Aug
29
Comentario del soneto de Góngora Mientras por competir con tu cabello
Sección Barroco, Ejemplos de comentario de texto, Góngora | 11 Comments
Soneto
Luis de Góngora y Argote
Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello.
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
LOZALIZACIÓN
Góngora es uno de las cumbres de la poesía universal.
MÉTRICA
este poema es un soneto, es decir una composición poética que consta de 14 versos endecasílabos con rima consonante distribuida del siguiente modo:ABBA ABBA CDC DCD. Dos cuartetos y dos terceos, por tanto.Se trata de una de las distribuciones clásicas del soneto en cuanto a la rima de los tercetos se refiere.
ANÁLISIS DEL CONTENIDO.
Argumento y tema.
El tema de estos 14 versos con guarda una gran similitud con él tópico del “Carpe diem” (“goza de este día”, es decir disfruta del presente, sin pensar más allá de él”. Este tópico clásico volvió a ponerse de moda entre los poetas renacentistas y siguió siendo tratados por los poetas barrocos como en este caso don Luis de Góngora.
El autor considera la brevedad de la vida terrena y la apariencia engañosa de las cosas, e incita a la bella mujer deseada a disfrutar de la vida mientras su juventud se lo permita y la vejez y la cercanía de la muerte no se le impidan.
Sin embargo, el tratamiento de este tema en este poema se aleja del enfoque renacentista y y tiene un tono claramente barroco por el énfasis que pone en el aspecto pesimista del tema, el paso del tiempo y la llegada inevitable de la muerte.
Estructura.
En cuanto a la disposición del tema a lo largo del soneto, esta composición presenta una peculiaridad muy reveladora.
Nivel Bachillerato/Selectividad
Aug
17
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En cualquier caso, responda esta alternativa a una visión caótica o armónica del mundo -extremo sin precisar en el poema-, la acción del hombre queda muy limitada bajo estos parámetros.
Lo vemos impotente, víctima de los acontecimientos; e impotente ante el futuro, sólo puede “conquistar su fe”, “vocear la paz” y, en última instancia, esperar a que amaine, a que pase la “tempestad” y otra luz vuelva a “alborear”. Su capacidad de acción -y su responsabilidad queda reducida a intuir cuándo van a cambiar las cosas y olvidarse, a partir de ahí, de los sufrimientos pasados: es lo que acaba de intuir el yo poético y el punto de partida del poema.
“Responsabilidad”, palabra que merece comentario aparte. ¿Es que el hombre no tiene responsabilidad ni sobre su pasado ni su sobre su futuro? No llega a decir tanto el poema, porque el futuro, al menos, llegará si se le invoca. ¿En este texto se muestra al hombre sin responsabilidad sobre sus actos y con responsabilidad sólo sobre sus ilusiones?.
Este es un punto clave, origen de la articulación incompleta o imperfecta de la lógica de este poema. El presente es consecuencia del pasado, aparece como su víctima y, por tanto, liberado de culpa. Pero ¿y el pasado? ¿Cuáles fueron las causas de ese pasado?
Podríamos, en efecto, preguntarnos por el ámbito temporal más oculto de este poema, el verdaderamente silenciado: ¿cuál es “el pasado del pasado”? ¿Quiénes fueron los causantes de ese pasado que ha dejado el presente en ruinas?
El origen de la la desgracia se silencia en este poema. O no se pronuncia. No se dice explícitamente. Se dice que hubo hambre, sí, material y moral, y sed, y violencia… Pero las causas de las desgracias -ese pasado primero- se dejan a un lado. ¿Por qué hubo hambre y violencia? Nadie es cupable explícitamente en este texto, el hombre no es culpable; los culpables “fueron”, han desaparecido junto con el pasado del pasado, o estamos, en última instancia, ante una visión fatalista del destino del hombre. Las desgracias sobrevensdrían inevitablemente y al hombre sólo le cabría sobreponerse a ellas.
Del mismo modo, tampoco nos dice explícitamente el poeta cómo, gracias a qué, van a cambiar las cosas. Podríamos sentirnos autorizados a pensar que no nos queda otro remedio que suponer que el deseo, la fe o la marcha ineluctable de la vida obrarán el milagro. Pero las circunstancias en las que se escribió este poema quizá nos puedan permitir ampliar nuestra perspectiva y esperaremos a hacer un examen más atento de las mismas antes de extraer conclusiones definitivas.
Aug
16
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Como, de acuerdo con esto, el presente está vacío de contenido propio, queda reducido a mero tránsito entre los dos polos temporales que, entre bastidores, por decirlo así, se enfrentan en él.
