Modelo de Comentario de textos literario por niveles 31

Esta entrada es la parte 31 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

Ha sido un breve repaso que pretendía sólo servir como muestra para ilustrar el ambiente en el que Blas de Otero descubre, al mismo tiempo, un camino diferente para su poesía y un futuro mejor para España y para el mundo.
Cuando Blas de Otero habla de una fe determinada, la «que he conquistado», quizá aluda irónicamente a otra fe de tipo religioso, la de otro yo suyo que luchó con ella hasta perderla y perderse casi a sí mismo; esa fe religiosa o certeza existencial en la que se debaten, con la que luchan, muchos poemas de etapas precedentes de su poesía.
Pero ahora habla de una fe en la poesía y en los otros.
Habla de arte comprometido y revolucionario; habla del poder colectivo, de la fuerza de la unidad y de la solidaridad en el arte y en la historia. Todo esto forma parte de su nueva fe. Y creemos que también, muy concretamente, la ideología comunista.
Los datos históricos dispersos que justificaban esa confianza, el auge del arte comprometido y la misma fuerza con la que siente esa convicción es lo que ha quebrado el presente, es la primera manifestación visible de un futuro diferente que empieza ya, en este mismo poema que comentamos sin ir más lejos:

en nombre de la luz que ha alboreado…

La teoría (o teorías) de la recepción y la pragmática se dan la mano al llegar a cierto punto. Una parte del esfuerzo crítico ante un texto debe centrarse en reconstruir el sentido con el que el autor escribió su obra: esto es filología pura. Cumplida esta misión, el examen crítico de una obra literaria puede detenerse a analizar cómo el paso del tiempo ha afectado a esos supuestos bajo los que escribía el autor. La situación del receptor es diferente cada vez que se lee una obra literaria. Pasados 60 años desde  que se publicó este poema, muchas cosas  que no existían en 1955  han ido poblando el espacio que hay entre el autor y su poema y cualquier lector circunstancial.
Ante este poema de Blas de Otero, hoy podemos asumir el papel de receptor, es decir, ponerlos a leer ese poema. Nuestra recepción del texto nunca podrá ser la misma que la de un lector cualquiera de 1955.
La historia ha pasado por encima de la poesía social sin que los máximos ideales de esa poesía se hayan hecho realidad y nos resulta sumamente fácil tildar a Blas de Otero de ingenuidad en lo fundamental de sus planteamientos. De hecho, él mismo reconocería, décadas más tarde, el carácter utópico de la pretensión der fundir la poesía culta con el pueblo: el nueblo no lee, y no son precisos más argumentos.
La poesía social queda al descubierto como otro juguete neorromántico de una burguesía hastiada de sí misma, pero incapaz de escapar realmente de sus patrones mentales.
La verdad es que todo hace pensar  que también en 1955 el mensaje de un poema como éste que comentamos era un mensaje ingenuo y desaforado. Para entonces, el arte ya había sido desplazado como factor con ascendencia sobre la historia y  mucho tiempo antes había abandonado su maridaje con el pueblo.
Además, en concreto, como elemento de lucha política, lo cierto es que precisamente en España el arte ya había sido derrotado para siempre en 1936 (por no remontarnos más allá). Existieron Antonio Machado y Miguel Hernández, sí; pero fueron las armas las que dictaron  sentencia. Y lo siguen haciendo.

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