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No obstante, aunque lo consideráramos bajo esa fórmula similar a la de una plegaria, el poema que ahora nos ocupa seguiría mostrando los mismos puntos oscuros o dramáticos: ¿por qué no indaga el pasado?, qué luz ha alboreado?…
Verlo como una plegaria no hace sino subrayar la debilidad de sus fundamentos lógicos y la desesperación de la que surge.
Por otra parte, las plegarias, en el caso del poeta que nos ocupa, podrían no ser gestos de sumisión sino de reclamación, como en el caso de los arrebatados poemas de épocas anteriores de Blas de Otero en los que habla con Dios, sí -o lo intenta-, pero el tono del diálogo es el de una reclamación.
Sea como sea, petición, simple expresión de un deso o reclamación, lo emotivo se impone a lo racional en el poema que nos ocupa.
La capacidad del hombre para gobernar su destino y su responsabilidad sobre su propia desgracia siguen quedando malparadas si no encontramos la lógica que pueda haber detrás de esos sentimientos. ¿Cuál es la razón de la confianza del yo poético en el futuro? ¿Por qué cree que ha llegado el momento de pedir o reclamar eso que llama alegría?
El léxico del poema se caracteriza por un marcado carácter metafórico/alegórico y abstracto.
Sin duda, al leerlo, relacionamos el poema con problemas muy concretos, pero el caso es que el texto tiene un marcado carácter abstraco. Se invoca a algo abstracto como la “alegría” para tres entidades abstractas -hombre, mundo, patria-, apoyándose en dos abstracciones fe, paz– y en una figura a medio camino entre el símbolo y la alegoría –luz.
Esta notable paradoja nos devuelve a nuestras reflexiones anteriores.
En realidad, el poema pasa por encima de la miseria concreta de la que pretende estar hablando. Por más tremendistas o hiperbólicas que sean las metáforas empleadas (el mundo engangrenado, hambre, sepultado en sed…), el único dato concreto de esa realidad que nos llega es el estupor, la exasperación que la visión de ese estado de cosas ha producido en el poeta.
Si consideramos el resto de sustantivos del texto, observamos el mismo fenómeno. Todo es metafórico-alegórico y, a menudo, hiperbólico: sed, son, sombra, sangre, árbol, ríos…
La secuencia: sepultado/ en sed –salobre son de sombra fría (v.2) la forman sustantivos cuyo significado literal se refiere a aspectos materiales relacionados con los sentidos y con el campo semántico de las necesidades más elementales. Sin embargo, su significado metafórico nos remite, a la postre a un campo semántico de valores morales.
El adjetivo salobre, por su significado convencional, puede asociarse de manera natural al sustantivo sed, pero ¿y las demás palabras de la serie?. Un examen atento nos descubre en esa expresión una compleja sinestesia en la que vemos una apretada mezcla de sensaciones: sonido (son) sabor (salobre), oscuridad (sombra) y -extendiendo la sinestesia, como suele hacerse, más allá de los cinco sentidos, al terreno de las sensaciones corporales-, frío. Esta condesación imposible, artificial -y acaso con algo de exceso retórico-, de sensaciones heterogéneas otorga a sed una dimensión más amplia que la puramente física: son también hambre y sed de justicia, de paz, de felicidad, de que acabe el sufrimento…
En los versos quinto y sexto:
hola estoi buscando un modulo de texto literario chao