Sin embargo, el presente es el único que cuenta con presencia real en el texto; está ahí con toda su crudeza y, así pues, su crudeza -o la desesperación que provoca, como decíamos más arriba- es el único argumento visible con el que podemos razonar el salto del pásado al futuro.
O casi.
La “lógica” del poema descansa también sobre un segundo elemento.
Dentro del presente, hay un “subámbito” temporal en el que acaba de producirse (los pretéritos pefectos he conquistado y he vocedo) cierto movimiento. Nos referimos, claro, a la toma de postura por parte del yo poético.
Lo más destacable de esta toma de postura es que el poeta no la argumenta explícitamente. La fe y la paz de las que habla son dos elementos abstractos y la luz que ha alboreado, un elemento simbólico-alegórico. A los tres elementos se refiere con expesiones perifrásticas:
-la fe que he conquistado (una cierta fe que no especifica pero que levanta su esperanza)
-la paz que he voceado (una cierta paz que tampoco concreta)
-la luz que ha alboreado (una cierta luz con un valor simbólico convencional, el de una mañana distinto, o con un valor concreto que el texto por sí solo no nos ayudaría a precisar)
Si observamos el poeka superficialmente, la profesión de esperanza tampoco está apoyada en nada sólido. Lógico: el poema nos habla de un presente vacío. Pero, fuera de lo que es resultado del pasado, nada hay en ese presente; luego en nada, salvo en el horror en sí del presente, se apoyaría el poeta para “tomar una postura”. Pero hay algo más en ese presente: la posibilidad de un futuro diferente también habita ese presente.
Si la proclamación de fe en un futuro diferente es un acto simplemente voluntarioso (y, por tanto, no es un acto pleno), no es una verdadera actuación sobre el presente, sino una llamada desesperada al futuro para que venga por sí mismo, sólo con que se le invoque. En otras palabras, el yo poético no actuaría para cambiar el presente y transformarlo en un futuro mejor, sino que pide, desea o ruega que cambie.
Vemos, en definitiva, al poeta social, Blas de Otero, repitiendo, reformulando el papel del poeta romántico de médium entre la Verdad y el pueblo. El poeta anuncia al pueblo la llegada de un nuevo mundo, como un profeta, en medio de una visión que no da más razones de sí misma ni muestra otras evidencias que su imperiosa y bella expresión en el poema.
De modo, a fin de cuentas, que todo apunta a que el porvenir más halagüeño debe llegar porque en el presente las cosas son así de dolorosas y porque eso ha exasperado al poeta hasta hacerle desear un futuro mejor…
Si no hubiera tantas cosas implícitas en este poema, si no fuera fruto de un momento poético y de una éopoca concretas, de un pensamiento político y social concreto que le dan sentidos adicionales a su literalidad, aquí estaría toda la lógica borrosa -imperfecta- del poema: el poeta, o cualquier hombre, por el hartazgo que produce el dolor, con sólo desearlo hará venir tiempos mejores.
Tal como está dispuesto el poema, parece desprenderse de él que la misma dureza de lo vivido ha preparado (¿fortalecido?) al hombre para sobreponerse a todo ello.
El poema nos muestra un presente sin sentido, sin ser, y pide o invoca el cambio. Vemos el estancamiento del presente, pero no cómo llegó a él ni cómo va a salir de él. Por tanto, vistos desde fuera, tan faltos de apoyo en el propio poema, tan infundamentados, tan irreales aparecen el pasado como el futuro.
La clave, los motivos para el cambio, son dos recientes movimientos que se han producido en el interior-en el ánimo- del poeta (he conquistado, he vocedo) y una inexplicada luz que ha alboreado; un misterioso fenómeno sin voluntad ni agente conocido que de este modo, a primera vista, toma la apariencia de una fatalidad como la misma “tormenta” a la que sucede.
A falta de un razonamiento auténtico, pues, el poema podría correr el riesgo de ser interpretado como si el poeta tuviese una concepción cíclica del mundo en la que el bien sucede al mal inevitablemente, o como si contemplase el mundo como un ente convulso que oscila entre los extremos del mal y del bien en pulsaciones sucesivas… No parece que sea así, y debe ser una concepción digamos que rousseauniana del hombre, una categórica confianza en la bondad esencial del hombre y de su mundo, lo que empuja el ánimo del poeta a estar convencido de que tras tantas desgracias ya no puede sobrevenir otra cosa que el amanecer del bien.
El bien, la bondad, la paz, la justicia, deben ser fuerzas ineluctables, un destino, para que sin elementos para una argumentación elaborada, sin justificación explícita, el poeta proclame con esa convicción el fin inminente de los horrores presentes.
