Lección 7 Comentario de textos de poesía del Siglo de Oro

CURSO DE COMENTARIO DE TEXTOS DE POESÍA DE LA EDAD DE ORO

Lección 7


5.- LA NUEVA LITERATURA

 

5.1.- El panorama literario a principios del XVI.


Como ya hemos explicado con más detalle, a principios del XVI convivían una vertiente de poesía culta, la cortesana, y una vertiente de poesía de tipo tradicional. La nueva poesía renacentista desplazará a la cortesana en el terreno de la vertiente culta, pero la vertiente tradicional seguirá su curso y llegará hasta el Barroco y mucho más allá.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que cuando la nueva poesía llega a España, ya se ha visto enriquecida por las aportaciones de los primeros renacentistas italianos. De manera que, además de los greco-latinos, los poetas renacentistas italianos serán tomados como maestros y modelos por los renacentistas españoles, en especial Petrarca y los petrarquistas (del mismo modo que luego Garcilaso y los renacentistas españoles serán modelos para los escritores barrocos europeos). La tradición clasicista es una tradición abierta, susceptible de ser mejorada por sucesivas contribuciones, y, de hecho, así ha mantenido -con altibajos- su influencia en la cultura occidental hasta llegar hasta nuestros días.

 

5.2.- La anécdota que desencadena la revolución


Como hemos dicho, el Renacimiento comienza en Italia y desde ahí se difunde de manera lenta por toda Europa de un modo desigual en el tiempo. También en España puede decirse que hubo una fase pre-renacentista caracterizada por intentos fallidos de aclimatar con éxito las novedades que llegaban de Italia. Precisamente uno de esos intentos fue obra del tío abuelo de Garcilaso, Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, con sus Sonetos fechos al itálico modo (en torno a 1450). Pero, curiosamente, resulta que podemos precisar en qué momento exacto y de qué forma se introdujo la literatura renacentista en España, ya para triunfar.
En efecto, lo sabemos porque conervamos una carta escrita por Joan Boscà a la duquesa de Soma contándole el caso:

 

«…Porque estando un día en Granada con el Navagero(…) tratando con él en cosas de ingenio y de letras (…), me dijo por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia, y no solamente me lo dijo así livianamente, mas aun me rogó que lo hiciese. Partíme pocos días después para mi casa, y con la largueza y soledad del camino discurriendo por diversas cosas, fui a dar muchas veces en lo que él me había dicho. Y así comencé a tentar este género de verso en el cual al principio hallé alguna dificultad por ser muy artificioso y tener muchas particularidades diferentes del nuestro (…). Mas esto no bastara a hacerme pasar muy adelante si Garcilaso con su juicio (…) no me confirmara en esta mi demanda…»


Esto ocurrió en 1526 en Granada. Carlos I se casaba con la princesa de Portugal. Celebró las bodas en Sevilla y las tornabodas en Granada (ambas duraron varios días). A la boda acudieron personalidades de toda Europa, entre ellas, el prestigioso poeta y humanista Andrea Navagero en su calidad de embajador de Venecia. En una conversación en aquellas fiestas se fraguó, pues, la revolución. (por cierto que también en esa boda tuvo lugar otro hecho no menos trascendente: una de las damas de compañía que la princesa portuguesa se trajo de Portugal fue Isabel Freire, la musa de Garcilaso que conoció también en tal evento).

 

5.3.- Trascendencia de la revolución literaria.


Por lo que acabamos de ver, 1526 es una fecha clave en la literatura castellana: de ahí saldrá su primer clásico, su clásico por antonomasia -Garcilaso- y de ahí arrancará una tradición poética, un código poético en el que durante siglo y medio escribirá toda una serie irrepetible de grandes genios literarios: Góngora, Lope de Vega, Quevedo, el Conde de Villamediana…
Si observamos el panorama literario que habíamos descrito, comprenderemos que la trascendencia de esa renovación vino dada por su carácter europeizante y modernizador. La poesía culta castellana había llegado tarde a la tradición poética trovadoresca y, en cierto sentido, vivía encerrada en sí misma. El gesto de Boscà y Garcilaso fue un gesto de apertura, con él la literatura castellana se abrió a Europa y entró en la modernidad.

A partir de Garcilaso, la literatura castellana conecta de lleno con la corriente principal de la tradición literaria europea. Se sumerge en ella y rápidamente se erige, durante este periodo (XVI-XVII) en directora y modelo de esa misma tradición. De ahí que se la conozca como la «Edad de Oro» o los «Siglos de Oro». La literatura castellana será la literatura de vanguardia en esta época, plagada de genios e imitada y admirada por el resto de literaturas europeas.
Los escritores barrocos castellanos serán los primeros en intentar ir más allá de los clásicos grecolatinos, contraviniendo en la práctica sus normas (aunque a menudo crean o digan seguir respetándolas en teoría) y ensayando nuevos caminos para la literatura.
La novela moderna se gesta en esta época en el seno de la literatura castellana. Primero, con la tentativa que supone El Lazarillo de Tormes (1554), y finalmente, con el inicio de la novela picaresca (Mateo Alemán Guzmán de Alfarache, 1599) y su posterior desarrollo, y con el Quijote, 1605-1615).
Lope de Vega dará la espalda a las reglas y las tres unidades dramáticas de Aristóteles y creará su propia concepción del teatro.
En cuanto a la poesía, de un lado, Góngora y el culteranismo con su cultivo genial y avant la lettre del «arte por el arte», y, de otro lado, la poesía barroca en su conjunto por su afán de extremosidad y originalidad, romperán en el verso con los preceptos clásicos de equilibrio y moderación en el estilo.

