Para que yo me llame Ángel González

Comentario de Para que yo me llame Ángel González

Poema del libro Áspero mundo, publicado en 1956.

En los exámenes de acceso a la Universidad Selectividad, PAU, EBAU, EVAU o como quiera que se llamen en cada caso, el desarrollo del ejercicio sería más sintético, como en otros ejemplos que hemos analizado, pero por ser menos accesibles los estudios sobre este miembro de la Generación del 50, lo hemos desarrollado un poco más.

Para que yo me llame Ángel González, 11- (sin letra, porque no rima con nada)
para que mi ser pese sobre el suelo, 11-A (e-o) rima asonante
fue necesario un ancho espacio 11-
y un largo tiempo: 7-a (minúscula por ser arte menor, menos de 9)
5-hombres de todo el mar y toda tierra, 11-
fértiles vientres de mujer, y cuerpos 11-A
y más cuerpos, fundiéndose incesantes 11-
en otro cuerpo nuevo. 7-a
Solsticios y equinoccios alumbraron 11-
10-con su cambiante luz, su vario cielo, 11-A
el viaje milenario de mi carne 11-
trepando por los siglos y los huesos. 11-A
De su pasaje lento y doloroso 11-
de su huida hasta el fin, sobreviviendo 11-A
15-naufragios, aferrándose 7-a (8-1, esdrújula)
al último suspiro de los muertos, 11-A
yo no soy más que el resultado, el fruto, 11-
lo que queda, podrido, entre los restos; 11-A
esto que veis aquí, 7- (6+1, aguda)
20-tan sólo esto: 5-a
un escombro tenaz, que se resiste 11-
a su ruina, que lucha contra el viento, 11-A
que avanza por caminos que no llevan 11-
a ningún sitio. El éxito 7-a (8-1) [y ->> excepción de las rimas esdrújulas]
25-de todos los fracasos. La enloquecida 12
fuerza del desaliento… 7-a

COMENTARIO

LOCALIZACIÓN / CONTEXTUALIZACIÓN

Pertenece a su primer libro, el mismo con el que obtuvo un accésit del Premio Adonáis en 1955. Abre, pues, la primera de las dos etapas que el autor distinguió en su trayectoria, la que finaliza en 1967 Tratado de urbanismo, para dar paso a la segunda en 1971 con Acotaciones para una biografía.
En la primera, se ha hablado de una postura semiexistencialista e incluso de poesía desarraigada (según la clasificación que estableciera Dámaso Alonso); lo cierto es que se trata de un periodo en el que -con todo el pesimismo último de fondo que queramos-, el poeta aún se debate en la búsqueda: del yo, del tú, del nosotros…
En su último período, se abre paso ya definitivamente un escepticismo y una ironía que, en realidad, también formaban parte de su cosmovisión en sus primero libros. En esta última época, casi hablaríamos de desistimiento, de cese de la indagación más o menos agónica,  de abandono distante en la nada, que definitivamente se asume como única certeza. Al final, también el arte es un fracaso que, como todo lo demás,  a veces asume con doloroso nihilismo y otras con parodias y burlas  -en el fondo- autoflagelantes.

Lo primero que hay que destacar de «Para que yo me  llame…» es su posición en Áspero mundo. Se trata de un libro heterogéneo. El propio autor viene a confesar este origen y cierta premura  a la hora de compilarlo, probablemente por la urgencia para presentarlo al premio Adonais. Está compuesto por cuatro secciones presididas por un poema que actúa a modo de introducción general, Te tuve. Este nos remite a la felicidad o la inocencia perdidas (dulce frente áspero).

Te tuve
cuando eras
dulce, áspero
acariciado mundo.
Realidad casi nube,
¡cómo te me volaste de los brazos!.
Ahora te siento nuevamente.
No por tu luz, sino por tu corteza,
percibo tu inequívoca
presencia.
… agrios perfiles, duros meridianos,
¡áspero mundo para mis dos manos!.

