Modelo de Comentario de texto por niveles (11)

Esta entrada es la parte 11 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

En los subapartados finales, como hemos dicho, el paralelismo presta vigor a esa afirmación enérgica de su voluntad, a su deseo.

En los primeros subapartados, la reiteración del paralelismo es la reiteración del mal.

Junto con lo apuntado en el nivel fónico (protagonismo de las consonantes que «encajonan» a las vocales, oscuridad, gravedad y violencia del conjunto de la sonoridad…) y lo que veremos en el semántico, la vuelta del paralelismo, en los primeros subapartados, subraya la persistencia del mal; el hombre, el mundo, la patria aparecen atrapados en él, sin salida, en una especie de círculo cerrado (como las vocales en las sílabas trabadas o cada función sintáctica en su «puesto» dentro del paralelismo).

Las desgracias parecen no acabarse nunca. ¿Basta para ponerles fin con que el poeta lo desee con todas sus fuerzas?

Observemos un poco más de cerca la composición sintáctica del paralelismo -del poema todo- antes de seguir reflexionando.

El esquema sintáctico esencial de las tres estrofas es:

A + B +C+ D

complemento indirecto + modificador oracional + : + complemento directo

O lo que es lo mismo:

A + B +C + D

A) Para{hombre-mundo-patria}

B)+ en nombre de{fe-paz-luz}
C) + :
D) + alegría

El elemento C, lo representamos convencionalmente con los dos puntos (:), pero con él nos referimos a lo que se echa en falta en esta frase modelo, el verbo que debernos suponer elidido:

«En nombre de{fe-paz-luz, }, para {hombre-mundo-patria}
(Deseo, Pido, Reclamo…) alegría.

La estructura superficial -la que vemos- de esta frase, es, por tanto, la de una construcción nominal, sin verbo explícito. ¿Es el verbo lo único que falta? No; también el sujeto -el yo poético- es elíptico.

En definitiva, estamos ante una frase en la que no aparecen los dos constituyentes fundamentales de toda oración: el sujeto y el verbo. Sintaxis incompleta, más elemental, en cierto modo prelógica; el poema es un mensaje no acabado de racionalizar, una exclamación: el grito reclamando la alegría surge de una necesidad tan honda, tan imperiosa, que pasa por encima de los estrictos requisitos gramaticales.

Claro que, considerándolo desde otro punto de vista, la ausencia del verbo principal –pido, deseo, reclamo...- puede ser un indicio de las duras condiciones en las que se formula ese deseo; de la opresión en la que surge y de las dificultades que encuentra para abrirse paso hasta la expresión. Así queda de manifiesto que su condición es todavía frágil; la de algo que esta aún por hacerse realidad y que, por ello, no llega a pronunciarse explícitamente. Esta es una de las razones por las que su expresión no es tan contundente como la de las penalidades previamente descritas.

Esta oración principal sin verbo, nos pone frente a una modalidad enunciativa próxima a la exclamación, como hemos apuntado. Pero es un grito surgido de la desesperación, casi un desahogo sobre ese fondo desolador plasmado en los primeros subapartados. En esos apartados, también hay ausencia de verbos en forma personal (sólo aparecen participios como sepultado, inundado y engangrenado).

Todo el poema, en suma, es predominantemente nominal porque se nos presenta un mundo estancado, sin acciones, aplastado por catástrofes pretéritas: es el paisaje después de una batalla. La Guerra Civil española, en primer término, la II Guerra Mundial y, en definitiva, el mundo entero en periodo de posguerra son los referentes implícitos (y ocultos) del poema.

Y en este mundo sin acciones, la voz del poeta se alza para gritar, sí, pero su grito es apenas un gesto -esa ausencia de verbo y  de sujeto- que tampoco llega a la acción, que silencia la acción que lleva implícita… ¿Grito de deseo o de lamento?; ¿de protesta o de súplica?

Pero sigamos detallando la composición sintáctica del poema. Cada complemento indirecto –Para{hombre-mundo-patria}– está plurimodificado; los sustantivos no aparecen solos, sino cargados de complementos:

hombre: hambreante…   sepultado/ en sed (salobre son de sombra fría)
mundo:
inundado.. engangrenado…

Se ha de subrayar, a propósito de esta gran presencia de complementos del nombre, que la mayoría son adyacentes directos de los sustantivos a los que acompañan. Es decir los sustantivos están unidos directamente a su complemento principal (adjetivo, participio-adjetivo o aposición):

hombre hambreante – salobre son – mundo inundado – patria, árbol...

y, por lo general, si aparecen sintagmas preposicionales en el poema como adyacentes indirectos, es en los complementos de esos complementos del nombre:

(hombre)sepultado/ en sed

(sed) -salobre son de sombra fría

(mundo) inundado lde sangre

[[adyacentes directos: los que van unidos al sustantivo inmediatamente, sin la «mediación» de preposiciones] ]

A este panorama se debe añadir el uso de algunas aposiciones:

v;2: sed –salobre son de sombra fría (son es complemento aposicional de sed)

v;9: patria, árbol arrastrado (todo el sintagma de árbol es aposición de patria)

v;10: ardua España mía ( España, puede ser interpretada como una aposición de patria).

Este uso preferente de adyacentes directos como complementos de los sustantivos clave del poema, destaca las cualidades (adjetivos) sobre la esencia (sustantivos); nos presenta más íntimamente asociadas a la propia esencia del sustantivo las cualidades aludidas por los complementos [[que, como complementos del nombre, equivalen todos a un adjetivo]]. En otras palabras, todo ese sufrimiento expuesto por los complementos se impone como lo que realmente define la condición propia del hombre (o del mundo o de la patria).

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