Modelo de Comentario de texto por niveles (18)

Esta entrada es la parte 18 de 34 del curso Modelo de comentario de texto por niveles

Analicemos las acciones en este poema. ¿Dónde están? Ocultas casi por completo. Unas, todavía por realizar: las ilusiones del poeta; otras están sepultadas, cegadas en la memoria del yo poético -¿y en la colectiva?- : el pasado del pasado, lo que explica este presente. ¿Se debe ir hacia el futuro dando por muerto ese pasado, suponiendo que el futuro, como el presente, no desciende de aquél?
Vemos, en este sentido y por lo que se refiere al significado de los verbos, que la forma verbal con más contenido de acción, he conquistado, se refiere a una «acción» moral que tiene lugar sólo dentro del yo poético. Ese verbo tiene en el poema un sentido metafórico; la conquista es metafórica: el poeta, en lucha consigo mismo o contra la contundente evidencia de esa realidad atroz, ha logrado llegar hasta la fe.
Pero esa «conquista» no es sólo figurada; se trata, además, de una «acción» que lleva al poeta a confiar en otra acción exterior a él. Deposita su «fe»en que otra acción, no salida de sus manos, suceda. De momento ahí afuera todo permanece quieto, sólo dentro de su alma se ha producido ese movimiento que le lleva a esperar un movimiento en el exterior…
En cuanto a he voceado, es un verbo cuya «acción» habla de la paz, que es la que realmente sería una acción. No habla de una acción con la que él haya conseguido la paz, sino de un gesto con el que él reclama o proclama la paz. Anuncia una acción por venir o, en cualquier caso, una acción que ocurre más allá del yo poético, y es independiente de él, salvo que entendamos, también, que el hecho de que él la proclame o la reclame basta para que suceda.
Cabría preguntase también, por el significado concreto de paz. Ya señalamos que viene modificado por la subordinada adjetiva que he voceado. El poeta podría, al «vocear», divulgar una paz que ha llegado, reclamar una paz que aún no ha llegado o anunciar una paz que está a punto de llegar…
El significado del verbo «vocear» se prestaría a todas estas interpretaciones. La descripción que se nos hace del presente nos llevaría a pensar que la paz aún no se ha producido, salvo por esa «luz»  que alborea en la última estrofa.
Como el poema no explica cómo y por qué se rompió esa paz, no sabemos exactamente de qué paz está hablando. ¿Pide a las gentes que dejen de enfrentarse o de odiarse? ¿Les pide que se resignen a una paz basada en el olvido de los males pasados y presentes y que piensen solamente en la «alegría»? ¿Les pide que perdonen y se reconcilien?
Como el poema no es explícito en cuanto a los orígenes del mal, como no los tiene en cuenta, debemos suponer que, efectivamente, se está sugiriendo que hay que olvidar el pasado y el presente, por duros que hayan sido, y volver la vista con esperanza sólo hacia el futuro. O que el futuro vienen con tanta fuerza que demolerá las condiciones que hicieron posible ese pasado y este presente.

Una luz, inexplicada, ha alboreado en la última estrofa. Tanto ese verbo como luz, son metáforas. Su origen cabe verlo en el seno de una alegoría que incluye a la patria convertida en árbol arrastrado sobre los ríos. Una tormenta ssacuidó a la patria y ahora, como sugeríamos más arriba, tras la tempestad vendrá la calma.
Por tanto, en este último pretérito perfecto, ha alboreado no interviene hombre alguno (como ya apuntamos en su momento, propiamente, no tiene ni agente) .
Podría ironizarse diciendo que la verdadera acción del texto, el verdadero acontecimiento -el cambio de signo de los tiempos- cae del cielo como un maná divino. Tras la tormenta de la historia escampa y los hombres pueden volver a salir de sus cuevas y ponerse a diseñar planes de enseñanza que nos lleven de nuevo a la matanza: no hay memoria de cómo se llegó a ese presente monstruoso, el pasado es pre-histórico: no aparece explicado racionalmente… Sin esa memoria ¿qué futuro les espera realmente?
Esa «luz», en la que debería apoyarse todo el poema, es, precisamente, lo más injustificado del poema. Sobreviene como una fatalidad. Donde deberíamos esperar una acción humana -como en el campo semántico de he conquistado o he voceado-, nos topamos con el campo semántico de los fenómenos o catástrofes naturales, contra las cuales el hombre nada puede hacer: no es responsable, además, de ellas. Una vez pasado lo peor, el hombre sólo tiene que levantar la cabeza, como ha hecho el poeta,y todo llegará por sí solo: se hará la luz, porque sí.
En otras palabras el hecho decisivo, el determinante del hipotético cambio no está en manos del poeta ni en la de los hombres en general, sino que es un hecho inopinado que se desprende de la pura inercia del destino, de la lógica ciega del mundo.
De este modo, por detrás del poema se dibuja peligrosamente un ominoso escenario en el que el hombre -sin responsabilidad decisiva por su parte- queda a merced de un destino que no puede gobernar y por el que no debe, pues, sentirse culpable. Pero, cuidado, por esa misma fatalidad  «meteorológica» puede volver a haber tormenta… ¿Qué clase de mensaje esperanzado es, pues, el que nos ofrece aquí Blas de Otero? ¿Qué esperanza recortada sobre un fondo fatalista es esta?

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