Por la situación del poema en la etapa de poesía social de Blas de Otero, debemos pensar que el motor implícito del cambio es el triunfo de la justicia, la igualdad y la libertad en un marco político y social renovados donde el pueblo se erigirá en protagonista: una utopía política y social, un ideario -el comunista, se afilió al PC en 1952- han llenado de esperanza el corazón de poeta y enardecido por ese ímpetu encuentra el coraje para anunciar el advenimiento de un nuevo mundo en medio de estos días grises.
Aug
15
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[NIVEL LÉXICO-SEMÁNTICO]
Podemos pasar al nivel léxico-semántico del comentario analizando los escalones temporales a los que nos remiten los verbos del texto.
Como nos han revelado las formas verbales, desde el punto de vista semántico, el tiempo del poema es un tiempo estancado. Contemplamos el resultado de acciones pretéritas. El presente está yerto, detenido. Sólo
recientemente se ha producido en él agún movimiento que es el señalado por los pretéritos perfectos.
Desde este punto de vista, distinguimos en este poema un ámbito temporal central, que es el presente y dos ámbitos marginales, pasado y futuro.
Llamamos a estos dos últimos “marginales”" o secundarios porque tienen una presencia “débil” en el texto. Todo aquello que se predica en el poema explícitamente, se predica del presente, en tanto que las referencias al pasado y al futuro sólo están implícitas u ocultas.
Al futuro aluden, en cada ocasión, el verbo principal elidido (pido, deseo…) y algunas expresiones como la fe o la luz que ha alboreado. Se trata, en cualquier caso, de un ámbito temporal irreal e indeterminado, sin atributos concretos en el poema; simplemente está detrás de alguna de sus palabras, pero no aparece efectivamente en el texto. Significativamente, la palabra en la que desemboca toda la tensión del poema, alegría, cae dentro de este ámbito irreal, todavía por realizar: sólo es el producto del deseo o la petición del poeta, pero no existe todavía.
Al pasado nos remiten los participios-adjetivos sepultado, inundado, engangrenado y arrastrado. Pero la alusión al pasado está también debilitada porque no aparece por sí mismo en primer plano. En realidad, lo deducimos, está implícito en el modo de hablarnos del presente: el poema nos muestra el presente como resultado de acciones pasadas que, sin embargo, no se enuncian con claridad, no se nos dan a conocer plenamente (no conocemos los agentes de las acciones, como indicábamos más arriba).
Pero, curiosamente, el significado del presente también se convierte en borroso por esta acción, indirecta pero determinante, del pasado y del futuro. Es un presente, en cierto modo, carente de contenido. No sólo porque en él reinen el mal, el dolor, el sinsentido, sino, además, porque, a la postre, queda reducido a simple escenario en el que dirimen su oposición el pasado -del que es producto- y el futuro -al que vuelve los ojos el yo poético.
Estamos, así, ante un presente completamente inerme, incapaz por sí mismo de un sentido pleno: es el presente en el que el hombre no vive en la plenitud de su ser, sino menoscabado por la acción del mal (que proviene del pasado) o soñando con un futuro mejor. El presente está formado por los restos de acciones efectivas que, en el pasado, produjeron esta catástrofe y, últimamente, por el deseo o el sueño de un futuro diferente.
El presente, lo que se nos muestra en el texto, es un “ocurrido” del pasado y un preámbulo del futuro sin conexión lógica con él, pero, por sí mismo, no es nada.
Aug
9
SIGA EL MODELO: De la ficha guiada de preguntas al comentario redactado
Los libros de texto de la ESO para la asignatura de lengua y literatura en Cataluña comenzaron siendo abrumadoramente teóricos para el nuevo tipo de alumnado que irrumpía en el sistema educativo a partir de la implantación de la educación secundaria obligatoria hasta los 16 años.
Eran libros poco prácticos, escasamente adaptados, y escasamente adaptables a los grupos variopintos de alumnos que los profesores iban a encontrarse en la realidad.
Últimamente, la mayoría ha evolucionado hacia el modelo pionero de la editorial Castellnou, libros con presencia mayoritaria de ejercicios y en los que cada unidad se compone de varias secciones breves, todas acompañadas por una batería de ejercicios (lectura y preguntas sobre un texto, morfología, léxico, ortografía, apartados de refuerzo y de ampliación…).
Este modelo de libro de texto, indudablemente, da más recursos al profesor a la hora de enfrentarse con grupos cuyo nivel, en la mayoría de los casos, no es el de las expectativas a partir de las cuales parecieron escribirse los primeros libros de lengua y literatura para la ESO.