Reconociéndose todavía herederos de los clásicos, pero orgullosos -con razón, pues ya el propio Garcilaso se situó por encima de Virgilio u Horacio- de sus propias posibilidades, se creerán autorizados a intentar llevar la tradición clásico-renacentista más allá de sí misma. Arrancando de los clásicos en el Renacimiento, andando el tiempo, los poetas llegarán en el barroco a hacer una poesía muy distinta, aun compartiendo temas, mitos, tópicos y hasta lenguaje y metáforas con ese mundo clásico y renacentista.
Como rasgo esencial, digamos que el Barroco se caracterizará por una mayor complicación, profusión e intensidad en el uso de los procedimientos heredados del Renacimiento.

 

5.4- Concepto renacentista del arte y de la poesía

 

Los poetas renacentistas  siguen todos lo que podríamos llamar una poética común. Este concepto compartido de la poesía y de las normas que la regulan se seguirá teniendo como referencia durante el Bárroco, pero sobre él se harán en esa otra época numerosos cambios, algunos incluso en principio incompatibles con el espíritu inicial de este código poético nacido en el Renacimiento.

 Se trata de una poética que se inspira en autores clásicos como Aristóteles, Platón y Horacio y que fue expuesta y comentada o reelaborada con nuevas aportaciones por numerosos escritores y tratadistas, especialmente italianos hasta el siglo XVI y luego también españoles. Se concreta en las famosas normas. Pero es mucho más que eso.
Es una Poética: una concepción de la poesía basada en una visión del mundo y en unos principios artísticos razonados, y concretada en  técnicas, pautas y orientaciones coherentes con esos principios. 

 

Durante el Renacimiento parece imponerse de un modo muy evidentea un concepto racional del arte. Pero, la razón no es realmente la esencia última del hombre, sino su espíritu su alma, independientemente de que esto se interprete en clave religiosa o no. El arte, en todas sus manifestaciones, se ve como el ejercicio de algunas de las cualidades intelectuales más poderosas del hombre. Forma parte de nuestro ser específico, de nuestra condición se seres espirituales. El hecho de que a lo largo de la historia grandes personajes hayan sido artistas es una prueba de ello.

La condición del artista o del poeta queda ennoblecida por esta visión intelectualista e idealizada del arte, en línea con el programa renacentista de desarrollar todas las cualidades humanas y aplicar, especialmente, la razón a todos los aspectos de la vida humana que fueran susceptibles de ello.
Puede parecer que someten el Arte a la Razón, pero este quívoco hay que deshacerlo.
La poesía tiene su propia razón, las emociones tienen su propia razón; una razón ilógica o una lógica irracional (
el corazón tienen razones que a razon no comprende).  Los renacentistas intentan determinar las leyes específicas que gobiernan cada actividad humana. La belleza es la razón de  la poesía.  La poesía se sirve de la ficción para impresionar nuestra alma con la belleza de la verdad. La poesía nos permite acercarnos al conocimiento mediante la belleza. En última instancia tiene una utilidad, una finalidad moral, didáctica.
El arte tiene un origen divino y un valor espiritual. La belleza es otra racionalidad, otra vía de acceso al conocimiento. La época de místicos y visionarios que es e Renacimiento descubre todas las potencias humanas: la razón lógica y la razón irracional. La belleza es una vía de conocimiento sancionada por Platón, entre otros,  y a través de la poesía se llega a la belleza.

Este concepto racional del arte y de la labor del artista tiene otra cara: la poesía no es fruto de la improvisación o la inspiración, sino el resultado de un trabajo metódico que debe apoyarse en criterios racionales: la imitación de los clásicos y el conocimiento y aprovechamiento de las normas.

Hemos dicho aprovechamiento de las normas porque no se trataba simplemente  de aplicarlas y acatarlas, sino de comprender el espíritu que las animaba, que no era otro que el de dotar de un ser racional, armonioso, al resultado del trabajo del artista: la obra literaria, en nuestro caso.
Las normas -esa Poética- no se veían como una limitación de las posibilidades creativas personales, sino como el medio más efectivo de potenciarlas 

En definitiva, el ejercicio de la nueva poesía renacentista exigía al poeta una sólida preparación (humanística), un estudio constante de su arte, un conocimiento profundo de esa Poética y un trabajo metódico. La poesía era un exigente y riguroso ejercicio intelectual que se autoasignaba un aura entre mística y científica.

La obra artística, por su parte, es un producto racional y como tal aspira a ser perfecto y se elabora y justifica racionalmente.
Hay,como decimos, un deseo consciente de atrapar la Verdad con la Belleza; creen en la poesía como una vía diferenciada de conocimiento irracional, pero su aprovechamiento, sin embargo, se proponen optimizarlo racionalizando su uso. Los ejercicios con los que los místicos de la época intentaban provocar el éxtasis nos vienen a la  memoria.

 Podemos convenir que todo esto en el Renacimiento esto se traduce en la búsqueda de la obra armónica (racionalmente construida) y en el Barroco, en la búsqueda de los límites de la razón y del lenguaje dentro de esa misma tradición poética.

 

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