No es el amor quien muere, comentario

NO ES EL AMOR QUIEN MUERE

De Luis Cernuda

Comentario hecho por un alumno de 17 años, Nivel Bachillerato/Selectividad

No es el amor quien muere,
somos nosotros mismos.

Inocencia primera
abolida en deseo,
5-olvido de sí mismo en otro olvido,
ramas entrelazadas,
¿por qué vivir si desaparecéis un día?

Sólo vive quien mira
siempre ante sí los ojos de su aurora,
10-sólo vive quien besa
aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.

Fantasmas de la pena,
a lo lejos, los otros,
los que ese amor perdieron,
15-omo un recuerdo en sueños,
recorriendo las tumbas
otro vacío estrechan.

Por allá van y gimen,
muertos en pie, vidas tras de la piedra,
20-golpeando impotencia,
arañando la sombra
con inútil ternura.

No, no es el amor quien muere.

Luis Cernuda Donde habite el olvido (1933) Poema XII

LOCALIZACIÓN DEL TEXTO

En 1927 se celebra en el Ateneo de Sevilla un acto para conmemorar. el tercer centenario de la muerte de Góngora. A este’ acto acuden diversos escritores como Rafael Alberti, Federico García Lorca; Jorge Guillén, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, entre otros. Más tarde se unirán a ellos Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre y Emilio Prados.
Todos ellos formarán el grupo poético conocido como «Generación del 27». Todos ellos, además, estaban unidos por características comunes: semejante formación intelectual,, todos aparecían en las revistas literarias del momento, como la Revista de Occidente y Litoral, entre otras, todos se ven influenciados, además, por los mismos autores tanto extranjeros como españoles, etc.
Junto a ello, cabe destacar la gran variedad que ofrecerá cada uno en su trayectoria literaria personal. Con todo, sino un estilo común sí puede observarse en ellos cierta comunión de gustos y afirmaciones estéticas. Entre ellas, el deseo de realizar una especie de innovación dentro de la lírica española. En suma, el grupo_ poético del 27 sorprende porque su asimilación de formas anteriores, su respeto por la tradición, no contradice su inmensa labor en la renovación de la lírica española.
Luis Cernuda como sus compañeros de «generación» sufrirá también su propia evolución literaria aunque manteniendo-ese deseo de renovación tan característico de su «generación». Por ello se vio influenciado igual que ellos por movimientos de vanguardia, como el surrealismo, y por autores europeos como los poetas franceses Baudelaire y Mallarmé y los alemanes Goethe y Hölderlin.
Además de estos influjos Luís Cernuda se vio influenciado por la poesía bílblica y la poesía clásica y se percibe en su obra la lectura constante de sus dos poetas españoles preferidos: Garcilaso y Bécquer. Esta influencia de Bécquer puede apreciarse ya en el título de su libro, Donde habite el olvido, con el que Cernuda abandona el lenguaje surrealista para encontrar su tono más personal. Este verso con que Luis Cernuda titula su libro corresponde al poema LXVI de las Rimas de Bécquer. Corresponde a una rima de un Bécquer desengañado que habla de tristeza, de soledad, de muerte y de olvido. Resulta entonces muy significativo que Cernuda utilice ese verso para dar título a su libro. Por un lado, demuestra la influencia que sobre él ejerció Bécquer y por otro su admiración e identificación con el poeta.
Todo el libro sigue el hilo de ese tono angustiado y triste de las Rimas, una angustia que reproduce una constante en la vida y la obra de Luis Cernuda: la lucha entre la realización de sus deseos y la realidad. Sus temas dominantes serán, por ello, la soledad, la añoranza de un mundo habitable, el ansia de belleza perfecta y, sobre todo, el amor.
Cabe señalar, además, que este libro junto con, Los poemas para un cuerpo, singulizan las dos experiencias personales más apasionadamente vividas por el autor. Cabe advertir, según señala Octavio Paz en su ensayo sobre Luis Cernuda, que esas experiencias se refieren al amor homosexual, «pues ignorarlo sería como una ocultación desleal al poeta, quien halló en la libertad del amor», «la única libertad que me exalta». Pero hay que aclarar también que no habla en sus poemas del derecho de los homosexuales a vivir su vida, sino que exalta como la experiencia suprema del hombre la pasión del amor.
De la constante lucha entre la realización de los deseos y el choque con la realidad, de la influencia de Bécquer en el autor y de su visión del amor, encontraremos muestra perfecta en este poema.