Pero si uno examina esos libros, no puede dejar de preguntarse: ¿qué sensación tendrá el alumno de la ESO ante lo que está haciendo?, ¿qué está aprendiendo de lengua y de literatura?,¿qué está reteniendo? Por supuesto, uno también llega a preguntarse: ¿qué sensaciones tendrá el profesor?, ¿se podría hacer más?.
Los libros acaban pareciendo libros de ejercicios en los que el alumno pasa de un tema a otro sin que se sepa muy bien qué relación orgánica hay entre los diversos contenidos por los que va pasando o cuál es el propósito final de todo un curso de lengua y literatura.
Sin entrar más en ello, el comentario de texto puede ser una herramienta que ayude al profesor a dar coherencia al aprendizaje del alumno. Un esquema sencillo y eficiente de comentario puede ser el vehículo que ayude al alumno a organizar de manera comprensiva su aprendizaje.
La propuesta es sencilla:
-Tome (adapte o cree) un modelo de comentario, concíbalo de manera que ese modelo se pueda ir ampliando de primero a cuarto de ESO, y haga que en ese modelo estén incluidos las principales líneas de conceptos que el alumno va a ir viendo a lo largo del curso.
-A continuación, convierta los pasos de ese comentario en una ficha-modelo, que vaya creciendo con cada curso (y unidad didáctica) y haga trabajar a sus alumnos primero con esa ficha.
-Finalmente, haga que sus alumnos redacten un comentario a partir de esas fichas.
Un aprendizaje comprensivo o constructivo no puede consistir en una rutina de rellenar ejercicios, que muchas veces, por desgracia, acaban haciéndose en los propios libros, de manera que al cabo del día, a veces, el alumno de la ESO apenas ha escuchado o no una lectura, apenas ha escrito dos líneas para hacer un resumen de esa lectura, apenas ha escrito 4 ó 5 uves allí donde faltaban en un ejercicio de ortografía o apenas ha escrito V o F unas cuantas veces en un ejercicio de verdadero o falso.
Un modelo “de la ficha al comentario escrito” puede ayudar.
Se trataría de hacer preguntas relacionadas, por un lado, con los conceptos de la lección de turno, y, por otro lado, orientadas a insertarse dentro de un modelo de comentario que, una vez redactado por los alumnos, les daría una idea organizada de lo que es el texto desde todos los puntos de vista lingüísticos (y literarios) que se estén estudiando en ese momento y teniendo en cuenta lo que el alumno ya sabía previamente.
¿No es fácil ir diseñando una ficha pre-comentario a partir de preguntas, por ejemplo, como estas que ahora se me ocurren de modo desordenado?
-¿Quién habla en el texto?
_¿Está dentro o fuera del texto?
_¿Cuenta algo? ¿Real o imaginario?¿Describe algo?¿Argumenta su punto de vista sobre un tema? ¿Expresa sensaciones emociones o sentimentos?
_¿El texto informa, ordena, afirma,ruega…?
_¿Habla con objetividad, subjetividad, ironía, pasión…?
-¿Emplea un lenguaje estándar, coloquial, ténico, literario…?
_¿Cuál es la idea principal? ¿Aparece ya al principio del texto, sólo al final o en qué parte del texto?¿Hay ideas secundarias?¿Dónde están las ideas secundarias?
La idea sería seguir por ese camino hasta hacer una ficha estructurada según los apartados del comentario que luego se va a exigir redactar al alumno.
En cuanto a la preparación de las técnicas de trabajo destinadas a los alumnos, se podría proponer un modelo general para todos los cursos desde primero de la ESO hasta segundo de bachillerato que podemos concretar un poquito más con un sencillo ejemplo.
En cada curso (y en cada trimestre y cada unidad didáctica), este modelo-marco tendría un perfil diferente, en función de los contenidos que el grupo-clase en general haya ido asumiendo y en función, también, de la atención a la diversidad.
El presupuesto básico del modelo es añadir a cada unidad didáctica un colofón que sería el comentario de un texto. Se redactaría un ejercicio en el que el alumno consolidaría los contenidos recién aprendidos y los incorporaría, de forma orgánica, a su bagaje anterior.
De esta forma, se complementaría la consecución de las competencias básicas y se reforzaría la coherencia y la continuidad del aprendizaje, porque con este modelo “creciente” de comentario, los alumnos “arrastrarían” los conocimientos adquiridos en cursos (y unidades didácticas) anteriores.
Trabajar con un modelo de comentario de texto así orientado, sería disponer de un “contenedor portátil” de buena parte del currículum (obviamente, aspectos como la ortografía o la fonética no se pueden incluir en el comentario en estos niveles de enseñanza)y los alumnos tendrían así, fijado y siempre disponible, un modelo esquemático de los diferentes niveles y aspectos de la lengua y de los conceptos que han estudiado de cada uno de ellos en cursos y unidades didácticas anteriores.
