Lección 13 Comentario de textos de poesía del Siglo de Oro

CURSO DE COMENTARIO DE TEXTOS DE POESÍA DE LA EDAD DE ORO

Lección 13

 

10.- EL DOLORIDO SENTIR: AUTENTICIDAD Y FORMALISMO EN LA POÉTICA CLÁSICISTA.

 

10.1.- La paradoja del arte «natural».

     Las gentes del Renacimiento eran conscientes de estar viviendo un momento clave en el que la civilazión occidental podía lograr un gran impulso. En la tesitura de dar ese salto hacia adelante, a los renacentistas les pareció una buena idea, no intentar darlo partiendo de cero, sino tomando un atajo para llegar antes a otra época de esplendor. Ese «atajo» consistió en seguir los pasos de quienes, con anterioridad, habían llevado la civilización a su máximo exponente de desarrollo: los griegos y los romanos.

     En literatura, el atajo consiste en apoyarse en las norma clásicas respecto el arte y en las propias obras de los clásicos.
Pero nosotros, para no pecar de ingenuidad, hemos de ver que los renacentistas eran conscientes del carácter artificial de todo esto. La manera de escribir renacentista era precisamente eso, una «manera», un «estilo» bien definido, con sus temas, sus tópicos, su imaginería, sus recursos característicos… El poeta debe «trasladarse» a otro lenguaje. En el caso de Boscà y Garcilaso, los pioneros, vemos claro ese traslado de un código poético  otro. Abandonan el modo castellano de golpe y comienzan  a escribir «de otra manera», con otro estilo, otros recursos, etc.

     Quiere esto decir que los poetas renacentistas eran muy conscientes del carácter artificioso de lo que hacían. Sin embargo, no veían esto como negativo, porque el artificio requería elaboración racional, y precisamente ese era el concepto de arte que defendían.
Hablan siempre de que el arte debe ser natural. Pero es que en el caso del hombre, lo natural (cfr, supra) es ser racional, y por tanto el arte natural debe ser un arte elaborado, artificioso, y no espontáneo y sencillo, contra lo que pudiera parecer a simple vista.

 

     Por la misma razón, eran muy conscientes del carácter de «instrumento» del lenguaje. Garcilaso en 1526 pasó súbitamente de hacer poesía de un modo a hacerla de otro muy distinto. Muchos poetas renacentistas y barrocos lo mismo escribían poesía clasicista que poesía de tipo tradicional (con lenguaje, estilo y hasta estrofas diferentes). Un mismo poeta podía escribir en estilo elevado (con un léxico, un sintaxis, unos temas) o en estilo medio o en estilo bajo (con otros léxico, otros temas, etc).

Esto los llevaba a ser muy conscientes de que una cosa era el estilo, la forma, y otra el contenido. Manejar distintos estilos les llevaba a comprender el concepto de estilo o de forma literaria, como un concepto independiente.


Algunos autores concederán más importancia al cuidado del estilo, que al contenido. Así llegaremos a Góngora, quien persigue la belleza por la belleza con una poesía de carácter estetizante que, en su expresión más radical, no busca transmitir ninguna emoción  salvo la emoción de la belleza poética misma.
Otros autores, no demasiado inspirados, que no viven el arte como una experiencia radical, sino como una ocupación de hombres dignos o cultos, entenderán de una manera chata el arte clasicista. Lo verán como una simple combinación de reglas, algo más o menos mecánico que a cualquiera con la cultura suficiente le puede salir bien: es la postura de los malos poetas de esta época y la postura del neoclasicismo dieciochesco.

El formalismo era una posibilidad siempre latente en la poética clasicista debido a su dosis de artificiosidad. Siempre existía la posibilidad de que alguien cediese a la tentación de darle más importancia al artificio que al contenido (olvidando el principio clásico fundamental de la finalidad útil del arte. De hecho hubo poetas clásicos, entre los griegos y los romanos, que fueron estétecistas

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