Lección 23 Comentario de textos de poesía del Siglo de Oro

CURSO DE COMENTARIO DE TEXTOS DE POESÍA DE LA EDAD DE ORO

Lección 23

Tradicion

13.- NIVEL DE ANÁLISIS TEXTUAL

 

 

Al hablar del concepto de poesía que introduce el Renacimiento hemos comentado que se contempla como  un  producto racional y como tal aspira a ser perfecto y se elabora y justifica racionalmente. Hablemos en esta lección  de alguna de las consecuencias de este hecho, a la hora de enfocar el análisis de esta poesía desde una perspectiva textual.

Una obra de arte debía ser un objeto perfecto y para ello debía tener como principal característica la unidad compositiva. Esa era la mejor prueba de que había sido construida racionalmente; es decir, de acuerdo con las leyes racionales del arte, la Poética.

Esa unidad sería el resultado de la perfecta conjunción entre todos los elementos de la obra en sus diferentes niveles. Se muestran conscientes de concebir la obra de arte como un organismo integrado por componentes -más que por partes- que se relacionan armónicamente mediante funciones y recurrencias. Desde el principio, desde el Renacimiento, el reto de cada poeta fue lograr la combinación más armoniosa e intensa.
Cuantos más elementos se sometiesen a la unidad de propósito del poema, mejor sería el poema.
El análisis de las aliteraciones en Garcilaso, apabulla; acompañan al significado hasta extremos asombrosos. El poeta trabajó con mucha minuciosidad todos los niveles compositivos y se esforzó por imprimir en todos ellos el sentido del poema, su propósito unitario como texto.
Tomaremos el socorrido ejemplo de los versos:

En el silencio sólo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba
.

El significado de la expresión ya nos informa  de que era un sitio muy tranquilo. Pero, además, las aliteración de la s , en este contexto semántico  [compruébese lo diferente que es el «efecto» de la aliteración en «el sapo que viscosamente liso/las redes burlar quiso]  produce una sonoridad que se percibe como positiva, relajante. No es el único elemento que está orientado de la misma forma: el ritmo pausado, y apenas diferente en el primer acento, de los versos, el lento arranque del verso inicial con su primer acento métrico en la cuarta sílaba…
El texto, en definitiva ha sido proyectado  y en detalle, como si de una obra arquitectónica se tratase, dominado por una unidad firme en la que todos los componentes pueden ser multifuncionales, pero en cada una de esas funciones actuarán gobernados por el mismo principio de unidad compositiva y de sentido.

Los temas,  con bastante frecuencia -pero no siempre y menos en el Baroco-, son tópicos o reelaboraciones de tópicos que se abordan, además, siguiendo los ejemplos y enseñanzas de los maestros.
De manera que la composición textual está también marcada desde el principio por la relación de estos autores con una tradición voluntariamente elegida.
La organización textual de esos temas responde, en buena parte, a la emulación de modelos de organización textual.
Por esta razón podemos identificar en esta poesía diversas estrategias organizativas que se repiten con más o menos variantes. En el caso de poemas de un reducido número de versos, como el soneto, se repiten de un modo más evidente una serie de modelos de distribución textual con alguno de los cuales podemos identificar a la mayoría de los poemas.

Además, esos temas los ilustra el escritor, de acuerdo con su poética, con mitos  y metáforas recibidos de esa tradición. Esos mitos, y metáforas incluyen contenidos pre-formados que presentan diversos aspectos relacionados -o relacionables- con esos temas.
Los mismos mitos y los mismos temas se repiten durante décadas de un autor a otro y se convierten, así, en claves semánticas que modulan el contenido de los poemas con connotaciones o asociaciones semánticas asociadas de modo estable -a veces, mecánico- con ellos.

Muchas veces, los temas y tópicos clásicos, como indicábamos, vienen acompañados por modelos de tratamiento estructural o compositivo y los poetas suelen reproducir o reelaborar esos modelos.
Así que es frecuente, como decíamos, encontrarse con estructuras organizativas similares, en especial, como señalábamos, en poemas de reducida extensión, pero también   en poemas dedicados a temas de gran raigambre dentro de esta tradición poética.
El tema del Carpe diem tiene un formato pre-establecido por la tradición: los cuartetos se ocupan del presente amenazado y los tercetos muestran la amenaza.  La organización textual de un soneto dedicado a este tema no obedecerá sólo a la creatividad del poeta sino también a las pautas marcadas por una tradición de la que él se siente parte.

En este sentido se podría decir, un poco al margen que el poeta renacentista, significa «con todos», su voz nunca clama sola. Hay algo de reverencial o ritual en esa concepción de la poesía como un trabajo colectivo al que, a lo largo de los siglos muchos artistas, han ido añadiendo nuevos hitos que enriquecen continuamente a la comunidad.