Finalmente, la flexibilidad del modelo de comentario de texto (posibilidad de elegir lo que se exige y cómo se le exige a cada tipo de alumno) y la gran variedad de actividades que se podrían diseñar a partir de él para consolidar, reforzar o ampliar los conocimientos del currículum, contribuiría de manera positiva a la atención a la diversidad.
Este “colofón” de cada unidad didáctica se trabajaría sobre un texto, siempre de extensión reducida para facilitar el análisis concentrado del texto.
Todo esto se podría hacer online por diversos procedimientos (blog de aula, cuaderno virtual, etc)
Se trabajaría con un sistema de tres elementos:
1-PLANTILLA DEL COMENTARIO DE TEXTO
2–FICHA PREVIA DEL COMENTARIO SOBRE EL TEXTO PROPUESTO
3–REDACCIÓN DEL COMENTARIO
La PLANTILLA recogería en cada curso, ordenadas, las competencias lingüísticas (y literarias) previamente asumidas o recién estudiadas por el alumno.
Supongamos, por partir como decíamos de un ejemplo sencillo, que un alumno de primaria recién llegado al instituto sabe sólo distinguir un texto en prosa de un texto en verso, hacer un resumen, exponer la idea principal y señalar las partes de un texto. En esa hipótesis, el primer día de clase de primero de ESO, su plantilla sería:
Tipología textual: Verso/prosa
Análisis del contenido: Resumen del texto – Idea principal –Estructura.
Si en la primera unidad didáctica de primero de ESO, aprende a distinguir los textos narrativos y descriptivos, esa distinción pasaría a formar parte de su plantilla, de manera que se le puede exigir ya que la reconozca en el comentario de texto que cerraría esa unidad didáctica.
La FICHA PREVIA sería un ejercicio en el que el alumno identificaría sumariamente en el texto propuesto para comentario, los elementos que forman parte de su plantilla en ese momento (en definitiva, sus competencias).
Una ficha previa sería un cuestionario del tipo:
¿De qué tipo de texto se trata? Un relato en prosa
¿Cuál es su argumento? La muerte de un hombre
¿Y su idea principal? La violencia de los hombres
Señala las partes de este texto. Tiene dos. La primera…
La REDACCIÓN DEL COMENTARIO sería un ejercicio muy simple en las primeras unidades, se iría enriqueciendo con el paso del tiempo.
En el ejemplo tan simple que hemos puesto, el alumno casi se limitaría a “transcribir” la ficha:
“Se trata de un texto en prosa de carácter narrativo.
En cuanto a su argumento, cuenta lo que le pasa a un hombre que muere a manos de…”
el modelo “creciente” de comentario da pie a que el alumno vaya “arrastrando” los conocimientos anteriores y no de cualquier manera, sino sólidamente estructurada en los diferentes niveles de análisis que el comentario de texto va ampliando sucesivamente con nuevos elementos en cada unidad didáctica.
Nuestro proyecto debería sintetizar todos los elementos que pueden formar parte del currículum de la ESO y el BACHILLERATO extrayéndolos de la actualización de conocimientos de la materia que también forma parte de nuestro propósito. La “plantilla”, al llegar a segundo de bachillerato estaría formada, pues, por docenas de ítems, pero conviene recordar que la práctica habitual del comentario habría ya automatizado la mayoría de ellos. Nunca sería un lastre, sino un “contenedor portátil”, organizado y de fácil uso, de todo lo aprendido en la asignatura lo largo de todos los cursos. Con la ventaja impagable del refuerzo de la expresión mediante la practica continuada de la redacción.
Los tres pasos del proceso, Plantilla-Ficha-Redacción del comentario podrían estar accesibles (y realizarse) online para completar de este modo cada unidad con un ejercicio de competencias relativas a las nuevas tecnologías.
Aug
4
Modelo de Comentario de texto por niveles (14)
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He aquí la perplejidad fundamental a la que nos lleva una primera lectura de este poema: ¿a partir de qué momento, cómo y por qué había motivos para la esperanza…?
Era 1955: ¿qué luz había alboreado en España por entonces? Si consideramos que el fin de la dictadura franquista trado todavía veinte años en llegar, se diría que sólo la luz que Blas de Otero dejó escrita en este poema. Generalizando, quizá se trataría, simplemente de la misma luz que, dentro de su entusiasmo ingenuo, creyeron aportar todos aquellos poetas de la llamada “poesía social” a los sombríos años que vivían. Profundizaremos más adelante en este aspecto para intentar aclararlo.
