Lección 24 Comentario de textos de poesía del Siglo de Oro

CURSO DE COMENTARIO DE TEXTOS DE POESÍA DE LA EDAD DE ORO

Lección 24

 

13.1.- NIVEL DE ANÁLISIS TEXTUAL (II)

La primacía de la unidad en el poema se manifiesta, en primer lugar, en la unidad temática. Es conocido que los sonetos debían obedecer el principio de contener sólo un «concepto»; simplificando, sólo una «idea». Pero, bien mirado, esta afirmación de los tratadistas del soneto, constituía sólo otra manifestación de ese principio de composición orgánica que presidía este arte. Por lo que podemos concluir, como hemos ido anticipando,  que la unidad de «concepto» gobernaba cualquier tipo de composición, no sólo los sonetos.

Por otro lado, como sabemos, la unidad  temática  y la coherencia semántica de un texto se manifiesta fundamentalmente en la recurrencia léxica y semántica.
Pues bien, la tradición proporciona a estos poetas elementos tipificados que veremos aparecer con frecuencia como miembros de recurrencias léxicas (repeticiones, palabras derivadas,) o de recurrencias semánticas: sinónimos, antónimos, hiperónimos, reiteración de significados rectos o trasladados: metáforas, alegorías, epítetos, valores denotativos o connotativos de las palabras… Para todas estas ocasiones, el poeta contaba siempre con la posibilidad de elegir elementos tomados de la tradición recibida: de la mitología, de la imaginería petrarquista….

Y esto se repetirá en todos los niveles, también en el campo la cohesión: reiteraciones morfosintácticas,  esquemas sintácticos y rítmicos (hipérbatos, paralelismos…), determinadas entonaciones y modalidades oracionales, marcas que señalan a los interlocutores que intervienen en la conversación ( vocativos…).

  En un segundo escalón de análisis, la unidad textual, la firme cooperación significativa entre sus componentes contagiaba la unidad de sentido a la integración estructural. Las partes no podían  resultar disonantes del todo, sino que debían ser expresiones parciales del mismo armoniosamente integradas en él.
El poeta, por ejemplo, habla del pasado y del presente, de otro personaje y de él mismo, del amor y de los celos, de la vida y de la muerte…, y, si los presenta como perfectos opuestos, tal vez una estructura adecuada del texto sea una división en dos partes, cada una dedicada a uno de los elementos enfrentados.
En este momento de la composición,  el poeta, una vez más, cuenta con la ventaja de que sus modelos ya le ofrecen un repertorio probado y exitoso de fórmulas estructurales.

La progresión temática suele estar diseñada con gran celo y la organización de la información, calculada buscando la máxima eficacia expresiva y siempre contando con el ejemplo de los modelos.
El orden jerárquico entre los temas  esta marcado con precisión por diferentes elementos (isotopías y recurrencias en general, entre otros).

Cuanto  hemos expuesto determinaba que, en el momento de prepararse para a escribir, un poeta tenía a su disposición un amplio y detallado  repertorio de técnicas y  de herramientas. Y de ejemplos y modelos. Los modelos -y con ellos los maestros-, se podría decir que formaban parte del instrumental del artista.

Para ser buen poeta había que imitar (que no copiar) los temas tratados por los maestros.
Había que emplear los versos (heptasílabos y endecasílabos) y las estrofas (soneto, lira, estancia, octava real…) sancionados por la tradición.
Había que imitar su modo de estructurar un poema y distribuir el contenido a lo largo del mismo; la manera de repartir las tensiones o  concentrar el interés, las estrategias textuales que contribuyen a modular el sentido del poema, el punto de vista del  autor sobre el significado de su texto, su actitud ante lo que enuncia.
Había que recrear los tópicos esenciales de los clásicos relativos a la condición humana (Carpe diem, Beatus ille…) para darles una nueva expresión en la voz propia.
Para sacarle el mejor partido a las propias capacidades imaginativas, para llevarlas a su más alta y elaborada expresión, había que utilizar como referente alegórico y metafórico la misma mitología clásica de la que los maestros tanto partido habían sacado.

Tópicos, mitos y modelos imponen ciertas condiciones a priori a la organización del texto tanto en los poemas del Renacimiento como en los del Barroco.
Tópicos, mitos y modelos que recogían y analizaban numerosos tratados y manuales de poética de estos siglos. Los poetas organizan el contenido a lo largo del texto siguiendo modelos que han demostrado ser exitosos. Siguiendo modelos, no limitándose a copiarlos.

Por todas las razones y a través de todas las vías que hemos ido viendo, en consecuencia, nos encontramos en esta poesía una serie de  tipos estructurales que se repiten, en gran medida, porque forman arte de la tradición poética en a que se reconoce el poeta y también porque buena parte de ellos son los modelos de organización textual más lógicos, de acuerdo con las características métricas del poema de que se trate.
Podemos ver repetidos esquemas como estos: poemas breves estructurados claramente en dos partes opuestas (cuartetos/tercetos, en el caso de los sonetos); poemas que concentran su significado al final; poemas con estructuras anticlimática (más frecuentes en el Renacimiento); poemas con una disposición paralelistica, sin avance temático…

 

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