A partir de ahí comienza la primera sección. Lo característico de ella es el tono reflexivo y la angustia de tintes existencialistas. Está integrada por 11 composiciones y se abre con el poema que estamos analizando.
La segunda, denominada Canciones, la forman 7 piezas de corte digamos que neotradicionalista, al menos en su forma, con toques de ironía. Viene a continuación Sonetos, una colección variopinta de ellos y de tono esteticista («versos muy literarios que expresaban poco o nada de mí») y, finalmente, la sección Acariciado mundo, donde predomina  el tema amoroso.

El poema que comentamos, pues es el primero de la sección inicial del libro. Esto es importante, además de otras cosas, porque  «Para que yo me  llame…» es también, implícitamente, una poética, es decir, una formulación de su concepción de la poesía: la búsqueda de la incierta identidad del yo, entre las brumas de la no menos conflictiva identidad colectiva; a eso va a dedicar su exploración poética del mundo y así puede definirse toda su obra en sus  diferentes etapas y voces. Que esto es un componente fundamental de esto texto lo vemos definido en:

[yo no soy más que]
«…esto que veis aquí,
  tan sólo esto:…»

Sí, porque lo que estamos viendo de él, lo que estamos leyendo, esto, son sus versos. Ese es el territorio en el que busca fijar su (no) identidad. La palabra es parte esencial de su ser y/o de su intento por conocer o (solo) expresar el ser. De todo ese bagaje, de todo ese magma de ancestros, solo ha salido ese ser tembloroso que vemos en sus poemas   y que también se empeña, sabiendo que lo hace a contracorriente, en intentar ser y persistir.

«un escombro tenaz, que se resiste»

Con cierto tono de disculpa por su impotencia personal, viene a decirnos que su angustiado ser y su poesía son el depósito de todo esa dramática herencia y una manifestación más de resistencia infructuosa, del fracaso repetido de la especie.
Vemos también el tema del tiempo, tan propio de su obra. Apenas aparece aludido explícitamente, pero está omnipresente, pues la temporalidad, la caducidad constituye, en definitiva, la base del absurdo. El pasaje lento y doloroso (v.13) de toda la especie y de él mismo es el eje sobre el que gira todo el poema.

ANÁLISIS DEL CONTENIDO

TEMA

Visión del yo como  portador perseverante del  trágico destino humano. Así podríamos expresar el tema de este poema. La  identidad del individuo queda reducida solo a ser portador, continuador de ese sinsentido. El incierto ser de la especie es la única borrosa definición posible del individuo, cuya  vida no tiene más sentido que pasar el testigo de esa tragedia. El yo es portador y el poeta, además, portavoz o, mejor, testimonio: esa es la misión y todo el alcance de la poesía.

La indefinición del yo se muestra  fundida con la de la especie… Pero aquí no estamos todavía ante un arte social o comprometido.  Lo que vemos en la mayoría de Áspero mundo es un hombre solo, preocupado por su angustia y sus amores; aparece como mucho la naturaleza o, a veces, la ciudad, como meros reflejos de su soledad y de su hastío vital.  Se trata, en general de una poesía intimista:

«»Aquí, Madrid, mil novecientos
cincuenta y cuatro: un hombre solo.
[…]
Aquí, Madrid, entre tranvías
y reflejos, un hombre: un hombre solo…»

El individuo se sabe solo depósito de esa lacra fundamental de la naturaleza humana. Pese a no haber cometido ninguna falta y pese a no haber un Dios responsable de sus males y limitaciones, el ser humano se sabe marcado por un pecado original, por una mancha hereditaria: la de haber sido arrojado a una vida absurda, como dirían los existencialistas. Dentro de esta visión del mundo, no está claro cómo puede existir ningún paraíso perdido, ese mundo dulce,  salvo que pensemos en la infancia perdida, en las circunstancias personales de la trágica vivencia del poeta y de su familia de la Guerra Civil y sus consecuencias o en el consuelo del amor… O en el deseo de que fuera posible otra realidad.

