Comentario de Mandóme, ¡ay Fabio!, que la amase Flora

Francisco de Quevedeo, soneto CCXIII

Amor que, sin detenerse en el efecto sensitivo, pasa al intelectual

Mandóme, ¡ay Fabio!, que la amase Flora
y que no la quisiese; y mi cuidado,
obediente y confuso y mancillado,
sin desearla, su belleza adora.

Lo que el humano afecto siente y llora, 5
goza el entendimiento, amartelado
del espíritu eterno, encarcelado
en el claustro mortal que le atesora.

Amar es conocer virtud ardiente;
querer es voluntad interesada, 10
grosera y descortés caducamente.

El cuerpo es tierra, y lo será, y fue nada;
de Dios procede a eternidad la mente:
eterno amante soy de eterna amada.

LOCALIZACIÓN
Nació en Madrid, el 17 de septiembre de 1580. Sus padres, Pedro Gómez de Quevedo y María de Santibáñez, ocupaban puestos de confianza en la corte. Quevedo cursó los primeros estudios con los jesuitas, y después fue estudiante en la renacentista Universidad de Alcalá de Henares. Prosiguió sus estudios de Teología y Patrística en la Universidad de Valladolid, donde se había trasladado la corte (1600). En esta época se supone que inició su amistad con Pedro Téllez Girón, más tarde duque de Osuna.
Cuando tenía veinte años comienzan a popularizarse sus romances satíricos, sus letrillas (Poderoso Caballero) y sus chispeantes Cartas del caballero de la Tenaza, lo que le granjean temprana fama de hombre ingenioso y procaz. Quevedo empieza a frecuentar la vida literaria y a interesarse por la política. Conoce a Cervantes, inicia su amistad con Lope de Vega, y mantiene correspondencia con el humanista flamenco Justo Lipsio sobre temas filosóficos. En esta etapa vallisoletana destaca la animadversión entre el joven Quevedo y Góngora.
En 1613 Quevedo traduce, tras una aguda crisis religiosa, el Heráclito cristiano, y poco después las Lágrimas de Hieremías.
Siempre al servicio del duque de Osuna, a partir de 1615 comienza un largo periplo por Italia como embajador de Sicilia y Roma: espiando en Niza al duque de Saboya, huyendo fugitivo a Génova… En 1615 vuelve a Madrid con donativos reales y la misión diplomática de obtener el virreinato de Nápoles para su protector. Lo consigue, y en 1617 Felipe III otorga a don Francisco el hábito de la Orden de Santiago.
Las acusaciones contra el duque de Osuna por el asunto de la Conjuración de Venecia lo hacen caer en desgracia y arrastran consigo a Quevedo, que sufre difamaciones y amenazas. Desengañado de la política, Quevedo se retira a la Torre de Juan Abad, donde reanuda su quehacer literario (Política de Dios, gobierno de Cristo. Vida de Fray Thomás de Villanueva, poemas a Lisi). Tras una breve estancia en la prisión de Uclés en 1621, es confinado nuevamente en la Torre, donde sigue escribiendo. La muerte de Felipe III y la ascensión al poder del conde-duque de Olivares precipitan la caída de Osuna. Quevedo es llamado a declarar en el proceso contra éste, donde se venteó el escándalo de los sobornos y se dieron a conocer las cartas intercambiadas entre el propio Quevedo, el acusado y varios favoritos y nobles cortesanos. Quevedo es absuelto, pero en 1622, por un real decreto de puño y letra de Felipe IV, es desterrado otra vez a la Torre de Juan Abad. Enfermo de «tercianas malignas» consigue permiso para trasladarse a Villanueva de los Infantes. Regresa a la Corte, y vuelve a relacionarse con el mundillo literario y político.
Con el tiempo aumentan los enemigos de Quevedo. Tras escribir la primera parte del Marco Bruto aparece El Rómulo. Se recrudecen los ataques contra Quevedo y su obra: en la Apología al Sueño de la Muerte se le moteja de borracho; en la letrilla Pata-coja se ridiculizan sus defectos físicos y su vida sexual. El resentido Pacheco de Narváez denuncia la Política de Dios, el Buscón y otras obras a la Inquisición. Quevedo contraataca con una Perinola que sólo consigue aumentar la inquina de sus enemigos.
Presiones diversas, intereses políticos, compromisos económicos le llevan en 1634 a contraer matrimonio con doña Esperanza de Mendoza, viuda de Fernández Liñán de Heredia y señora de Cetina. Es un enlace infortunado y breve. .
A partir de 1637 la vida de Quevedo discurre, pacíficamente, entre la Torre de Juan Abad y Madrid. Lee mucho, escribe siempre y estudia constantemente. Pero no se desentiende de la actualidad política, como prueban sus cartas. En diciembre de 1639 es detenido en casa del duque de Medinacelli y encerrado en la prisión de San Marcos de León, donde permanecerá cuatro años, hasta la caída del conde-duque de Olivares. Las protestas de inocencia de Quevedo no son escuchadas hasta junio de 1644, cuando parece demostrarse que se ignora el motivo de su detención. Mientras, ha seguido trabajando en sus poemas, epístolas y obras morales.
Cansado, viejo y enfermo, se traslada a Villanueva de los Infantes. Planea por primera vez, una recopilación de sus poemas que nunca podrá realizar, pues la muerte le sobrevino el 8 de septiembre de 1645.
José González de Salas se encargó de recoger la mayor parte de los poemas quevedescos dispersos, publicándolos en 1648 en Madrid bajo el título de El Parnaso español, monte en dos cumbres dividido, con las nueve musas. En 1670 aparece en la Imprenta Real de Madrid Las tres Musas últimas castellanas. Segunda parte del Parnaso español, publicada por el sobrino Pedro Aldrete.