En cuanto a sepultado, inundado y arrastrado son palabras que aparecen como complementos de sendos nombres -hombre, mundo y árbol, respectivamente- y que, por lo tanto realizan una función adjetiva. Sin embargo, hemos de tener en cuenta que nos encontramos, en todo caso, frente a tres palabras que, en origen, son participios verbales.
[[Los participios, como sabemos, tienen un valor nominal (adjetivo) frente a otro verbal. Funcionan a veces como participios y a veces como adjetivos. ¿Cómo distinguir ambas funciones?. No siempre es fácil, pues existen una serie de casos fronterizos en los que cuesta decidir cuál de los dos valores se impone.
Como criterio para diferenciarlos podemos adoptar el siguiente. Si expresan predominantemente una cualidad del sustantivo, se habrán convertido por entero en adjetivos. Por el contrario, si expresan un estado resultado de una acción, conservarán todavía, en gran medida, su valor verbal. Compárense, a estos efectos, niño presumido y niño castigado por su profesor de literatura.
Además, corno se ve en nuestra segunda frase, cuando el participio adjetivado conserva todavía, al menos en parte, su personalidad verbal, admite fácilmente complementos similares a los verbales (cosa que no ocurre con niño presumido). La frase, de hecho, puede reconstruirse fácilmente en su estructura profunda con la ayuda de un verbo auxiliar (ser, haber, estar...) que suponemos elíptico: el niño huido del colegio---> el niño que había huido del colegio; el niño castigado... --->el niño que había sido castigado por su...]]
A la vista de todo esto, podemos concluir que esas tres palabras que parecen funcionar como adjetivos en la estructura superficial de sus frases, conservan todavía gran parte de su función verbal. Podemos tratarlos, pues, como participios que expresan el resultado de una acción ya concluida. En este sentido, vienen a tener un valor parecido al que le hemos señalado a los pretéritos perfectos.
Pero, como indicábamos más arriba, aportan algo más. Las estructuras profundas que podríamos reconstruir de este modo:
-”el hombre ha sido/está sepultado”,
-”el mundo ha sido/está inundado”
-”el árbol ha sido arrastrado”,
nos revelan que se trata de participios de pasado pasivos.
[(frente a, por ejemplo, huido, casado, presumido, agradecido, etc, que tienen valor activo]]
Como desconocemos el complemento agente (inundado: ¿por qué o por quién?), de nuevo se nos ocultan los agentes causantes de las acciones que se describen. El hombre o el mundo aparecen sólo como las víctimas que las están padeciendo. ¿Quiénes serán los culpables? Y, sobre todo, ¿por qué no se nombran en el poema?
Especial atención merecen los complementos de esos cuasi-participios, pues el poema los descarga siempre en el verso siguiente, dando lugar a tres violentos encabalgamientos abruptos. Se debe resaltar la intensidad expresiva, sobre todo, de los dos primeros, porque los términos separados -y, así pues, realzados- por el encabalgamiento son altamente imprevisibles:
sepultado/en sed e inundado/ de sangre
En ambos casos, la sorpresa, acentúa los horrores evocados.
En conclusión, el análisis de los participios nos devuelve al mismo escenario que más arriba describíamos.
En este poema, falta el verbo de la frase principal; en general, hay pocos verbos; los pocos que aparecen, o tienen eclíptico el agente de la acción, o ignoramos por completo cuál pueda ser; por último, todos los verbos o formas semiverbales con que cuenta, están en pasado, nos presentan acciones acabadas…
¿Conclusión? El hombre no hace nada en el presente, sino que aparece apenas como el residuo de acciones anteriores de las que ha sido víctima.
Aug
3
Modelo de Comentario de texto por niveles (13)
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El paralelismo obliga a estar juntos a dos elementos yuxtapuestos (los dos subnúcleos) cuya relación nuca acaba de ser bien formulada. Es una sintaxis forzada e inacabada y el plano semántico del poema muestra los mismos rasgos; no está acabado de articular de manera cabal el mensaje, no se explica suficientemente el paso de un estado de cosas a otro. O simplemente se pretende dar ese paso con la voluntad, con el deseo o no está explícito en el texto el origen del optimismo esperanzado el poeta.
Pero hablemos ahora de los verbos en forma personal presentes en el poema.
Son sólo los pretéritos perfectos de las subordinadas adjetivas que apuntábamos más arriba:
v. 3 en nombre de la, fe que he conquistado
v. 7 en nombre de la paz que he voceado
v.11 en nombre de la luz que ha alboreado
No hay otros verbos con forma personal en el texto.
