Lección 8 Comentario de textos de poesía del Siglo de Oro

CURSO DE COMENTARIO DE TEXTOS DE POESÍA DE LA EDAD DE ORO

Lección 8


6.- TRADICIÓN Y ORIGINALIDAD: EL CONCEPTO DE IMITATIO

6.1.- La imitatio en el contexto cultural del Renacimiento

     Nunca se podrá resaltar debidamente la importancia de este aspecto del Renacimiento y -con sus particularidades-en el Barroco.
La perspectiva historicista adoptada por los renacentistas hace posible la diferenciación, clara, consciente entre el pasado y el presente. Se reconoce la diversidad y la singularidad propias del pasado y, al mismo tiempo, comparativamente, las propias del tiempo
  presente. El descubrimiento de la perspectiva histórica les lleva a estudiar a los clásicos.
Estudiar cómo fueron los clásicos les ayuda a conocerse a ellos mismos y les orientará sobre cómo llegar al menos a su altura. En efecto, una vez se reconocen como distintos, la admiración por el mundo clásico les conduce a buscar en él las normas, los procedimientos para progresar, para conseguir que el hombre «renazca» de las sombras de la Edad Media e intente recuperar los valores que el mundo clásico hizo grandes. El hombre renacentista aspira a recuperar la dignidad del hombre clásico. Por ello en todos los terrenos (derecho, arquitectura, artes, literatura) el Renacimiento intentará establecer cuáles fueron las normas y criterios que aplicaron los clásicos para, a partir de ellas, intentar el «renacer» de todas esas actividades.

     En literatura esto se traduce en un principio, fundamental para el arte de esta época -y para la barroca y la neoclásica-, el principio de la IMITATIO.

 

6.2.-  El concepto de originalidad a lo largo de la historia del arte.

     Es fama que en literatura «lo que no es tradición, es plagio». Es una frase hermosa y profunda. Aunque a nosotros, gente del siglo XXI, nos resulte inverosímil, no siempre la originalidad se ha considerado un mérito (y un mérito imprescindible) en un artista. Es más, nuestro concepto de originalidad existe desde hace relativamente poco: es un invento románico.

     En otras épocas artísticas (Edad Media, Renacimiento, Neoclasicismo…) la originalidad no se ha considerado un requisito tan primordial en un artista. Todavía más: se veía como un defecto. El escritor que hubiese intentado ser original a ultranza hubiera sido considerado un desquiciado.

     El Renacimiento (y también el Barroco con importantes matices) es una de estas épocas. Ellos son fieles a la teoría clásica de la imitatio. Para ser buen escritor era imprescindible «imitar» a los clásicos; es decir, los grandes escritores debían ser tomados como maestros, como modelos.

     El escritor no debía partir de la nada, sino que debía apoyarse en la tradición, sumergirse en ella, impregnarse de ella. La «imitatio» no tiene nada que ver con la copia o el plagio, contra lo que a nosotros pudiera parecernos hoy. Al contrario, hemos de enfocarla adecuada y positivamente. Debemos ver en ella una noble lección de humildad y de grandeza por parte de los renacentistas.

 

6.3.- Características de la imitatio.

      Escritores clásicos como Horacio o Séneca habían defendido teóricamente la imitatio. Esta debía ser «mixta» o «compuesta». Séneca lo explica con la alegoría de la abeja que va de flor en flor tomando lo mejor de cada una para libar su propio néctar. Así debía proceder el poeta, tomando lo mejor de los grandes maestros de la tradición clasicista (los propios clásicos greco-latinos y los italianos que, como Petrarca, habían pasado a ser también «clásicos»).

     Por otro lado la imitatio se refería tanto a los temas como a las formas y el estilo. En todo se debía aprender de los modelos y en todo se debía partir de lo que ellos habían hecho para intentar encontrar –con la ayuda de esa palanca multiplicadora  de la propia capacidad que era esa tradición- la propia voz, la expresión propia.

     Esta es la razón de que durante varios siglos -Renacimiento, Barroco y Neoclasicismo- exista ese innegable «aire de familia», tanta homogeneidad en los temas, metáforas y procedimientos estilísticos en general, entre los poetas de toda Europa. Y qué duda cabe de que este es uno de los aspectos que justifican que hasta hoy la cultura occidental sea un bloque claramente definido en el conjunto universal.

     Con nuestros prejuicios de origen romántico, nosotros no hemos de ver en esto un impedimento para que el escritor se exprese con su propia personalidad. Los renacentistas pensaban justamente lo contrario.

 

6.4.- La imitatio como principio racionalizador y creador.

     Si uno quería expresar su yo, debía apoyarse para ello en lo que otros antes habían escrito. Si el poeta quiere expresar el dolor de los celos, a él solito no se le va a ocurrir de la noche a la mañana todo lo que haya que decir sobre ese tema. Leyendo lo que los clásicos han escrito al respecto, encontrará primero el camino a seguir, y luego, el reto a vencer: superarlos; expresar ese tema con más profundidad, con más sutileza, con metáforas mejor logradas, con un musicalidad más sugerente… Si uno se enfrenta solo a la hoja en blanco, partiendo de cero, con toda seguridad lo que escriba habrá sido escrito ya antes mucho mejor. La tradición no es una cortapisa para el escritor, sino un estímulo. Una persona sola tiene un número limitado de recursos expresivos. En la tradición hay muchos escritores geniales que han ido formando un tesoro común repleto de recursos expresivos, que, además, (en sus obras) ya han probado su eficacia.

     Como vemos, la lógica de estos escritores es tan sólida como podamos creer nosotros que lo es la nuestra.

     Si un poeta quiere describir un paisaje, puede partir de cero, pero, sin duda, su situación de salida será mejor si parte de cómo describió paisajes Virgilio. El poeta podrá mejorar a Virgilio, pero sólo si tiene en cuenta lo que hizo Virgilio, lo que él ya logró. O sea, sólo si no le da la espalda a la tradición sino que se apoya en ella para avanzar. Porque la imitatio no pretendía impedir la evolución del arte, sino asegurar su avance ininterrumpido.

    

     La verdad viene a ser que, en el fondo, se consideraba que el arte de un escritor tendrá mérito cuando en algún sentido vaya más allá de los maestros, CUANDO EN ALGÚN SENTIDO APORTE ALGO NUEVO A ESA TRADICIÓN. Y por eso pudo ser fecundo, y no empobrecedor, este concepto de la imitatio en tanto autores a lo largo de tantas épocas artísticas. Porque no era un principio castrador de la posible originalidad, sino un principio encauzador, racionalizador de la misma. El arte debía evolucionar pero siguiendo unos principios racionales (las llamadas «reglas», una de ellas, la imitatio) fruto de la reflexión de muchos escritores y de los propios aspirantes.

 

 

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