Comentario literario de un texto

Esta entrada es la parte 10 de 15 del curso Introducción al comentario de texto

CURSO DE INTRODUCCIÓN AL COMENTARIO DE TEXTOS

Lección 5

2.-ANÁLISIS LITERARIO DE UN TEXTO

          2.1.- Objetivos del comentario literario.

Ya hemos reflexionado antes, de un modo muy básico, sobre cuál es el propósito de un comentario de textos.
Ahora, aprovechando que hemos aprendido más cosas, vamos a ampliar un poco esta idea, con la intención de irnos acercando poco a poco a un primer modelo sencillo de ejercicio de comentario de textos que iremos desarrollando en sucesivos cursillos de esta web.

Para analizar literariamente un texto, deberemos tener en cuenta esos dos aspectos de todo texto o mensaje lingüístico: FONDO  y FO­RMA.

             En el primer nivel, el de QUÉ DICE el texto, lo que haremos en el comentario será:

                        1) Establecer el TEMA del texto. Podemos decir, de momento,   que esto equivale aproximadamente, a señalar cuál es su   idea principal.

                        2) Fijar la ESTRUCTURA del texto. Aquí  debemos   precisar de qué modo se distribuye el contenido en el texto,   cuáles son las partes en las que se podría dividir.

                           Determinaremos los núcleos significativos que existan;   veremos si hay o no ideas secundarias ( SUB­TEMA­S) y mostrarem­os el modo en que todo este entramado sig­nificativo   está ordenado en el texto.                                     

            En el segundo nivel, el de CÓMO LO DICE, llevaremos a cabo lo que llamaremos ANÁLISIS DE LA FORMA PARTIENDO DEL TEMA. Abordaremos su explicación más adelante.

2.2.- La simbiosis entre Fondo y Forma.

Vamos a profundizar un poco más en la naturaleza del comentario literario de textos.

            Por unos momentos, vamos a dejar nuestra pareja FONDO/FORMA y vamos a jugar con un ejemplo,  la pareja MARCHA/VELOCIDAD de un coche.

                         Se trata de dos valores que están tan estrechamente unidos como nuestros fondo/forma. ¿Qué es lo determinante? ¿Quién «manda», la marcha o la velocidad? Examinemos esta cuestión.

            Si introducimos la primera marcha, el coche podrá ir a 10 km/h, a 20km/h, pero, ¿podrá ir a 200km/h? Es evidente que no, por más que pisemos el acelerador, si no cambiamos de marcha lo tenemos claro.
Si tenemos puesta la quinta, el coche podrá ir a 100km/h, a 150km/h, pero ¿
podrá ir a 10km/h? Es evidente que no: el coche se cala.

     Visto esto, podemos preguntarnos: ¿es la marcha lo más importante, la que determina la velocidad a la que podemos ir? Según lo hemos visto ahora, parece ser que sí.

        Veámoslo ahora desde el otro punto de vista. Si vamos a 200km/h, podremos tener puesta la quinta, pero ¿podremos meter la primera? Es evidente que no: si lo intentamos el coche se hace canela. Si vamos a 10km/h, podemos llevar la primera, pero ¿podremos meter la cuarta o la quinta? Es evidente que no: el coche se cala.

            Así pues, está claro que marcha y velocidad son «igual de importan­tes», ambos tienen idéntico rango. La marcha rige, determina la velocidad, pero también la velocidad determina la marcha. Son términos recíprocos, el uno influye en el otro y viceversa.

Son como las dos caras de una moneda: igual que el FONDO y la  FORMA de un texto literario. De cómo sea el uno depende cómo es el otro y viceversa.

             Vamos a decir ahora, por tanto, que FONDO y FORMA integran una perfecta simbiosis. Están íntimamente unidos. El fondo determina cómo es la forma; la forma determina cómo es el fondo. Si cambia el uno, automáticamente cambia el otro y viceversa.

            Esto último es una premisa básica que resulta muy útil tener presente para el comentario de textos.

Volvamos ahora a nuestros textos sobre la olimpiada. Dijimos, de entrada, que tenían tres formas distintas pero un sólo fondo. A la luz de la premisa que acabamos de establecer, ¿es esto posible?

            Por supuesto que no. Una forma distinta determina un fondo distinto. Consecuentemente, en nuestros ejemplos, tres formas distintas suponen tres fondos distintos.

            Vamos a grabar aún más vivamente estos conceptos en nuestra ima­ginación. Según lo que hemos dicho, ¿cómo tendrían que ser dos textos para tener exactamente el mismo fondo y la misma forma?

            Evidentemente: tendrían que ser el mismo texto. Al menos en teoría, basta que cambie una palabra (plano de la forma) para que automática­mente también el fondo de los textos sea distinto.

 

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