En esta suerte de versión laica existencialista de nuestro pecado original, transformado (puesto que no hay culpa) en castigo original, persisten en el sujeto el mal, el dolor y la muerte, pero también el deseo del bien, casi como la otra cara del mismo castigo eterno. El afán de felicidad solo incrementa el sufrimiento.
Esta falta de gracia salvadora que se manifiesta en este poema, sobrevuela toda la producción de Ángel González y desemboca en su escepticismo definitivo:  no hay verdadera redención. Ni el hombre ni el poeta pueden redimirse a sí  mismos sometidos, como están, a la condición humana. El ser humano  trasmite  la muerte y el poeta, el dolor. La muerte acaba con el cuerpo; la desesperanza, acaba con el alma: así vemos a Ángel González al final de su trayectoria poética; esta es la conclusión de su obra y también la de este poema de su primer libro…

Ante esta castigo original, solo cabe la desesperación absoluta o voltearse hacia los demás, hacia el nosotros o el tú del amor. Por esos caminos discurrirá, en parte, la obra de Ángel González  en sus libros posteriores. En su poesía social, veremos el intento de una moral en su proyección sobre los otros, en su voluntad de  compromiso… Pero, ante la inanidad básica de la vida, esa moral de solidaridad no deja de ser una religión insatisfactoria en la que, en cualquier momento, también  se puede dejar de creer. El desencanto por los comportamientos sociales, por el egoísmo, la estupidez, la irresponsabilidad o la pura maldad humana, pueden dañar la voluntad de solidaridad y  compasión. Todos esos matices contradictorios se barajan en su obra y los positivos a veces se esfuman, dominados por el escepticismo, la ironía e incluso el cinismo.

ESTRUCTURA  INTERNA O TEMÁTICA

Podemos considerar dos grandes partes, subdivididas cada una en dos subpartes. El primer apartado abarcaría hasta el verso 12º, inclusive, y el segundo, desde el 13º hasta el final.

La primera unidad presenta una disposición analítica.

  • Primer subapartado. Del v.1 al 4. Identificación del yo poético con su origen ancestral en la especie. El individuo se nombra como resultado del vasto pasado colectivo. El ser es solo heredado.
  • Segundo subapartado. vv.5 al 12. Se comenta y se detalla esa idea, en concreto enumerando componentes de ese ancho espacio  (vv.5 al 8) y de ese largo tiempo  (vv9 al 12) que ha mencionado antes.

Si nos fijamos bien, esa historia colectiva en esa primera parte simplemente se expone, en tono digamos que neutro, no está calificada negativamente. El carácter de reflexión trágica que enseguida adoptará esta presentación, solo está prefigurado en su última palabra: huesos.

En la segunda unidad, en cambio, el subtema ya es otro; el verdadero tema del poema: el yo caracterizado como continuación agónica del destino humano. Aquí el contenido se organiza de modo sintético: el rasgo más característico de todo el poema está concentrado en el último subapartado.

  • Primer subapartado. Del v.13 al 20.  Visión pesimista de ese transcurrir colectivo que desemboca en la angustia individual.
  • Segundo subapartado. A partir del v.21 hasta el último.  El núcleo significativo del poema: el yo como exponente de la absurda condición humana. El individuo desgarrado entre el estigma de su condición absurda y mortal  y su vano afán de sentido y persistencia.
    Se da por sentado que, en un movimiento inverso, atribuye ese rasgo del yo al colectivo, a la condición humana misma.

Se observa cierto movimiento de vaivén, una disposición que parece guardar cierta simetría.

