Modelo de Comentario de texto por niveles (17)

Esta entrada es la parte 17 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

En cualquier caso, responda esta alternativa a una visión caótica o armónica del mundo -extremo sin precisar en el poema-, la acción del hombre queda muy limitada bajo estos parámetros.
Lo vemos impotente, víctima de los acontecimientos; e impotente ante el futuro, sólo puede «conquistar su fe», «vocear la paz» y, en última instancia, esperar a que amaine, a que pase la «tempestad» y otra luz vuelva a «alborear». Su capacidad de acción -y su responsabilidad queda reducida a intuir cuándo van a cambiar las cosas y olvidarse, a partir de ahí, de los sufrimientos pasados: es lo que acaba de intuir el yo poético y el punto de partida del poema.
«Responsabilidad», palabra que merece comentario aparte. ¿Es que el hombre no tiene responsabilidad ni sobre su pasado ni su sobre su futuro? No llega a decir tanto el poema, porque el futuro, al menos, llegará si se le invoca. ¿En este texto se muestra al hombre sin responsabilidad sobre sus actos y con responsabilidad sólo sobre sus ilusiones?.
Este es un punto clave, origen de la articulación incompleta o imperfecta de la lógica de este poema. El presente es consecuencia del pasado, aparece como su víctima y, por tanto, liberado de culpa. Pero ¿y el pasado? ¿Cuáles fueron las causas de ese pasado?
Podríamos, en efecto, preguntarnos por el ámbito temporal más oculto de este poema, el verdaderamente silenciado: ¿cuál es «el pasado del pasado»? ¿Quiénes fueron los causantes de ese pasado que ha dejado el presente en ruinas?
El origen de la la desgracia se silencia en este poema.  O no se pronuncia. No se dice explícitamente. Se dice que hubo hambre, sí, material y moral, y sed, y violencia… Pero las causas de las desgracias -ese pasado primero- se dejan a un lado. ¿Por qué hubo hambre y violencia? Nadie es cupable explícitamente en este texto, el hombre no es culpable; los culpables «fueron», han desaparecido junto con el pasado del pasado, o estamos, en última instancia, ante una visión fatalista del destino del hombre. Las desgracias sobrevensdrían inevitablemente y al hombre sólo le cabría sobreponerse a ellas.

Del mismo modo, tampoco nos dice explícitamente el poeta cómo, gracias a qué, van a cambiar las cosas. Podríamos sentirnos autorizados a pensar que no nos queda otro remedio que suponer que el deseo, la fe o la marcha ineluctable de la vida obrarán el milagro. Pero las circunstancias en las que se escribió este poema  quizá nos puedan permitir ampliar nuestra perspectiva y esperaremos a hacer un examen más atento de las mismas antes de extraer conclusiones definitivas.

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