Comentario de texto por niveles,modelo (8)

Esta entrada es la parte 8 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

De este modo -dejando a un lado ya el análisis de los ritmos, pero continuando en el nivel fónico-, podríamos pasar a comentar otros aspectos del estilo, comenzando precisamente por todos esos fenómenos a los que hemos aludido (aliteraciones, naturaleza de las sílabas, etc;).

En primer lugar, habría que resaltar algunos ejemplos de rima en eco -a las cuales, forzosamente, van asociadas en muchos casos armonías vocálicas-que forman parte del panorama que acabamos de describir.
Son casos como el de hombre, salobre y nombre, en los versos primero, segundo y tercero -que luego prosigue en los versos séptimo (nombre), décimo (sobre) y undécimo (nombre, de nuevo)-; o como el más obvio de la palabra sangre repetida en el verso sexto; o el más atenuado de Para y patria (ambas en el verso noveno) y ardua y España (en el décimo); o el de árbol y arrastrado en el noveno; o el de engangrenado, en el sexto, que repite la rima de los participios de finales de verso…
Todos insisten en lo que comentábamos poco más arriba al cerrar el capitulo de la rima. Lo que podríamos llamar «la densidad fonética» es paralela a la densidad de contenido. Es una constante en la poesía de Blas de Otero el aprovechamiento de ese aspecto material, físico, del lenguaje para dar a las ideas, como diría Sartre, «un rostro de carne».
Junto a estas rimas en eco, obrando en el mismo sentido, observamos otros recursos fónicos.
Desde luego, es evidente el peso en este poema de las aliteraciones.
Ya hemos apuntado que todo el poema, por su dramático ritmo y su sonoridad, es como una onomatopeya: un lamento y una invocación desgarrados. Pero podemos precisar con algo más de detalle la actuación de las aliterariones.
En primer lugar, por lo que se refiere a las aliteraciones consonánticas, tienen una presencia destacada a lo largo de todo el poema la /r/, por un lado,
y por otro la /m/ y la /n/.
La primera formando, además, a menudo, grupos consonánticos complejos (homBRe, hamBReante, saloBRe, sanGRe, enganGRenado, nomBRe, FRía, arrasTRado…); las dos segundas, cerrando sílabas trabadas (hoM-bre, haM-bre-aN-te, soM-bra, noM-bre, coN-quistado, muN-do, i-nuN-dado, saN-gre- eN-gaN-grenado…)
Con carácter general, podemos señalar que las sílabas trabadas o aquellas con grupos consonánticos complejos tienden a ralentizar y violentar la pronunciación. Por otro lado, las sílabas trabadas por nasal, poseen una sonoridad señaladamente grave (tono de voz más bajo), y «oscura»: el sonido retumba y se alarga de modo especial, al actuar las cavidad nasal como caja de resonancia. Todo esto actúa en este poema.
Cuando estos fenómenos están presentes, la pronunciación avanza trabajosamente, encontrando numerosos obstáculos en su camino, pues a la fluidez de las vocales se opone el marcado protagonismo consonántico (en especial, de las consonantes de las que venimos hablando). En estos tramos, el poema discurre con más dificultad, como alargando las penalidades que describe.
En otro orden de cosas, se puede apuntar que, por encima de los efectos ya anotados, las secuencias aliterantes parecen agruparse -de modo más acusado en los dos primeros subnúcleos- en torno a alguna palabra relevante.
Concretamente, en el primer subnúcleo hay una palabra fundamental, hombre, y otra situada un escalón por debajo de ella en cuanto a rango, sed: todas las demás parecen girar, desde el punto de vista fónico, en torno a ellas. En el segundo, otro tanto cabría decir de mundo y sangre, en este orden. Es como si el poeta prolongase con una similitud audible, las relaciones entre los conceptos expuestos.
En el tercer subnúcleo, esta capacidad se la atribuiríamos a una armonía vocálica (la vocal ¡a/, la esencial de patria y de España) y a las aliteraciones de oclusivas y vibrantes de las que hablamos a continuación.
En definitiva, con las aliteraciones «duras» (nasales, pero también combinaciones de oclusivas: Para Ti, PaTria o vibrantes múltiples: aRRastrado/ sobre los Ríos), con las sílabas trabadas, etc; se consigue lo siguiente. Las palabras secundarias que actúan como predicado (= «aquello que se dice de algo») de la palabra principal, al reproducir sus sonidos con efecto más sombrío o deslizante (y también por contraste entre ambos tipos : Salobre SoN de SoMbra), acentúan y prolongan la evocación del sufrimiento o los horrores a los que se está
aludiendo.

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