Tras siempre arder, nunca consumirme

Comentario de Tras siempre arder, nunca consumirme

FRANCISCO DE QUEVEDO,

SONETO AMOROSO.

Comentario hecho por un alumno de 16 años -Nivel 4º de ESO/Primero de Bachillerato

Tras siempre arder, nunca consumirme;

y tras siempre llorar, nunca acabarme,

tras tanto caminar, nunca cansarme;

y tras siempre vivir, jamás morirme;

después de tanto mal, no arrepentirme;

tras tanto engaño, no desengañarme;

después de tantas penas, no alegrarme;

y tras tanto dolor, nunca reírme;

en tantos laberintos, no perderme,

ni haber, tras tanto olvido, recordado,

)qué fin alegre puede prometerme?

Antes muerto estaré que escarmentado:

ya no pienso tratar de defenderme,

sino de ser de veras desdichado.

0.- LECTURA COMPRENSIVA.

1.- LOCALIZACIÓN.

2.- METRICA.

Este poema es un soneto, ya que está compuesto por dos cuartetos y dos tercetos, todos ellos endecasílabos y con rima consonante. La estructura de la rima sique este esquema: ABBA, ABBA,  CDC, DCD

3.- DETERMINACIÓN DEL TEMA.

Argumento: Sin duda, este es un poema bastante profundo en el que el poeta hace una reflexión de toda su vida, o mejor dicho, reflexiona sobre la vida en general, sobre los sinsabores, golpes y decepciones que ha tenido que soportar, sobre las trampas y las mentiras. El amor le ha dado la espalda, e incluso la muerte se la ha dado. Es, evidentemente, una composición bastante negativa, sus versos rezuman pesimismo, y , en cierto modo, apatía.
Parece que el poeta ha decidido que la conciencia es una carga demasiado pesada, y quiere liberarse de ella ya que no lo va a conducir a nada positivo. No sabemos, en cambio, si esto es un vano propósito o un hecho, aunque tenemos la constancia del hastío y la aparente indiferencia que desprenden estos versos.
El poema parece ser las memorias de alguien a quien se le han acabado las aspiraciones, las esperanzas y las ilusiones, de alguien que incluso ha perdido el sentimiento de culpa, ya que este ser fue con la fe. En cambio, nos llama la atención que, pese a estar hablando de sentimientos de desgana y de hastío, no recibamos una sensación de conformismo, sino más bien de todo lo contrario.
Puede parecer extraño, pero el poeta acaba aseverando que «pataleará» hasta que se agote el último suspiro de su fuerza, hasta el mismo momento de su muerte, será lo que quiera ser, aunque en este caso sea ser «desdichado», es como si le plantara cara a la vida y le dijera: «
)quieres qué sea desdichado?» Pues lo voy a ser, pero será por elección propia, no porque tú me lo impongas. No pienso arrepentirme de nada, ni pienso luchar contra ti, porque sería inútil, y no hagas de ello una victoria, puesto que yo no te he dado oportunidad ni para vencer ni para ser vencida.

Tema: Desengaño provocado por el paso de los años que van dejando atrás ideales no alcanzados, vacíos físicos y vacíos espirituales.

4.-DETERMINACION DE LA ESTRUCTURA.

Este poema se puede dividir en dos partes, claramente diferenciadas, bien definidas. La primera desde el primer verso al décimo primero, y la segunda desde el décimo segundo al décimo cuarto.

En la primera, el poeta vendría a exponer, de forma implícita, sus experiencias, sus vivencias; explica cómo ha sido su paso por la vida. Y, de alguna manera, acaba esta parte concluyendo que todo esto no lo puede llevar a un final feliz. Como notas temáticas aparecerían decepción, cansancio, hastío, desesperanza, apatía.

La segunda parte es bastante breve, y el poeta emplea esos tres versos anunciando que no «va a dar si brazo a torcer», es decir que pese a todo lo amargo de su existencia, él no se piensa enmendar, ni arrepentir, ni nada por el estilo; no va a luchar contra su destino, puesto que, como ya se ha dicho, sería inútil. Pretende seguir viviendo y «disfrutar» tranquilamente de la única posibilidad que le ofrece la vida, aunque en este caso no sea feliz. Como notas temáticas aparecerían apatía, indolencia, rebeldía.

5.- ANÁLISIS DE LA FORMA PARTIENDO DEL FONDO (TEMA)

Se inicia el poema con una clara alusión al tema amoroso, y concretamente al fracaso por no haber visto correspondida su pasión, en este caso utiliza un símbolo, que es un tipo especial de metáfora, consistente en representar un término abstracto, la pasión, en este caso por medio de un término concreto «arder», «tras arder siempre, nunca consumirme»

Este tema es bastante frecuente en las composiciones del autor, dato que lo acaba de perfilar como el hombre insatisfecho, del que suele dar imagen en su obras. Pasa al siguiente verso sin abandonar para nada este aire de insatisfacción, en este caso para hacer referencia a la lenta agonía que para él es la vida, a la concatenación de penas y disgustos que es para él el vivir; para ello vuelve a recurrir al símbolo, en el que el término concreto sería «llorar», y el abstracto lo antes mencionado, los golpes de la vida, «y tras siempre llorar, nunca acabarme», esto mismo viene a reiterar en los versos tercero y cuarto:

«…tras tanto caminar, nunca cansarme;

y tras siempre vivir, jamás morirme;…»

siendo en este último mucho más explícito, confesando que está harto de vivir para sufrir, que ni tan siquiera la muerte viene a ayudarlo, a liberarlo de su » valle de lágrimas». Como recursos de esta estrofa destaca un paralelismo, consistente en la repetición de estructuras sintácticas, entre los tres últimos versos de la misma:

