Modelo de Comentario de texto por niveles (5)

Esta entrada es la parte 5 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

3.-ANÁLISIS DE LA FORMA.

([«Análisis de la forma partiendo del fondo», es el nombre completo de este apartado en el comentario verso a verso. Es el título más ajustado, pues es el que mejor expresa lo que debe hacerse realmente: relacionar la forma con el tema.

«Análisis de los recursos» o «Comentario estilístico» suele llamarse en los distintos tipos de comentarios por niveles»]

[NIVEL FÓNICO]

Podemos iniciar el análisis del nivel fónico de este poema por ciertos aspectos significativos del ritmo.

Por lo que se refiere al ritmo de cantidad, observamos que el poema es un exponente más de la liberación de los esquemas métricos clásicos, tan frecuente en la poesía contemporánea. No somete su expresión el poeta a la disciplina de una normativa estrófica previa, sino que inventa, valga la expresión, él mismo una pauta estrófica ad hoc; no ajusta su pensamiento a un ritmo preestablecido, sino que él mismo crea, para la ocasión, el ritmo de cantidad más adecuado al complejo de emociones, sensaciones y pensamientos que quiere plasmar en el poema.

Sería este un rasgo propio de la fuerte voluntad de originalidad presente en el arte desde el Romanticismo. Nuestro poeta, sin embargo, no pretende simplemente imponer su yo por encima de cualquier norma.

Como es propio de la llamada literatura comprometida, y de la poesía social de posguerra, el yo en este poema, quiere sumar su voz a la de la comunidad, quiere hablar con el nosotros. De ahí que no podemos justificar lo novedoso de este ritmo de cantidad, amparándonos simplemente en el propósito de originalidad. Volveremos a reflexionar más adelante sobre ello.

Sin duda, se trata de un texto con fuerte voluntad anti-retórica. No en vano pertenece a un libro dirigido, precisamente «a la inmensa mayoría» . Por si esto fuera poco, el título del poema nos indica que pretende hablar En nombre de muchos. Nada tiene así de extraño, pues, que, aunque el texto muestre una filiación innegable con la tradición poética culta, también estén presentes en él, en eficaz hibridación, rasgos que lo emparientan con el lenguaje coloquial, con la lengua de todos: a todos quiere llegar.

En efecto, es propósito declarado del poeta apartarse de todo arte esteticista o minoritario. Su poética, antes que elitista, será proselitista (por abusar de un juego de palabras). De ahí que no se limite Blas de Otero a emplear el arsenal expresivo de una tradición culta (con la que, sin duda, también se muestra en deuda), sino que, además, abra sus puertas al aprovechamiento de las posibilidades expresivas de la lengua que está, por así decirlo, al alcance de todos.

Esto lo vamos a comprobar durante todo el poema en múltiples facetas. Por lo que se refiere ahora al ritmo de cantidad, nos parece apropiado señalar una mezcolanza que resulta de la conjunción de esas dos fuentes -culta y popular- en las que el poeta se nutre de recursos.

El poema combina versos endecasílabos y heptasílabos, procedimiento sobradamente sancionado en la poesía culta desde el Renacimiento… Pero no los distribuye de acuerdo con ninguna estrofa convencional. Heptasílabo sólo hay uno, y esta singularidad creemos que sirve como elemento distorsionador, deliberadamente desarmónico, en la línea del tono desgarrado del poema.

El poeta no sólo evita todas las armoniosas combinaciones clásicas de heptasílabos y endecasílbos (lira, estancia…). Rehúsa cualquier homogeneidad absoluta en la medida de los versos de las estrofas, aunque trabaje con un diseño de su propia invención. Una vez rotas las amarras con la métrica clásica, estaba en condiciones de elegir… Y elige subrayar con ese heptasílabo la irregularidad, la aspereza. Recordemos que la irregularidad, la imperfección, tan frecuentes en la poesía popular, no se toleraban en la poesía culta. En definitiva, ese único heptasílabo refuerza el ritmo quebrado del poema, en sintonía con ese grito desgarrado, esa llamada desesperada a la alegría que es el poema.

Claro está que el contraste más acusado en cuanto al ritmo de cantidad, lo representan los tres versos tetradecasílabos que cierran cada una de las estrofas. Es un metro impropio de la poesía culta. A fuer de ser exactos, aunque en romancilios y composiciones análogas hallaríamos algún ejemplo, tampoco es muy frecuente el uso de un verso tan corto en la poesía popular o tradicional. Pero se nos antoja que podemos atribuirle otra peculiaridad que lo une definitivamente a la poesía de tradición popular. f [por lo general, a lo que tenernos por poesía popular se le llama «poesía (de tipo) tradicional» en los estudios de literatura]]

Cierto es que la palabra «alegría» repetida al final de tres estructuras sintácticas, podríamos interpretarla como una epífora; pero siendo, en definitiva, un verso que se repite a final de cada estrofa, ¿no viene a ser como un estribillo?

También la poesía cuita emplea estribillos; sin embargo, su procedencia y su uso más característico, se halla en la poesía tradicional, tal como atestiguan estrofas como el villancico, por poner un ejemplo.

Visto todo esto, queremos llegar a lo siguiente:

El origen del estribillo se encuentra en la primitiva poesía popular de carácter oral y cantado.

Hablando con propiedad, la poesía popular no es que no nazca para ser escrita -al contrario que la culta-, es que nace para ser cantada.

En este tipo de poemas, el estribillo aparece cuando hay dos partes

cantadas distintas. Una, la principal, la que da forma al cuerpo del poema, era la destinada a la voz de un «solista»; la otra, la que se repetía cada cierto número de versos -el estribillo- era la parte destinada a que la cantara el coro: era una poesía para ser cantada entre todos (en el trabajo, en las fiestas y reuniones…). ¿No nos está proponiendo Blas de Otero algo, siquiera sea vagamente, similar? Sus reflexiones en cada trío inicial de versos, ¿no van seguidas, en el último, de una petición implícita de que todos se sumen a su llamada a la alegría, a pesar de todas las miserias vividas en común?

En conclusión, un ritmo de cantidad, original, quebrado e irregular, con alguna referencia a los usos de la poesía de tipo popular. Se pretende expresar con vehemencia el deseo común de superar una triste realidad. Es como si el poeta quisiera erigirse en portavoz del sufrimiento colectivo y corno si, en nombre de todos, reclamara su final. La violencia del tema y la solidaridad del poeta con los demás, justifican, pues, las características que hemos señalado en el ritmo de cantidad.

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