Ejemplos de epanadiplosis y definición

Definición y ejemplos de epanadiplosis

CURSO DE RETÓRICA.
Los recursos fónicos.
Lección 5:

Definición del concepto

Una frase o un verso empiezan y terminan del mismo modo. (Recuerda que en la definición de estos recursos literarios suponemos que lo que se repite es una palabra, pero a veces puede tratarse de sintagmas, normalmente de corta extensión).

«...solo entre los muertos, para siempre solo

Pablo Neruda (Chile, 1904 – 1973).

Ejemplos de epanadiplosis

    • «…párpado sobre párpado
      labio contra labio…»,  Blanca Varela, (Perú,  1926 –  2009).
    • «…Amor mío, mi amor…»,  Jaime Sabines, (México, 1926 – 1999 ).
    • «»…Está bien lo que está: …» Dulce María Loynaz, (Cuba, 1902 -1997).
    • «… Miedo; bendito miedo
      que propicia el deseo
      la agonía y el rapto,
      de los que mueren juntos
      y resucitan luego….», José Agustín Goytisolo, (España, 1928 – 1999).
    • «»…Duerme, Joana, duerme.
      Y a poder ser no olvides
      tus años en el nido
      que dentro de nosotros has dejado.
      Mientras envejecemos,
      conservaremos todos los colores
      que han brillado en tus ojos.
      Duerme, Joana. Esta es nuestra casa,
      y todo lo ilumina tu sonrisa.
      Un tranquilo silencio: aquí esperamos
      redondear estas piedras del dolor
      para que cuanto fuiste sea música,
      la música que llene nuestro invierno.» Del poema Canción de cuna,
      Joan Margarit (España, 1938- 2021).
    • «…dos puertas que al viento van y vienen
      sombra a  sombra. …»» César Vallejo (Perú, 1892 -1938 ).
    • «…Dije chaleco, dije …», César Vallejo.
    • «»… Verde que te quiero verde.
      Verde viento. Verdes ramas.
      El barco sobre la mar
      y el caballo en la montaña.
      Con la sombra en la cintura
      ella sueña en su baranda
      verde carne, pelo verde,
      con ojos de fría plata.
      Verde que te quiero verde….», del poema Romance sonámbulo,
      Federico García Lorca, (España, 1898 -1936).
    • «¿Cómo me vas a explicar,
      di, la dicha de esta tarde,
      si no sabemos porqué
      fue, ni cómo, ni de qué
      ha sido,
      si es pura dicha de nada?
      En nuestros ojos visiones,
      visiones y no miradas,
      no percibían tamaños,
      datos, colores, distancias.
      De tan desprendidamente
      como estaba yo y me estabas
      mirando, más que mirando,
      mis miradas te soñaban,
      y me soñaban las tuyas.
      Palabras sueltas, palabras,
      deleite en incoherencias,
      no eran ya signo de cosas,
      eran voces puras, voces
      de su servir olvidadas.
      ¡Cómo vagaron sin rumbo,
      y sin torpeza las caricias!
      Largos goces iniciados,
      caricias no terminadas,
      como si aun no se supiera
      en qué lugar de los cuerpos
      el acariciar se acaba,
      y anduviéramos buscándolo,
      en lento encanto, sin ansia.
      Las manos, no era tocar
      lo que hacían en nosotros,
      era descubrir; los tactos
      nuestros cuerpos inventaban,
      allí en plena luz, tan claros
      como en la plena tiniebla,
      en donde solo ellos pueden
      ver los cuerpos,
      con las ardorosas palmas.
      Y de estas nadas se ha ido
      fabricando, indestructible,
      nuestra dicha, nuestro amor,
      nuestra tarde.
      Por eso no fue nada,
      sé que esta noche reclinas
      lo mismo que una mejilla
      sobre este blancor de plumas
      -almohada que ha sido alas-
      tu ser, tu memoria, todo,
      y que todo te descansa,
      sobre una tarde de dos,
      que no es nada, nada, nada.»,
      Pedro Salinas (España, 1891-1951).
    • «Para vivir no quiero
      islas, palacios, torres.
      ¡Qué alegría más alta:
      vivir en los pronombres!
      Quítate ya los trajes,
      las señas, los retratos;
      yo no te quiero así,
      disfrazada de otra,
      hija siempre de algo.
      Te quiero pura, libre,
      irreductible: tú.
      Sé que cuando te llame
      entre todas las gentes
      del mundo,
      sólo tú serás tú.
      Y cuando me preguntes
      quién es el que te llama,
      el que te quiere suya,
      enterraré los nombres,
      los rótulos, la historia.
      Iré rompiendo todo
      lo que encima me echaron
      desde antes de nacer.
      Y vuelto ya al anónimo
      eterno del desnudo,
      de la piedra, del mundo,
      te diré:
      «Yo te quiero, soy yo».»
      (Pedro Salinas).

 

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