El pretérito perfecto, expresa, dentro de los tiempos que se refieren al pasado, una acción acabada (aspecto perfectivo); más precisamente, expresa una acción recientemente concluida. Hace poco que han ocurrido todas las acciones a las que se refieren los tres verbos; hace poco que en ese estático mundo en crisis ha sucedido por fin algo, siquiera sea en el alma del poeta: él “ha conquistado” la fe; eso no ha ocurrido “fuera”, sino dentro de su conciencia. ¿En qué se apoya esa fe?” No vemos con claridad qué “luz ha alboreado”. ¿Á qué se refiere el poeta? ¿Qué le hace pensar eso? La historia nos dice que no amaneció un futuro distinto en España hasta muchos años después, ¿qué vio el poeta?¿de dónde procedía su confiaza en que las cosas estaban cambiando a mejor?
Se nos presentan, pues, las cosas, como si asistiéramos en el poema al momento preciso en que la tensión acumulada comienza a estallar: eso debería ser el grito del poeta y gran parte de su fuerza proviene de ahí, del hartazgo que adivinamos tras él.
Esos tres pretéritos perfectos son, en otro orden de cosas, las únicas formas en voz activa explícitas en el poema; el resto (los participios de pasado) implican, en la estructura profunda de la frase, construcciones de voz pasiva.
Representan, por tanto, estos tres verbos, las únicas acciones visibles con las que nos encontramos en el poema. Fijémonos, ahora, en una particularidad.
El sujeto es elíptico en los tres casos: desde el punto de vista semántico, al no hacer acto de presencia, está debilitado, corno lo está el hombre -y el poeta- zarandeado por la zozobra en el mundo en el que vive. Ahora bien, ¿cuál es el sujeto -elíptico- de esos pretéritos perfectos?
En los dos primeros casos -he conquistado y he voceado-, el yo poético.
Pero en el último caso, ha alboreado, el sujeto es muy distinto: la luz. Aquí se produce una disfunción entre el nivel sintáctico y el semántico.
[El sujeto gramatical, normalmente, es, además, el agente efectivo de la acción llevada a cabo con el verbo. Eso ocurre en he conquistado y he voceado. En otros casos, sin embargo, el sujeto gramatical no expresa el agente de la acción. Eso se ve en las oraciones en voz pasiva, donde el sujeto gramatical es, en realidad, el receptor de la acción (La casa ha sido quemada por Juan).
Existen algunas construcciones que, desde el punto semántico, expresan lo que se llama voz media (la acción afecta al sujeto u ocurre en su interior sin que él sea propiamente el agente: Me he roto una pierna, me he dormido...). La vozmedia en algunas lenguas cuenta con rasgos gramaticales propios. Por ejemplo, en el griego clásico tenía sus propias formas verbales para expresarse, como las lenguas romances tienen el pretérito imperfecto, el condicional etc. El castellano no tiene formas especificas para la voz media, pero sí la capacidad de expresarla, como en los ejemplos que hemos aducido. Digamos que cubre una zona de significado a medio camino entre la voz pasiva y la activa.]
Pues bien, en esos tres verbos, advertimos una gradación descendente, por la progresiva debilitación de la participación del yo poético en la acción.
En el primer caso, el más vigoroso, él “ha conquistado” la “fe”.
En el segundo, ya sólo participa como mediador o comunicante de una acción que se ha producido no sabemos cómo ni por qué; él se ha limitado a “vocear la paz” que, de algún modo, ha llegado
Por fin, en el último verbo no hay participación alguna del yo poético. Se trata de una construcción cercana a la voz media, porque la “luz” “ha alboreado”: no hay un agente determinado. Lo que dice el poeta , por expresarlo conceptuosamente, es que “el amanecer ha amanecido”. Y el poema no dice exactamente por qué. Simplemente, ha llegado. Desde luego, el yo poético no aparece como el agente de esa acción inopinada. Hemos de buscar su origen fuera del poeta, en algo externo que influyó sobre él y le hizo cambiar el oscuro pesimismo existencial de su producción poética anterior por la confianza en una regeneración colectiva: algo que leyó, hechos políticos, sociales e históricos de los que fue testigo…
Este no es un asunto baladí, porque, en última instancia, es en esa “luz” donde reposa toda la renovación invocada y el poema mismo: si no está justificada, tampoco lo estará la esperanza. Y no la vemos justificada en ninguna parte del poema. Parece sólo es un anhelo del poeta. Comprendemos su deseo, su grito o su ruego: están justificados por los horrores descritos. Pero no comprendemos su fe en ese deseo: no la fundamenta en nada visible en el poema. Quizá haya que buscar fuera de él. Examinarmos esa posibilidad en el nivel pragmático del comentairo.