COMENTARIO  MÉTRICO / ESTRUCTURA EXTERNA

Ya hemos mostrado al principio de esta página el esquema del análisis comentado de la métrica. Se trata de una silva asonantada o arromanzada. A diferencia de la silva clásica se caracteriza por:

  • La rima en asonante en los versos pares mientras que los impares quedan sueltos (como los romances, de ahí el nombre).
  • No sigue estrictamente la condición de que los versos que se combinan libremente sean solo endecasílabos y heptasílabos. Otros poetas modernos y contemporáneos ya habían escrito silvas arromanzadas con similar libertad, como Bécquer y Antonio Machado, por ejemplo.
    La mayoría sí responden a esta pauta, pero hay algunas excepciones, como hemos indicado: el 20º  es pentasílabo y el 25º, dodecasílabo (12) y hay que destacar que aparecen en el clímax del texto, en el momento en el que el sufrimiento se expresa con la mayor intensidad.

González suele trabajar con bastante libertad en la métrica. No muchas veces se ajusta a la rigidez de estrofas tipificadas por la tradición clásica, pero tampoco se distingue por demasiados excesos, por lo que este poema es representativo de su modo de proceder más habitual. Prefiere una métrica que no le condicione demasiado, que no encorsete su pensamiento, que le facilite una expresión con aspecto de ser más natural, como si fuera algo no muy distinto de la prosa (Prosemas o menos tituló un poemario en 1985).

COMENTARIO ESTILÍSTICO / ANÁLISIS DE LA FORMA

Todo lo que no es tradición es plagio, como sentenció profunda y genialmente Xènius D’Ors, a lo que quizá podríamos añadir que en Poesía, en Literatura, todo lo que no es retórica es ripio.
Escribir es siempre escoger; la única alternativa es el magnetófono de aquellos heroicos hiperrealistas de los 50/60. La obra literaria más realista que queramos imaginar, siempre será una serie de palabras escogidas en lugar de otras: y eso es pura Retórica. En los últimos 30 o 40 años, algunos poetas de diferentes movimientos, submovimientos, o simplemente camarillas,  han intentado abrirse paso  en la Historia o en la Actualidad con un ostentoso rechazo de la «retórica» y hasta se han permitido despreciar  a los impresionantes poetas europeos de los siglos XVI y XVII porque les acusan de ser «retóricos» (lol). La Literatura es Retórica.

Me permito este desahogo porque en ocasiones se ha afirmado que un rasgo esencial de algunos poetas de la Generación del 50 o de algunas de sus obras, era su antirretoricismo  y su búsqueda de un lenguaje «natural». También se ha dicho eso de Ángel González y este poema nos da una idea del relativismo con el que hay que tomarse esas afirmaciones, de lo mucho que habría que detallarlas. Hablemos, en todo caso, de retórica de la naturalidad.
Voy a marcar a continuación el poema, aparte de la rima convencional, con algunos (no todos)  recursos fónicos de repetición empleados por nuestro poeta. El aspecto gráfico de lo que he marcado ya lo dice todo. Analizar con detalle todos los recursos literarios que se emplean no tendría fin: ¡no nos daría más trabajo un poema de Garcilaso, Góngora o Rubén Darío!

Para que yo me llame Ángel González,
Color o armonía  vocálica, con las A en posición tónica,
aliteración de nasales (M,N), rima en eco (a-e)

para que mi ser pese sobre el suelo, 11-A (e-o)
Armonía  vocálica con las E en posición tónica, aliteración de S
fue necesario un ancho espacio 11-
Rima en eco (ao) y armonía vocálica, con las A tónicas.
y un largo tiempo: 7-a rima en eco (ao)
5-hombres de todo el mar y toda tierra, 11-
Paronomasia/derivación, color vocálico con las O tónicas.
fértiles vientres de mujer, y cuerpos 11-A
Color vocálico con las E tónicas, aliteración de S y R
y más cuerpos, fundiéndose incesantes 11-
Rima en eco (e-o), aliteración de S
en otro cuerpo nuevo. 7-a
Rima en eco (e-o)
Solsticios y equinoccios alumbraron 11-
10-con su cambiante luz, su vario cielo, 11-A
el viaje milenario de mi carne 11-
Rima en eco (a-o) en los 3 versos y (a-e) en los dos últimos
trepando por los siglos y los huesos. 11-A
Aliteración de S, rima en eco (a-o)
De su pasaje lento y doloroso 11-
Rima en eco (e-o)
de su huida hasta el fin, sobreviviendo 11-A
Rima en eco (e-o)
15-naufragios, aferrándose 7-a (8-1)
al último suspiro de los muertos, 11-A
yo no soy más que el resultado, el fruto, 11-
lo que queda, podrido, entre los restos; 11-A
esto que veis aquí, 7 (6+1)
Rima en eco (e-o) /paronomasia
20-tan sólo esto: 5-a
epanadiplosis de cláusula (esto….esto)
un escombro tenaz, que se resiste 11-
a su ruina, que lucha contra el viento, 11-A
que avanza por caminos que no llevan 11-
a ningún sitio. El éxito 7-a (8-1) [y excepción de las rimas esdrújulas]
25-de todos los fracasos. La enloquecida 12
fuerza del desaliento… 7-a