Y hay también un «gran texto» único, del que todos estos poemas hablan, del que forman parte y en el que encontramos  una explicación  a su esfuerzo por diseñar sólidamente la estructura del poema. Esta poesía cuyos elementos están tan firmemente cohesionados y en la que la racionalidad domina, incluso estrictamente, las pautas compositivas  forma parte de una visión armónica del mundo. La belleza y cohesión  de la poesía es un reflejo de la perfección última del mundo mismo.
Es decir, estos poemas suelen estar organizados de forma muy elaborada y muy marcada. Muestran  un trabajo racional sobre la poesía.
Los diferentes subtemas están bien delimitados conceptualmente, los campos semánticos que interrelacionan en el poema están bien perfilados, hay una clara división entre las partes del texto.
Un elemento clave de ese resultado es una cuidada organización sintáctica que acompaña muy bien al movimiento de pensamiento que configura el sentido del poema.
Apoyándose en ella,  todos los elementos de coherencia y cohesión -la modalidad oracional, las variaciones verbales de tiempo o modo, los deícticos, los conectores- acostumbran a ser elementos de apoyo clave para marcar el distinto peso de cada componente textual y la articulación de los diferentes matices del sentido.

A medio camino entre la razón y lo suprarracional, el arte es una manifestación del poder humano y de su ser más profundo. El arte es uno de los exponentes de la capacidad del ser humano para captar una realidad más allá de la material. A través de él, algo en el hombre que tampoco es material, su dimensión espiritual y emocional, su alma, su espíritu,  conecta con esa realidad superior e ideal de la que hablaba Platón.

En este sentido, el arte juega un papel similar al de amor, pues el amor también proviene de la parte sensible y espiritual del hombre; la que lo hace partícipe de la realidad eterna de lo espiritual.
Con el amor, el hombre alcanza su más alta y noble condición, la más específicamente humana. El amor pone al enamorado/poeta ante la existencia de una realidad superior que es la que anuncia también el arte con sus armonías subyugadoras. Siguiendo las escalas platónicas, a través del arte y del amor  nuestra alma, casi de modo místico, conecta con esa realidad espiritual.
Los sentimientos quedan ahí para siempre. Los poemas dan la inmortalidad y, al mismo tiempo, una realidad material a lo ideal; a las emociones, sensaciones y sentimientos que en el ser humano son la manifestación y la prueba de la existencia de lo ideal. El poema es la fijación racional del sentimiento.  Es el sentimiento hecho arte.

Estos tres elementos, arte, razón y sentimiento, se combinan de diferente manera en cada autor, dando lugar, unas veces a poemas y poetas meramente retóricos, demasiado fríos y analíticos y, otras veces, a poemas y poetas  de gran sensibilidad.

De manera que no sólo la elaboración del poema debía seguir un proceso racional metódico, sino que el propio poema debía presentar este aspecto tanto en su estructuración coherente como en el despliegue de la sentencia o tema que le da razón de ser.

Por todo ello muchas veces, estos poemas  adoptan  la forma de un razonamiento poético. La sentencia debía ser autoexplicativa, el poema con sus formas armoniosas es su demostración.

Sí, la estructura semántica de estos poemas suele ser la de una afirmación y su demostración. La demostración  puede llevarse a cabo en el poema con diversos procedimientos de coherencia como: causalidad (causa-consecuencia), comparaciones, alegorías, temporalidad (presente-pasado), acumulación de ejemplos, reiteración de la misma idea, adición, alternativa, orden o progresión, restricción (pero, sin embargo)… Pero en definitiva, el poema suele adoptar la forma de una argumentación. Los sentimientos se visten de racionalidad para quedar fijados en el arte

Pero, cuidado, que lo que el poeta despliega en el poema no es una lógica científica, sino la lógica poética, la lógica de las leyes del arte mediante la cual puede reflejarse la lógica de las emociones (misteriosa razón del sentimiento, leemos en un  verso del Conde de Villamediana) pues ambos, poesía y sentimientos son de la misma naturaleza: ideal, espiritual. Ambas habitan en la dimensión más noble del ser humano.

Así, pues, los sentimientos encuentran en la poesía un molde racionalizador. Pero como los sentimientos son por definición irracionales o suprarracionales, en la mejor poesía de este tipo, ya sea amorosa o metafísica, el resultado es la frustración, el dolor, la angustia.
Al final, el poema -el gran poema- de esta época, siempre habla de la impotencia de la razón para entender el mundo o el amor y del estremecimiento que ello produce en el alma o en el corazón. Ese estremecimiento queda expresado de modo más intento atrapado en las redes pseudo-lógicas  del poema.

Milagros en quien sólo están de asiento
alta deidad y ser esclarecido;
resplandeciente norte que ha seguido
la imaginaria luz del pensamiento

a cuyo vario y libre movimiento
del vivir y morir se tiene olvido;
éxtasis puros del mejor sentido;
misteriosa razón del sentimiento;

 ejecutiva luz que al punto ciega;
noble crédito al alma más perdida

donde son premios muertes y despojos;

 Oriente a quien la noche nunca llega;
cierta muerte hallara en vos mi vida:
a ser morir, morir por esos ojos.

Este sustrato racionalizador de la poesía, en el Barroco será el punto de apoyo del culteranismo y del conceptismo. En ocasiones, se deformará hasta degenerar en meros juegos retóricos en ocasiones.

Por tanto, lo que esta poesía busca fijar racionalmente es … el sentimiento, las emociones, las sensaciones. El arte, con sus leyes racionales, es capaz de inmortalizar las emociones de hacerlas durar para siempre. El arte tiene una naturaleza mixta entre lo material y lo espiritual, entre lo racional y lo suprarracional. Es un anticipo, una concreción material de la eternidad de  lo espiritual.

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