«…y tras siempre llorar, nunca acabarme,

tras tanto caminar, nunca cansarme;

tras siempre vivir, jamás morirme;…»

(C.C + C.C + V[inf] + nexo + C.C + V[inf]). El paralelismo, que, como hemos dicho antes, indica repetición, nos ayuda a asimilar la idea de monotonía que el poeta quiere transmitirnos, es decir, sería una especie de representación gráfica de sus sensaciones. Esto se ve también reiterado por otro recurso que aparece en estos cuatro primeros versos: la anáfora. Como se indica su definición, es un recurso consistente en la repetición de una palabra al principio de una serie de grupos sintácticos; «tras…/ y tras…/ tras…/ y tras… Encontramos también un contraste o antítesis, ya que el autor contrapone las palabras «…vivir, …morirme;»

En la segunda estrofa, parece que el poeta toma mayor protagonismo, es decir, hasta ahora había venido hablando de los pleitos que le ha planteado el destino, y a partir de este momento se describe tomando parte de la vida participando del bien y del mal, de alguna manera, se responsabiliza de sus acciones. Inicia la estrofa confesando que, en ocasiones, ha obrado mal, y que no se » arrepiente» de ello «después de tanto mal, no arrepentirme;».
En el siguiente verso hace una afirmación bastante sorprendente, que, en cierto modo, vendría a contradecirse con el sentido general del poema; «tras tanto engaño, no desengañarme;», son precisamente estas dos últimas palabras las que llaman la atención, ya que, hasta este momento, habíamos venido afirmando que el poeta estaba desengañado de la vida, y ahora él niega tal cosa; sin embargo, nosotros no nos tomamos esta afirmación al pie de la letra, sino que la consideramos producto precisamente de su decepción y su desgana, de su desánimo y su falta de interés por reaccionar a los monótonos estímulos que le ofrece la vida. Como recurso encontramos un contraste, ya que se contraponen los términos;«…engaño, …desengañarme.»
El siguiente verso sigue la tónica general del poema, reitera las amarguras que han habido presentes en su existencia e insinúa que no piensa rebelarse contra ellas, que no piensa «alegrarse» por nada; «después de tantas penas, no alegrarme;». Parece su actitud una situación confusa entre la «indiferencia» y el nihilismo. Encontramos además otro contraste, ya que se contraponen las palabras «…penas, …alegrarme;».
Acaba la estrofa con un verso bastante parecido al anterior;» y tras tanto dolor, nunca reírme;», tan solo se podría matizar que este último es, tal vez, más físico, parece más duro porque es menos abstracto, el dolor resulta más concreto que la pena, la risa más concreta que la alegría; son más palpables, más susceptibles de ser sufrido o emitida, respectivamente. Hallamos además en esta estrofa un paralelismo entre los tres primeros versos, repitiéndose la estructura sintáctica, (C.C + C.C + nexo + partícula negativa + verbo [inf.]).:

«…después de tanto mal, no arrepentirme;

tras tanto engaño, no desengañarme;

después de tantas penas, no alegrarme;…»

En el primer terceto empieza comentando que tantas vueltas que da la vida, tantos vericuetos por los que ha tenido que pasar, tantas cabriolas que hay que hacer durante la existencia y siempre salir ileso, de alguna manera; ir venciendo las dificultades e «trancas y barrancas», ir sobreviviendo a duras penas, pero sobrevivir, al fin y al cabo, en vez de perderse de una vez por todas, en lugar de entrar en uno de los corredores y desaparecer; «en tantos laberintos, no perderme;».
En el siguiente verso encontramos un hipérbaton, o alteración del orden sintáctico normal; «ni haber, tras tanto olvido, recordado,», cuando normalmente sería: «ni haber recordado tras tanto olvido». También hallamos, de nuevo, un contraste o antítesis, ya que se contraponen los términos; «…olvido,…recordado.»
El último verso de este primer terceto es una pregunta que podríamos considerar como retórica, ya que se formula a él mismo, forma parte de la reflexión que el poeta está haciendo a lo largo de todo el poema, y, realmente, no espera una respuesta directa a ella; el poeta se pregunta, aunque más bien afirma, que después de todo lo expuesto anteriormente, como va a ser posible un final feliz,
)qué tipo de final es ese? )cómo podría ser?; él parece estar convencido de que no es posible. Como recursos encontramos una elipsis, ya que este verso carece de sujeto «)qué fin alegre puede prometerme?.

Entramos en el segundo terceto, y con ello en la segunda parte del poema, con una afirmación rotunda «antes muerto estaré que escarmentado». Esta frase podría tener dos matizaciones, la del tópico que «el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra», y aquella sobre la que hemos hecho hincapié antes, que el poeta, a pesar de todas las «calamidades» cotidianas que ha tenido que padecer, aún mantiene una postura de fuerza, aunque realmente ésta sea muy relativa.
Como recurso encontramos un hipérbaton, ya que el orden normal del verso sería, «antes estaré muerto que escarmentado:». Los dos últimos versos podrían ser considerados como una rendición total, estarían en el límite entre la cobardía y la valentía, allí donde ambas se confunden. Y, sin embargo, no es la sensación de rendición la que nosotros recibimos, sino que más bien nos da la impresión de ser un pequeño acto de rebeldía, contenido en el pequeño espacio que hay entre la desesperación y el hastío, entre el caos emocional y la dignidad:

«…ya no pienso tratar de defenderme,

sino de ser de veras desdichado…»

6.- CONCLUSION.

Una vez más, Quevedo muestra su maestría con otro apasionado soneto amoroso.

Comentario hecho por un alumno de 16 años -Nivel 4º de ESO/Primero de Bachillerato

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