MÉTRICA
Es un soneto clásico, formado por 14 versos de 11 sílabas y con una rima en los tercetos también de las clásicas. El poema, tiene por tanto esta estructura métrica: ABBA ABBA CDC DCD

ANÁLISIS DEL CONTENIDO
El argumento del soneto se presenta en forma de un diálogo poético con un supuesto interlocutor a quien denomina Fabio. Hemos de suponer que es un interlocutor meramente literario, pues este nombre solía ser empleado para este fin por los poetas del barroco.
En cuanto al contenido en sí, se trata de un poema que desarrolla una temática de amor platónico. El yo poético exalta las virtudes del amor platónico, espiritual y las compara con el amor físico, carnal y su conclusión es que el amor platónico es muy superior porque el amor físico es caduco y está sujeto al tiempo y el amor platónico es espiritual y, por lo tanto eterno.
Según el platonismo y el neoplatonismo, y según este poema, el amor es una de las vías de acceso que tiene el alma a lo eterno.
Por lo tanto, el tema es la exaltación del amor platónico frente al amor carnal.
En cuanto a la estructura, el poema se divide en tres partes.
La primera parte abarca el primer cuarteto. En ella se nos plantea el argumento. El amante cuenta a su amigo Fabio que recibió la orden de su amada Flora de amarla sólo platónicamente, que es lo que quiere decir amar frente a querer, en este poema. El subtema sería la aceptación del amor sólo platónico, pues el poeta cuenta a su amigo que ha obedecido la orden de su amada.
La segunda parte ocupa todos los versos siguientes a excepción del último. En este apartado, el amante explica las razones que le han llevado a obedecer a su amada. El subtema sería la superioridad del amor platónico sobre el carnal.
El último apartado estaría formado sólo por el último verso, que es una síntesis de todo lo que se ha desarrollado en el poema y que resume lo mejor del amor platónico: es eterno y hace eterno al amante. En subtema sería la naturaleza eterna del amor platónico.

ANÁLISIS DE LA FORMA PARTIENDO DEL FONDO
El primer cuarteto se presenta inicialmente como una interpelación del yo poético a su amigo Fabio, en la que destaca la exclamación «¡Ay!», que muestra que no ha sido fácil para el amante la decisión de aceptar la orden de su amada Flora.
Esta dificultad, así como en el estado inicial de confusión y desconcierto en el que había quedado y la agitación interior previa a la decisión final de obedecer a la amada, se subraya también con el hipérbatón de los dos primeros versos y con el polisíndeton:
«y que no la quisiese; y mi cuidado,
obediente y confuso y mancillado
»
La similicadencia de los tres adjetivos, «obediente y confuso y mancillado», expresa una acumulación de sensaciones que muestran el estado de confusión en el que al principio quedó en el amante. Pero el último adjetivo,»mancillado», que vendría a significar avergonzado, ya nos muestra al amante convencido de la razón que tiene su amada.
Podríamos señalar también que la paradoja entre amar y querer y desearla y adora se corresponde también con ese estado de confusión inicial. Entre ambas paradojas podríamos decir que hay una correlación.
En el verso que cierra este cuarteto se podrían destacar los acentos. Ala primera parte del verso, que hace referencia a la renuncia al deseo físico, sin deseárla, le corresponde un acento, mientras que en la segunda parte del verso su belléza adóra hay dos acentos. En la primera parte el ritmo es más lento lo que hace la afirmación más contundente y en la segunda el ritmo es más ligero. Además la construcción en hipérbaton, poniendo primero lo esencial sin desearla, también contribuye a enfatizar la decisión que ha tomado el poeta.
En el segundo cuarteto destaca el encabalgamiento que hay entre los versos sexto y séptimo:
….»amartelado
del espíritu eterno….
»
Amartelado viene a ser un sinónimo de «enamorado» y el encabalgamiento, que es suave porque la primera pausa en el verso encabalgado está más allá de la quinta sílaba, subraya que no se trata de un enamoramiento vulgar y corriente, destaca que es un tipo especial de amor.
En este segundo cuarteto hay una alegoría típica del lenguaje del amor platónico, el cuerpo visto como cárcel del alma, de la que se librará cuando vuelva a su condición solamente espiritual, porque vemos que en estos versos el alma, el entendimiento está:
«…encarcelado
en el claustro mortal que le atesora.
»
El primer terceto empieza con un paralelismo (infinitivo sustantivado, como sujeto + verbo + atributo) que ocupa los dos primeros versos:
«Amar es conocer virtud ardiente;
querer es voluntad interesada,
»
En este caso lo que hace el paralelismo es precisamente marcar la diferencia que hay ente los dos tipos de amor. Entre los dos versos, hay un paralelismo en cuanto a las estructuras sintácticas, pero una contraposición, una antítesis, desde el punto de vista del significado.
La acumulación de adjetivos que caracterizan al amor carnal sirve para inclinar la balanza a favor del amor platónico, porque estos adjetivos indican todos cualidades negativas junto con el adverbio «caducamente»:
«…interesada,
grosera y descortés caducamente»
..

Alumno de 17 años. Nivel Bachillerato/Selectividad

(Continuará…)

2 comentarios en «Comentario de Mandóme, ¡ay Fabio!, que la amase Flora»

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