Recursos sintácticos

Los recursos sintácticos

CURSO DE RETÓRICA (2ª parte)

 

Lección 1: Los recursos sintácticos: elipsis, zeugma, hipérbaton.

 

SELECCIÓN RAZONADA DE RECURSOS SINTÁCTICOS

0.-Introducción.

Recordemos, de nuevo, el carácter arbitrario de toda clasificación. A la luz de esta premisa, tengamos en cuenta que algunos de los recursos que hemos catalogado como fónicos tienen además, en mayor o menor medida, un componente sintáctico, gramatical.

Es el caso v.gr; de anáforas, epíforas y complexiones que, con frecuencia, son índices de que «por debajo» de ellas discurre un paralelismo, uno de los más característicos recursos sintácticos. O, por poner otro ejemplo, la similicadencia, que hemos incluido aquí en el apartado de recursos fónicos, tienen de sintáctico  tanto como de fónico y, de hecho, lo más normal es que las distintas clasificaciones los incluyan dentro del apartado de los recursos sintácticos.

1.-ELIPSIS.

Supresión de algún elemento de la frase.
Hay que tener presente que en el comentario sólo nos interesa lo que sea expresivo; nos interesa demostrar de qué modo la forma se ajusta al fondo (es decir; simplificando, nos interesa lo que se pueda asociar con el contenido del poema, lo que se pueda demostrar que guarda relación con el tema).

En este orden de cosas, debemos omitir extendernos en explicaciones ( o hablando en plata: no debemos buscarle tres pies al gato, no debemos enrollarnos de mala manera) sobre fenómenos que son absolutamente normales en la lengua ordinaria y que, por tanto, no tienen relevancia literaria. Esto es lo que ocurre con algunas elipsis habituales en la lengua no literaria como, en el caso del castellano, la omisión del pronombre personal sujeto (yo, tú…).

A nosotros no nos interesan las cosas que son normales en la lengua normal sino justamente todo aquello que hace única, distinta la lengua literaria de un texto.
Cuando la elipsis sí es significativa tiende de modo natural a avivar el ritmo de la frase, agiliza la expresión del pensamiento. La sensación de que «falta algo» en la frase produce entrecortamiento, brusquedad; tal vez violencia y dramatismo; tal vez vivacidad y gracia, frescura; depende de los casos, de los contextos.
Por lo que puede suponer de eliminación de elementos superfluos, sobrentendidos, tiende asimismo a condensar el pensamiento y quizá, si se lleva a grandes extremos, a hacerlo más oscuro, de más difícil acceso y, por ende, el texto puede adquirir cierta pesadez. Este empleo es característico p. ej; en el estilo barroco. También es típico el uso de la brevedad y concentración que proporciona la elipsis en refranes y sentencias.

1.1.-Zeugma.

Cuando en una serie de elementos se suprime un mismo componente. Este componente puede ser una palabra, un sintagma, una parte de la oración (sujeto, verbo, etc;). Se trata, por tanto, de una variante de la elipsis, aunque tiene su propio sitio aparte en la tradición retórica.

Juan parece cansado, ,
camina cansado,
vive cansado.
.

» Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso…¡Yo no sé
que te diera por un beso!»
(BÉCQUER)

Con cierta frecuencia, un zeugma algo forzado puede poner en conexión dos elementos (uno de los cuales es el zeugmático, el elemento elidido) que normalmente no guardan relación alguna entre sí. (No es raro que ello dé lugar a una expresión metafórica). Este recurso adquiere en estos casos un gran valor expresivo. Nuestro vive cansado es un ejemplo de ello. Obsérvese también el valor humorístico de:
«Calzaba botas grises y sombrero negro».

2.-HIPÉRBATON (hipérbatos)

Alteración del orden sintáctico normal.
En una lengua como el castellano, donde la permisividad sintáctica es bastante amplia no es fácil fijar los límites del orden normal. Apenas pueden darse unas orientaciones de carácter muy general:

A).- Normalmente, en castellano el sujeto precede al predicado (verbo + complementos).
B).- Normalmente, los complementos van detrás del núcleo al que complementan (casa de campo, bebo café).

Por este motivo, debemos observar las mismas precauciones que apuntábamos en la explicación de la elipsis: nos interesan sólo los hipérbatos expresivos. Al hilo de este recordatorio, bueno será especificar que en algunas épocas artísticas el hipérbaton es una convención de estilo; es decir, una de las notas características del estilo del periodo.

En consecuencia, los escritores emplearán, a menudo, el hipérbaton para ajustarse a los cánones de la moda artística en vigor y no siempre con un fin expresivo claro. Conclusión: otra vez los pies del gato. Sabemos que esto ocurre en los Siglos de Oro: se pretendía asemejar la lengua romance a la lengua madre, el latín.
Hechas estas salvedades, concentrémonos en la capacidad expresiva del hipérbaton.
El hipérbaton llama la atención sobre los términos dislocados. Tiene, pues, cierta capacidad enfática: nos obliga a fijarnos en determinados elementos. Del orden lógico se pasa a otro afectivo, subjetivo. En el ejemplo siguiente, reparemos en el segundo verso de Garcilaso:

«Cerca del Tajo en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura…»

En este verso, lo objetivo (cierto lugar junto al Tajo) queda en un segundo término, porque lo que se destaca es una cualidad sensorial del paraje. Algo sabemos ya nosotros de cierta ninfa que irrumpe de pronto en ese «locus amoenus» («la cabeza sacó y el prado ameno» etc). Desconocíamos aún cómo sigue la historia. Al ver la maravillosa armonía del lugar, la ninfa queda deslumbrada y corre a llamar a sus compañeras para que se vengan allí a hacer calceta. De manera que nuestra ninfa…
«… Somorgujó de nuevo su cabeza
y al fondo se dejó calar del río…»

¿Qué diferencia vemos entre este último verso y su equivalente «normal»: «y se dejó calar al fondo del río»?. ¿En cuál de los dos el río es «más hondo» o la zambullida de la ninfa es «más profunda»?. Este hipérbaton crea una tensión, una expectativa, una espera. Dado que no captamos inmediatamente el sentido completo de la frase, se crea una expectativa: aguardamos el final de la expresión. La frase, por así decirlo, se «nos alarga»: tal como el propio chapuzón.

El hipérbaton, en teoría, conlleva una ralentización del ritmo. Ello es así porque al alterarse el orden normal, el sentido completo de la expresión queda postergado hasta que acabemos de comprender qué es lo que ha sido trastocado y cuál sería su orden «normal». En cierto modo, nos vemos obligados a detenernos, a pararnos un poco y pensar más detenidamente en los componentes de la frase para reconstruir el sentido correcto del conjunto.
Sabemos que cualquier procedimiento que cree un ritmo más reposado será apto para expresar contenidos como «melancolía», «delicadeza», «suavidad», «ternura»… Sin embargo, nuestra experiencia ya nos dice que es bastante frecuente que el hipérbaton dé lugar a efectos totalmente opuestos a los mencionados. El caso es que los fenómenos descritos en el párrafo anterior crean, al mismo tiempo, una tensión, un desasosiego, precisamente porque vemos que la estructura sintáctica está alterada, es «extraña»; no captamos inmediatamente su sentido completo, y esto es apto para expresar ruptura, violencia, dramatismo… Cuanto más desusado sea el hipérbaton más se subrayará este rasgo.

 

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