luz que Blas de Otero dejó escrita en este poema. Generalizando, quizá se trataría, simplemente de la misma luz que, dentro de su entusiasmo ingenuo, creyeron aportar todos aquellos poetas de la llamada «poesía social» a los sombríos años que vivían. Profundizaremos más adelante en este aspecto para intentar aclararlo.
En cuanto a sepultado, inundado y arrastrado son palabras que aparecen como complementos de sendos nombres –hombre, mundo y árbol, respectivamente- y que, por lo tanto realizan una función adjetiva. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que nos encontramos, en todo caso, frente a tres palabras que, en origen, son participios verbales.

[[Los participios, como sabemos, tienen un valor nominal (adjetivo) frente a otro verbal. Funcionan a veces como participios y a veces como adjetivos. ¿Cómo distinguir ambas funciones?. No siempre es fácil, pues existen una serie de casos fronterizos en los que cuesta decidir cuál de los dos valores se impone.
Como criterio para diferenciarlos podemos adoptar el siguiente. Si expresan predominantemente una cualidad del sustantivo, se habrán convertido por entero en adjetivos. Por el contrario, si expresan un estado resultado de una acción, conservarán todavía, en gran medida, su valor verbal. Compárense, a estos efectos, niño presumido y niño castigado por su profesor de literatura.
Además, corno se ve en nuestra segunda frase, cuando el participio adjetivado conserva todavía, al menos en parte, su personalidad verbal, admite fácilmente complementos similares a los verbales (cosa que no ocurre con niño presumido). La frase, de hecho, puede reconstruirse fácilmente en su estructura profunda con la ayuda de un verbo auxiliar (ser, haber, estar…) que suponemos elíptico: el niño huido del colegio—> el niño que había huido del colegio; el niño castigado… —>el niño que había sido castigado por su…]]


A la vista de todo esto, podemos concluir que esas tres palabras que parecen funcionar como adjetivos en la estructura superficial de sus frases, conservan todavía gran parte de su función verbal. Podemos tratarlos, pues, como participios que expresan el resultado de una acción ya concluida. En este sentido, vienen a tener un valor parecido al que le hemos señalado a los pretéritos perfectos.
Pero, como indicábamos más arriba, aportan algo más. Las estructuras profundas que podríamos reconstruir de este modo:
-«el hombre ha sido/está sepultado»,
-«el mundo ha sido/está inundado»
-«el árbol ha sido arrastrado»,

nos revelan que se trata de participios de pasado pasivos.
[(frente a, por ejemplo, huido, casado, presumido, agradecido, etc, que tienen valor activo]]
Como desconocemos el complemento agente (inundado: ¿por qué o por quién?), de nuevo se nos ocultan los agentes causantes de las acciones que se describen. El hombre o el mundo aparecen sólo como las víctimas que las están padeciendo. ¿Quiénes serán los culpables? Y, sobre todo, ¿por qué no se nombran en el poema?
Especial atención merecen los complementos de esos cuasi-participios, pues el poema los descarga siempre en el verso siguiente, dando lugar a tres violentos encabalgamientos abruptos. Se debe resaltar la intensidad expresiva, sobre todo, de los dos primeros, porque los términos separados -y, así pues, realzados- por el encabalgamiento son altamente imprevisibles:
sepultado/en sed e inundado/ de sangre
En ambos casos, la sorpresa, acentúa los horrores evocados.
En conclusión, el análisis de los participios nos devuelve al mismo escenario que más arriba describíamos.
En este poema, falta el verbo de la frase principal; en general, hay pocos verbos; los pocos que aparecen, o tienen eclíptico el agente de la acción, o ignoramos por completo cuál pueda ser; por último, todos los verbos o formas semiverbales con que cuenta, están en pasado, nos presentan acciones acabadas…
¿Conclusión? El hombre no hace nada en el presente, sino que aparece apenas como el residuo de acciones anteriores de las que ha sido víctima.

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