Apabullante despliegue… Queda claro que antes de hablar de poesía antirretórica hay que pensárselo dos veces, es preciso matizar mucho ese concepto. Un análisis de la forma completo de este texto sería un trabajo inmenso y nuestro objetivo es solo presentar una ayuda de cara a los exámenes de Selectividad /EBAU/EVAU), pero creemos que queda claro que ese «lenguaje natural» es en este poema y en este poeta, de una complejidad enorme.

Sí que vamos a esbozar el esquema del trabajo sobre la forma que ha hecho en «Para que yo me llame…» nuestro poeta.
De hecho, ya se adivina lo esencial en ese esquema visual que hemos representado de los recursos fónicos de repetición: a cada una de las dos partes que hemos señalado le corresponde un tratamiento formal diferente. Eso es lo que un análisis detallado revelaría respecto a todo tipo de recurso: fónicos, sintácticos o léxicosemánticos.

En cuanto a los recursos fónicos, nos vamos a contentar con referirnos a lo que hemos marcado, que no es poco. Se aprecia con claridad que están concentrados en la primera parte del poema y que en la segunda parte casi desaparecen. Las repeticiones (aliteraciones vocálicas o consonánticas, rimas en eco….) sirven de réplica a ese encadenamiento incesante de seres que han conducido hasta él.
Este primer apartado es una compacta unidad sonora, una  densa sucesión de armonía fónica que acompaña la expresión de ese estéril magma que fluye incesantemente, de esa  aglomeración continua de estirpes que han desembocado en el individuo que se llama Ángel Gónzalez.
En el segundo, esas homofonías (no las llamaríamos exactamente eufonías) desaparecen cuando el yo poético pasa a ocuparse de su propio ser fragmentado y sufriente.  El poema nos apunta con ironía que todo ese trasiego de generaciones no ha sido un progreso evolutivo. La Humanidad no ha seguido un proceso de ascenso continuado que haya culminado en un sujeto más feliz, más pleno. A la elevación que sugiere «Ángel» (palabra de tantas connotaciones) le acompaña, como un oxímoron, un vulgar y corriente «González» (esto no es una ocurrencia: nuestro poeta ha jugado con estas implicaciones de su nombre en diversos momentos a lo largo de sus obras).

La única repetición fónica de relevancia -fuera de la rima- en el segundo apartado está al final del primer subapartado, esa anadiplosis irónica y despectiva con que se refiere a sí mismo como solo «esto», al principio y al final de una cláusula  repartida -rota como él mismo- en dos versos:

«…esto que veis aquí,
tan sólo esto:…»

El encabalgamiento, un recurso que actúa a nivel fónico y sintáctico, se alterna en los dos apartados del poema con la esticomitia. Se configura así ya desde el principio, un ritmo entrecortado, desasosegante y, por tanto, a pesar de la indefinición o «neutralidad» del tono de la primera parte del poema y de sus recurrencias sonoras, se insinúa ya  en él que ese transcurrir de la especie ha sido a trancas y barrancas, una continua lucha dolorosa.
En el segundo apartado (vv.13-26) se insiste en ese enfrentamiento de encabalgamientos y  esticomitias acompañando a la exposición de su propia ruptura interior. Lógicamente hay que destacar que el encabalgamiento se hace más intenso en el último subapartado (vv.21-26): todos los versos están rotos, como su alma. El poema alcanza aquí su máximo patetismo.

