Lección 6 Comentario de textos de poesía del Siglo de Oro

CURSO DE COMENTARIO DE TEXTOS DE POESÍA DE LA EDAD DE ORO


Lección 6

2.- LA EDUCACIÓN

Cada época vive de una tradición, de una herencia cultural en la que ve asentados los valores fundamentales que inspiran sus actitudes. Pero la tradición nunca es una herencia transmitida pasiva o automáticamente (sobre todo en las edades de crisis, transición o renovación). Es la selección de una herencia escogida.
Los humanistas rechazaron la herencia medieval y eligieron la herencia del mundo clásico como aquella en la que veían afirmados los valores fundamentales que tenían en su corazón. Lo que les urgía era hacer revivir esa herencia como instrumento de educación, es decir, de formación humana y social.
El privilegio concedido por ellos a las llamadas «humanidades», letras humanas (frente a las religiosas), o sea, a la poesía, a la retórica, a la historia, a la moral y a la política, se fundaba en la convicción, heredada igualmente de los antiguos, de que tales disciplinas son las únicas que educan al hombre en cuanto tal y le ponen en posesión de sus facultades auténticas, genuinas, propias. Las letras no eran para ellos un campo de ejercicios brillantes, de juegos, eran el único instrumento que conocían para formar al hombre digno y libre, empeñado en la construcción de un mundo feliz.
Por otro lado, la educación se concibió como un desarrollo armónico de todas las facultades del hombre, tanto físicas como espirituales. Es lo que ejemplifica la figura del cortesano que vemos dibujada en el libro de Baltasar Castiglione El Cortesano (traducido al castellano por Joan Boscà). En el cortesano se unen «el hombre de armas» y «el hombre de letras», las dos actitudes ante la vida -hombre de acción frente al hombre de reflexión o estudio- que habían estado enfrentadas durante la Edad Media.

 

3.- LA POLÍTICA.

El humanismo renacentista quiere renovar al hombre, no sólo en su individualidad, sino también en su vida social. Por eso emprende un análisis de la comunidad política tanto en su presente como en sus antecedentes históricos e, incluso, en su posible evolución futura.
En primer lugar, podemos decir que el Renacimiento vive también el auge del derecho romano. Se utiliza para justificar las monarquías autoritarias que en esta época se imponen (frente a la fragmentación del poder propia del sistema feudal).
En segundo lugar se subraya el carácter histórico de la vida del hombre, y la perspectiva histórica de las sociedades humanas.
En efecto, en la Edad Media, la vida del hombre tenía un sentido predominantemente religioso. La vida era sólo el paso previo a la salvación o la condena. La otra vida, la vida eterna del alma, era la realmente importante. El Renacimiento descubre el sentido histórico de la vida del hombre. El hombre no vive sólo de pensamientos religiosos y de preocuparse por merecer la salvación. En su vida también existen preocupaciones materiales, hambre, enfermedad, injusticia social, etc. Las circunstancias de su vida material son importantes y pueden mejorarse.
Junto a este importancia que se le da a la vida histórica, material, descubren la perspectiva histórica; es decir, esas condiciones materiales de la vida del hombre son distintas en cada época. Y, como materiales, son imperfectas y susceptibles de ser mejoradas. Corresponde, pues, analizar sociedades pasadas y analizar, comparativamente, la presente. Así se verá ver cuáles fueron las virtudes de otras épocas, cuáles las carencias de la presente, y cuáles, en consecuencia, las lecciones del pasado a seguir y las decisiones presentes a tomar.
Cuando se dice que el humanismo ha descubierto o redescubierto el valor del hombre, se quiere afirmar que ha reconocido el valor del hombre como ser terrestre o mundano, inserto en el mundo de la naturaleza y también en el de la historia y las relaciones socioeconómicas. La pertenencia del hombre a la naturaleza y a la sociedad no debe tomarse como un castigo o un destierro, sino como los instrumentos de su libertad pues con ayuda de la razón y de la virtud puede realizar en la naturaleza y entre los hombres su formación y su felicidad. El hombre está integrado en la naturaleza y en la sociedad y sólo de estos dos campos puede obtener los instrumentos para su propia realización en este mundo.
Así, el reconocimiento de la unión del hombre con la comunidad humana será un tema muy frecuente, por ejemplo, entre los humanistas florentinos que participan activamente además en la política de la ciudad, como pasará con otros humanistas.
Maquiavelo, yendo algo más lejos, llegará a defender la separación entre moral y política. Su obra más conocida fue El Príncipe y su frase «El fin justifica los medios», hay que entenderla precisamente en el sentido de que si el fin es el bien del Estado, cualquier medio (espionaje, crimen) es válido para conseguirlo.
Pero los renacentistas no se limitan a analizar, criticar y participar en la política del presente, sino que también teorizan sobre la mejora de la sociedad y sobre la sociedad ideal. Así llegamos a una serie de (ingenuas) obras que trazan los rasgos de hipotéticas sociedades perfectas y racionalizadas, en las que todos los hombres serían felices y vivirían en paz y en progreso, las famosas utopías que toman su nombre de la más famosa de esta época: Utopía de Santo Tomás Moro.