Aug
2
Modelo de Comentario de texto por niveles (12)
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En cuanto al hecho, considerado en su conjunto, de la abundancia de complementos nominales, la conclusión parece clara: el hombre se nos presenta abrumado por sus circunstancias. El hombre, el mundo, la patria, están ahogados por ese torrente de desgracias que lo ocupan todo: en el poema y en la realidad.
En la última estrofa, hay un matiz un poco diferente. España puede entenderse como un complemento aposición de patria pero, en definitiva, el concepto fundamental de la estrofa, “patria” (en las otras eran “hombre” y “mundo”), se nombra, en realidad, dos veces, acentuando que la situación de España es el centro de gravedad del poema.
Si en los primeros apartados las palabras principales aparecen asfixiadas por sus atributos (sintagmas largos y complejos), en los segundos subapartados, fe, paz y luz sólo tienen un complemento, sendas subordinadas adjetivas especificativas (que actúan, a fin de cuentas, como un adjetivo, como un complemento del nombre correspondiente):
fe: que he conquistado
paz: que he voceado
luz: que ha alboreado
[[Sub.adj. explicativas: afectan a TODOS los elementos a los que alude el sustantivo: Los niños, que tenían hambre, comieron.
(Todos los niños tenían hambre y todos comieron).
Sub.adj.especificativas: afectan sólo A UNA PARTE de los elementos a los que alude el sustantivo:
Los niños que tenían hambre comieron.
(Sólo algunos niños tenían hambre y sólo ellos comieron).]]
Estas subordinadas adjetivas especificativas lo que hacen es acotar, reducir o concretar la extensión del significado del sustantivo al que complementan. Lo que se nos presenta no “es toda la paz”, “la paz en toda la extensión de la palabra”, sino una clase de paz.
En consecuencia, los sustantivos clave de los segundos subnúcleos, los positivos -fe, paz, luz-, no tienen un valor absoluto, pleno, sino que su significado, su alcance está relativizado por esas subordinadas. Por decirlo de alguna manera, se trata de la fe, que, en esas peculiares condiciones adversas, él ha podido “conquistar; la paz que, en esas circunstancias trágicas, se puede proclamar o reclamar; la “luz” que, tras esa negra noche, de algún modo que el poeta nunca explicará, se comienza a vislumbrar.
De manera que si los conceptos hombre-mundo-patria están constreñidos, -en los primeros subnúcleos- por los horrores aludidos en los complementos; aquellos otros, fe-paz-luz, que representan -en los segundos- lo que el poeta propone para recuperarlos, están, ya de entrada, debilitados. ¿Serán realmente capaces de devolverles su plenitud esa fe, esa paz y esa luz, al “hombre”, a la “patria” y al “mundo”? ¿Están en condiciones con ese punto de partida?
La clave para responder a esta cuestión está en la naturaleza exacta de esos elementos perifrásticos que el poeta ha ido enumerando. ¿Qué fe ha conquistado? ¿Qué paz ha voceado? ¿qué luz ha alborado?
La sintaxis de los primeros subapartados es, en resumidas cuentas, más complicada, más bronca, diríamos, frente a la mayor simplificación y sencillez que observamos en los segundos subapartados.
Este aspecto contribuye a que, frente a la complejidad del drama expuesto, el empeño por ilusionarse parezca más simple; voluntarioso, antes que realmente efectivo contra el dantesco cuadro que no logra borrar de nuestra imaginación.
Cada estrofa es una sola frase, repetida paralelísticamente; una frase que se lleva por delante el pasado negativo como para enfatizar la unidad de propósito del poeta: pese a todo, alegría.
Es como si fuese precisamente el espanto, el sufrimiento lo que condujese a la esperanza. ¿Podía haber mensaje más radicalmente desesperado? ¿Un mensaje -visto desde fuera, al margen de cuál fuese la voluntad original del poeta- más patético?
No vemos -nunca- en el poema otra razón para la esperanza, que la desesperación en que se vive.
Los dos subnúcleos, de tan distinto signo, están fundidos en la misma frase y, así dispuestas las cosas, es como si lo primero -el pasado el presente horribles – llevara inevitablemente a lo segundo -el futuro mejor-; como si el espanto vivido fuera el antecedente -o digámoslo del modo más crudo: la causa- de la alegría por venir: lo que no sabemos es por qué. El poeta sólo nos muestra
su confianza.
He aquí la ambigüedad, la imprecisión o, desde el punto de vista lógico, la debilidad básica del contenido de este poema.