Si observamos la naturaleza de las estructuras sintácticas, podemos apreciar que la primera unidad del poema -en la que se habla de los vastos antecedentes del individuo- está dominada por cláusulas amplias, en tanto que en la segunda  el ritmo sintáctico se vuelve progresivamente más nervioso porque proliferan las cláusulas cortas, los incisos, aclaraciones y ampliaciones.

En cuanto a los recursos sintácticos podemos señalar también el paralelismo de los dos primeros versos:

«Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo…»

Se trata de un paralelismo sintáctico (dos oraciones subordinadas adverbiales de finalidad introducidas por la repetición anafórica de «para») y en el fondo también semántico: las dos dicen lo mismo, solo que la segunda desarrolla analíticamente el mismo significado. El desorden sintáctico del resto del poema subraya que el ser del individuo no está ni mucho menos asentado: flota sobre un doloroso caos colectivo y personal.

Es forzoso destacar que el poema está marcado por el hipérbaton. Juega un papel fundamental en su tono enfático, patético e (irónicamente) épico.
En la primera parte hay hipérbaton. Y en la segunda, también. Dos hipérbatos amplios que retuercen dramáticamente la expresión de las ideas en el texto.
Veamos el orden sintáctico natural  de  todo:

PRIMERA PARTE

Primer subapartado: hipérbaton:
SUJETO: un ancho espacio y un largo tiempo [hombres…. vientres de… cuerpos y más… fundiéndose]
VERBO: fue necesario
COMPLEMENTOS: para que yo.. para que mi ser

El individuo Ángel González aparece el primero en el texto, pero en realidad es solo un extremo secundario de la sintaxis, un complemento dentro de un predicado cuyo protagonista no es él, sino la especie. En una oración gramatical sabemos que el predicado es lo que se dice del sujeto, con lo que aquí nos encontramos con una sintaxis irónica, paradójica, que se ajusta perfectamente a la intención semántica de este pasaje.

Segundo subapartado: no contiene hipérbaton.
SUJETO: Solsticios y equinoccios
VERBO: alumbraron
COMPLEMENTOS: con su (…) luz, con su (…) cielo…. el viaje de mi carne….

Ya se nos ha presentado la paradoja «sintáctica» y semántica de los primeros versos, ha quedado restablecida la verdadera jerarquía, la preeminencia de la especie, y en este segundo subapartado el poeta desarrolla ese protagonismo del colectivo  con un orden sintáctico natural, iniciando la frase con el auténtico sujeto (que no es el individuo).

SEGUNDA PARTE

Primer subapartado: hipérbaton. Violentísimo. Recompongamos el orden «natural».
SUJETO: Yo 
VERBO: (no) soy
COMPLEMENTOS: más que…esto, esto  y esto (es decir: el resultado de su huida… el fruto, lo que queda.. esto que veis aquí…

La historia de la especie ya no aparece retratada  de modo «neutro». El retorcido hipérbaton subraya que ese transcurrir ha sido una continua pugna dolorosa y es camino de sufrimiento  es el que ha conducido hasta el individuo que es él: «un fruto podrido de esos restos».

Segundo subapartado: no contiene hipérbaton.
SUJETO: (yo) Elíptico. Es el  sujeto que aparece en la frase del anterior subapartado
VERBO: (soy)También elíptico: (no) soy (más que); es decir, también es el verbo del apartado anterior.
COMPLEMENTOS: un escombro… que se resiste…. que lucha…. que avanza… El éxito…La fuerza...

Este subapartado es  una amplificación enfática (sintácticamente un complemento aposicional) de la catáfora esto del verso 2oº. Se intensifica el patetismo con un ritmo ya completamente distorsionado por los encabalgamientos y la irregularidad de la medida de los versos: el individuo, el resultado final de todo ese tortuoso proceso está roto, es solo otro ser sufriente  que se debate en vano, pero sin cesar, contra el tiempo como todos los que le precedieron.

