Modelo de Comentario de texto por niveles (12)

Esta entrada es la parte 12 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

En cuanto al hecho, considerado en su conjunto, de la abundancia de complementos nominales, la conclusión parece clara: el hombre se nos presenta abrumado por sus circunstancias. El hombre, el mundo, la patria, están ahogados por ese torrente de desgracias que lo ocupan todo: en el poema y en la realidad.

En la última estrofa, hay un matiz un poco diferente. España puede entenderse como un complemento aposición de patria pero, en definitiva, el concepto fundamental de la estrofa, «patria» (en las otras eran «hombre» y «mundo»), se nombra, en realidad, dos veces, acentuando que la situación de España es el centro de gravedad del poema.
Si en los primeros apartados las palabras principales aparecen asfixiadas por sus atributos (sintagmas largos y complejos), en los segundos subapartados, fe, paz y luz sólo tienen un complemento, sendas subordinadas adjetivas especificativas (que actúan, a fin de cuentas, como un adjetivo, como un complemento del nombre correspondiente):

fe: que he conquistado
paz: que he voceado
luz: que ha alboreado

[[Sub.adj. explicativas: afectan a TODOS los elementos a los que alude el sustantivo: Los niños, que tenían hambre, comieron.
(Todos los niños tenían hambre y todos comieron).
Sub.adj.especificativas: afectan sólo A UNA PARTE de los elementos a los que alude el sustantivo:
Los niños que tenían hambre comieron.
(Sólo algunos niños tenían hambre y sólo ellos comieron).]]

Estas subordinadas adjetivas especificativas lo que hacen es acotar, reducir o concretar la extensión del significado del sustantivo al que complementan. Lo que se nos presenta no «es toda la paz», «la paz en toda la extensión de la palabra», sino una clase de paz.
En consecuencia, los sustantivos clave de los segundos subnúcleos, los positivos –fe, paz, luz-, no tienen un valor absoluto, pleno, sino que su significado, su alcance está relativizado por esas subordinadas. Por decirlo de alguna manera, se trata de la fe, que, en esas peculiares condiciones adversas, él ha podido «conquistar; la paz que, en esas circunstancias trágicas, se puede proclamar o reclamar; la «luz» que, tras esa negra noche, de algún modo que el poeta nunca explicará, se comienza a vislumbrar.
De manera que si los conceptos hombre-mundo-patria están constreñidos, -en los primeros subnúcleos- por los horrores aludidos en los complementos; aquellos otros, fe-paz-luz, que representan -en los segundos- lo que el poeta propone para recuperarlos, están, ya de entrada, debilitados. ¿Serán realmente capaces de devolverles su plenitud esa fe, esa paz y esa luz, al «hombre», a la «patria» y al «mundo»? ¿Están en condiciones con ese punto de partida?
La clave para responder a esta cuestión está en  la naturaleza exacta de esos elementos perifrásticos que el poeta ha ido enumerando. ¿Qué fe ha conquistado? ¿Qué paz ha voceado? ¿qué luz ha alborado?
La sintaxis de los primeros subapartados es, en resumidas cuentas, más complicada, más bronca, diríamos, frente a la mayor simplificación y sencillez que observamos en los segundos subapartados.
Este aspecto contribuye a que, frente a la complejidad del drama expuesto, el empeño por ilusionarse parezca más simple; voluntarioso, antes que realmente efectivo contra el dantesco cuadro que no logra borrar de nuestra imaginación.
Cada estrofa es una sola frase, repetida paralelísticamente; una frase que se lleva por delante el pasado negativo como para enfatizar la unidad de propósito del poeta: pese a todo, alegría.
Es como si fuese precisamente el espanto, el sufrimiento lo que condujese a la esperanza. ¿Podía haber mensaje más radicalmente desesperado? ¿Un mensaje -visto desde fuera, al margen de cuál fuese la voluntad original del poeta- más patético?
No vemos -nunca- en el poema otra razón para la esperanza, que la desesperación en que se vive.
Los dos subnúcleos, de tan distinto signo, están fundidos en la misma frase y, así dispuestas las cosas, es como si lo primero -el pasado el presente horribles – llevara inevitablemente a lo segundo -el futuro mejor-; como si el espanto vivido fuera el antecedente -o digámoslo del modo más crudo: la causa- de la alegría por venir: lo que no sabemos es por qué. El poeta sólo nos muestra
su confianza.
He aquí la ambigüedad, la imprecisión o, desde el punto de vista lógico, la debilidad básica del contenido de este poema.

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