 

4.- LA RELIGIÓN

Si vamos a la raíz del nombre «Renacimiento» hemos de decir que es ante todo un renacimiento espiritual. El espíritu auténtico del hombre, (su «naturaleza», su verdadero y pleno modo de ser) es lo que, tras el descalabro medieval, se quiere recuperar y llevar, primero, a la altura del mundo clásico , y, luego, si es posible, más allá, con la vista puesta en el extremo del ideal que ser??a el hombre más puro posible: aquel que viva más de acuerdo con su naturaleza, o sea, en plena sabiduría y virtud.
En la formación de estas ideas, juega un papel importante, qué duda cabe, la influencia del pensamiento clásico. Pero en el terreno religioso, el Renacimiento no pone en cuestión el carácter último del hombre como ser esencialmente espiritual y sigue considerando la salvación del alma su asunto capital. En este sentido, el Renacimiento es todavía una época de fe. Aunque se podr??an citar excepciones, el racionalismo del Renacimiento no llega al extremo de situar a la razón humana por encima de la razón divina, por encima de la palabra de Dios y las Escrituras. Por tanto, en materia de religión el Renacimiento, para entendernos, está más cerca de la Edad Media que del siglo XX. Puede definirse, simplificando, el movimiento humanista como el intento de hacer compatible la tradición clásica con el cristianismo. Pero no se aceptará del mundo clásico nada (politeísmo, por ejemplo) que vaya contra el cristianismo.
Digamos que en este campo se acaba la jurisdicción de la razón y comienza la de la fe.

Lo que sí sometieron a revisión crítica fue, la religiosidad, la actitud ante la religión. Y en este campo sí hubo un profundo y complejo movimiento renovador, caracterizado, en su conjunto, por el deseo de retorno a los orígenes cristianos (para corregir la deformación de la religiosidad acaecida en la Edad Media).
Ya hemos visto que el renacentista trata en general de volver a tomar posesión de aquella fuerza vital y moral del mundo antiguo. Hay un deseo en todos los campos de reanudar el camino interrumpido en la Edad Media. Frente a la decadencia y corrupción de la vida religiosa, el hombre se vuelve a las fuentes de la religiosidad. Quiere redescubrirlas en su pureza, entenderlas en su significado genuino. A esto obedece el auge del estudio filológico de la Biblia para librarse de la interpretación dogmática de la iglesia medieval. El mejor ejemplo ser?? la obra que bajo la dirección del cardenal Cisneros se imprimirá en la Universidad de Alcalá de Henares, uno de los centros del humanismo español, la Biblia Políglota Complutense (1522).
Como vemos, pues, a vuelta a la religiosidad originaria es, en primer lugar, un retorno a las fuentes del cristianismo. Es decir, no a los teólogos de la Iglesia, sino a la palabra misma de Cristo; a la verdad auténtica de la Biblia, no a su interpretación medieval.
En segundo lugar, con el paso del tiempo habían ido cobrando excesiva importancia las muestras externas de religiosidad, todo lo relacionado con el rito externo. Los renovadores renacentistas abogarán por la religión interior, íntimamente vivida por el creyente.
Por último, la religiosidad se había deformado en la Edad Media, en otro sentido. La Iglesia no sólo había estado dirigiendo la vida espiritual del hombre medieval. Además, ella misma se había hecho con un gran poder material. El Papa mismo, los cardenales, obispos, abades y demás jerarcas, eran dueños de valiosas propiedades materiales y hasta de ejércitos, se inmiscuían en política…
Pues bien, esta fue la tarea de la renovación religiosa: cambiar esos tres aspectos de la actitud religiosa. Por eso Lutero negará la autoridad terrenal del Papa, prohibirá en su iglesia las representaciones de los personajes bíblicos y sustituirá la confesión por el autoexamen.
Esta renovación cabe dividirla en tres sectores.

A) Por un lado está, la Reforma por antonomasia, que es todo el movimiento protestante, con Lutero y Calvino a la cabeza: son los que rompen con Roma y crean su propio culto para recuperar esa religiosidad auténtica.

B) En segundo lugar, un grupo por completo aparte del protestantismo son los que genéricamente podríamos llamar movimientos iluministas, en ocasiones semejantes a sectas.
Los diversos «iluminados» o «alumbrados», en general, llevaban la creencia en una religiosidad interior al extremo de pensar que Dios estaba en el interior de cada hombre. Por tanto, el hombre no necesitaba intermediarios (Iglesia, sacerdotes, Papa, rito) para comunicarse con Él. Debía recogerse en sí mismo, llevar una vida purificante o mortificante de penitencias, abstenciones y meditaciones religiosas, etc. Así podría escuchar esa voz de Dios dentro de sí mismo, en apariciones sobrenaturales semejantes a las de los místicos.
C) El último sector lo forman quienes, como Erasmo de Rotterdam, intentan la renovación desde dentro de la Iglesia católica, sin pretender romper con ella.
Por último, hay aspectos evidentes del pensamiento religioso clásico incompatibles con el cristianismo (como el politeísmo de unos y el ateísmo de otros). Pero hay que tener en cuenta que no se rechazó en bloque la reflexión de los clásicos sobre la religión. Se disculparon los puntos conflictivos argumentando que los clásicos, en su mayoría, vivieron antes que Jesús y que por tanto fue imposible para ellos seguir sus doctrinas. Hecho esto, como su propósito básico era recuperar la religiosidad auténtica, tomaron de los clásicos las ideas que les parecieron aprovechables en este sentido. De hecho, alguna filosofías clásicas, como la estoica o la platónica, presentaban en sí mismas numerosos puntos de contacto con el cristianismo, por lo que sus opiniones fueron tenidas en cuenta a menudo y su influencia es visible en el pensamiento religioso de la época.

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