Este clímax de los últimos versos está construido también con una aceleración de los encabalgamientos casi continuos, con el zeugma (un escombro tenaz) que da pie a una sucesión paralelística de subordinadas (que lucha… que se reviste… que avanza), que recrudecen la pugna agónica del sujeto, y  con las construcciones nominales de los dos últimos (y para mi gusto, poco afortunados) versos donde, significativamente,  desaparece el verbo ser.

En resumen, el conjunto del poema presenta esta organización:

  • En la primera parte (vv.1-13), el sujeto semántico es la especie, y el individuo,  parte de lo que se predica de ella.
  • En la segunda parte (vv.21 -26), hay un sujeto, el individuo, y la especie es parte de lo que se predica de él.

Pero este orden semántico se nos muestra mediante un dramático (des)orden sintáctico. En el fondo entre las unidades del poema la relación semántica es adversativa, puesto que no lo que se nos dice es:

Todo esto ha llevado hasta mí, pero yo no soy nada (tampoco).

Decimos nada (tampoco), porque ese sarcástico y paradójico éxito de todos los fracasos, conecta de nuevo lo individual y lo colectivo. No alude solo al fracaso personal del individuo  en su empeño por ser y persistir. En ese «fracasos» vuelve a referirse a la historia y a la condición de toda la especie.

La  que hemos llamado retórica de la naturalidad, podríamos decir que encuentra una de sus directrices en bajar el tono del lenguaje metafórico (frente a la Generación del 27, por ejemplo). En este sentido apuntaremos la escasez y la sencillez de los elementos metafóricos. Escombro, naufragios, caminos y viento: son los más evidentes, a los que podríamos añadir viaje y trepando. Se podría conceder una pequeña alegoría en la serie naufragios-restos… Pero, en definitiva, nada complejo (ni muy evocador, añadiría a título muy personal).

La naturaleza de estos y otros recursos lexicosemánticos que pudiéramos señalar (los contrastes, oxímoros o paradojas de los últimos versos) apuntan también al carácter de reflexión intelectual del poema (véase la naturaleza  de los pocos adjetivos que hay, por ejemplo). Lo sensorial no tiene peso aquí.  Todo nos revela el carácter conceptista de este tipo de poesía que suele practicar Ángel González.

En cuanto a la selección léxica, no podríamos decir que el lenguaje es coloquial, desde luego, pero sí que todo intenta ajustarse al lenguaje culto estándar; otro detalle que cabría apuntar a esa pretensión de naturalidad.

CONCLUSIÓN

En un examen de EBAU, EVAU… lo más habitual en una conclusión es que se explique por qué el texto es representativo del autor, de la etapa de su evolución, del libro a que pertenece…
En «Para que yo me llame…«, hemos visto que está ya casi todo el poeta. Para nuestro autor -como puede verse reiteradamente en su poesía amorosa- el ser se da en los otros, la conciencia nos la dan los otros al percibirnos. Hay mucho de Machado en  González, como él mismo reconoce… Cómo no recordar en este punto al sevillano:

El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

En el texto que hemos comentado  esto no adquiere aún un matiz cabalmente social -a diferencia de momentos posteriores de su trayectoria-, pero el camino que conduce a ello está abierto.  Nuestra identidad está en los demás, la heredamos de ellos, todos somos parte del mismo inacabado ser. Aquí la ligazón del yo con el nosotros no es «sociopolítica» aún, sino casi «telúrica»; desciende incluso a un nivel físico, material: estamos hechos literalmente de los otros.

 

 

 

1 comentario en «Para que yo me llame Ángel González»

  1. Impresionante. Después de leer esto siento aún más pena del infeliz que me «explicó» la poesía del siglo XX en la uni. desde ya te doy las gracias en nombre de todos mis alumnos.

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