Comentario de texto por niveles,modelo (9)

Esta entrada es la parte 9 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

Así, en los dos primeros versos, las palabras que, para entendernos, llamaríamos secundarias, están trabadas en torno a hombre y sed. Con alguna ligazón añadida entre ellas, podríamos delinear estas dos series:
hombre, hambreante, sombra, nombre, salobre…
Y:
sepultado, sed, salobre, son, sombra

Del modo análogo podríamos proceder con los versos quinto y sexto, tomando como palabras de referencia a mundo y sangre:

mundo, inundado y sangre, engangrenado, sangre

Lógicamente, ya se habrá advertido que todos estos comentarios se refieren a la primera parte (el subnúcieo «negativo») de cada unidad.
En las segundas partes (las que comienzan por en nombre de…) no se detecta el mismo fenómeno. Entonces, por el contrario, el sonido (ya lo indicamos al hablar del ritmo) fluye con más naturalidad. No está constreñido por tantas repeticiones y desciende drásticamente la presencia de fenómenos (sílabas trabadas, grupos complejos, nasales…) de los que podríamos llamar «oscurizantes» o retardantes. Cierto que podríamos hablar también en estos subnúcleos de armonías vocálicas:
en nombre de la paz que he voceado (todas, vocales abiertas);
pero se trata, en general, de armonías más «luminosas», por la mayor variedad de las combinaciones y por verse las vocales liberadas del severo yugo consonántico, omnipresente en los primeros subnúcleos de cada unidad. Basta, al efecto, comparar el caso anterior con el protagonismo -más monótono y agobiante- de a/e en el verso:

de sangre engangrenado a sangre fría

o el de o/e en:

en sed -salobre son de sombra fría-

En suma, todo apunta en la misma dirección: los segundos subnúcleos, aquellos centrados en la invocación a la alegría, contrastan con los primeros por su musicalidad más armoniosa.
Merece comentario aparte su comienzo con dos sílabas trabadas por
nasal:
eN noMbre…
Estamos todavía en una fase de transición; es la frontera de separación con la sonoridad más fuerte del subnúcieo anterior. El resto del verso y el tetrasílabo subsiguiente van a fluir con mucha más delicadeza, pero en esas dos primeras sílabas, todavía rotundas, vemos descargar la contundencia que el poeta quiere imprimir a su anhelo de cambio.
A lo violencia de lo sucedido, el poeta parece responder también con violencia… Aunque esta violencia sólo quepa traducirla corno la vehemencia de sus buenas intenciones. Los mismos rasgos fónicos que antes secundaban la exposición de las calamidades, ahora -sugiriendo la misma fuerza- inician con firmeza la apertura a la esperanza; como si el poeta les diese un portazo a los malos presente y pasados… Y como si con ello bastara para superarlos.
Todo concluye en la palabra más grácil del poema, la más ligera por su apretada variedad vocálica, por sus consonantes líquidas (l-r) , por el hiato final que prolonga la última secuencia vocálica: alegría
Para finalizar con estos aspectos, diremos que el poema está dominado por las vocales abiertas. Pero, como acabamos de ver, hay que distinguir entre dos tipos de consecuencias de su empleo insistente.
Las vocales abiertas son más graves y se pronuncian empleando un lapso mayor de tiempo. En los subnúcleos negativos operan estos atributos fónicos sumándose a la profusión de consonantes para alargar y ensombrecer el verso (pues el tono se hace más bajo, más grave).
Por contra, en los subnúcleos positivos, adquieren más peso específico («se escuchan más»), por la menor presencia de consonantes. Por ello, la duración (en el tiempo -referencia al pasado-) se transforma en amplitud (en la imaginación -proyección hacia el futuro-), pues, al aligerarse el lastre consonántico, imponen en el verso su otra cualidad: la claridad. Colaboran, de esta suerte, en esa apertura a la esperanza que quieren transmitir los dos últimos versos de cada estrofa.
.[[Convencionalmente, el simbolismo fónico de las vocales se ve así:
A,clara, tersa, nítida, alegre; E, otro tanto; I, lo mismo, pero en menor medida, y, además, se le atribuye carácter incisivo, punzante, nervioso… Aunque también, alegría.
En cambio, a la U se le atribuye oscuridad, zozobra, agobio, malestar…
La O también se considera oscura, pero, en realidad, esto depende del contexto. Si se combina con vocales abiertas, como en este poema, contribuye a la sensación de claridad del conjunto.
Por descontado, todo esto es apenas un punto de partida, muy relativo, además, y hay que ver sobre el terreno las combinaciones que se dan y su efecto.
En cualquier caso, el simbolismo fónico que el poeta sea capaz de darle a una vocal quedará más marcado -y habrá que tenerlo más en cuenta- cuando la vocal sea tónica dentro del verso]]

En cuanto a las vocales débiles, son claramente minoritarias en el poema. Pero, por ello mismo, por contraste, se puede destacar el incisivo papel de la /i/ tónica de los tetradecasílabos y el papel especial que parecen jugar en la última estrofa. En esta, la centrada en España, su presencia es más acusada, como si el poeta quisiera darle un tono más hiriente a la parte que se refiere al término más concreto de los tres (hombre, mundo, patria) a los que alude.
Quizá, como hemos indicado ya, es la herida abierta en la España de la época, el punto de partida de este texto y el destinatario más directo de su reflexión poética.

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