MÉTRICA

El poema está compuesto por veintitrés versos distribuidos en seis estrofas. La primera de dos versos, la segunda y la quinta de cinco, la tercera de cuatro, la cuarta de seis y la última de un sólo verso. Está compuesto por una mezcla de versos de arte mayor y arte menor, de once y siete sílabas, a excepción de un verso de catorce sílabas. Existe entre ellos una rima predominantemente asonante que no sigue ninguna regla que la unifique. Todos estos elementos advierten de que el poema es una silva irregular.
La silva exige únicamente que los versos que la formen sean de once y siete sílabas, por lo que admite múltiples variaciones y una gran libertad de creación al poeta.
Luis Cernuda en su deseo de crear un nuevo lenguaje poético desechará los ritmos demasiado marcados («Si en el verso hay música, mi preferencia se orientó hacia la música callada»). En especial, cultiva el versículo largo, aunque volverá a veces, como en este poema, a metros tradicionales aunque introduciendo innovaciones.

ESTRUCTURA

El poema está estructurado en dos partes:
A- El amor es inmortal, los hombres sin amor mueren. (vv. 1 y 2). Esta parte incluye también el último verso.
A- La vida sin amor no tiene importancia. (vv. 3 al 7) .
– Sólo viven los que aman plenamente. Los demás no viven de verdad. (vv. 8 al 22).

TEMA

El tema expresado a través del poema es la idea de que el hombre sin amor no vive verdaderamente. Para expresar el tema el autor introduce diversas ideas que se unen en una misma. Dice en primer lugar, que el amor no muere, que somos nosotros los que morimos. Con ello el autor parece expresar dos ideas. Por un lado quiere decir que aunque para nosotros el amor halla acabado, haya muerto, sigue existiendo en los demás, sigue habiendo amor. Por otro lado, cabe señalar que el autor habla en el poema, no del amor en general como sentimiento, sino de un amor feliz, pleno, correspondido.
Por eso dice que cuando nuestro amor no es correspondido, no es un amor feliz, o se ha roto, no por ello dejamos de sentir, de albergar ese amor, lo que ocurre es que no podemos disfrutarlo plenamente, por lo que faltándonos, morimos.
Es decir, no morimos físicamente, pero no vivimos
espiritualmente, verdaderamente, con toda la intensidad con que sentimos la vida cuando amamos y nos sentimos amados. No podemos sentirnos vivos totalmente porque nos falta lo que nos hace sentir vivos precisamente, el amor. Por eso, para él solamente viven los que aman y son amados. Los demás son seres sin vida, como muertos en vida, como espectros de lo que en un. tiempo fueron: seres enamorados, amados y amantes, seres realmente vivos. Estas ideas que utiliza el autor para expresar el tema las veremos desarrolladas a lo largo de todo el poema.

ANÁLISIS DE LA FORMA

La primera estrofa empieza con un adverbio de negación y los dos- versos que la componen nos advierten de que lo que dicen es el resultado de una reflexión. Con esta primera estrofa introduce el autor una idea básica para entender el tema del poema. La idea de que el ,amor nunca muere, es inmortal y que quien verdaderamente muere es la persona que «pierde» ese amor. Hay en estos primeros versos una visión personificada del amor que es visto como si tuviese vida propia. A continuación en la segunda estrofa habla de ese amor, de los placeres que le produjo y se pregunta si vale la pena vivir sin todo ello. En realidad su pregunta es retórica, no tiene contestación, ya que él mismo al preguntársela está afirmando la idea de que sin amor no merece la pena vivir. En esta segunda estrofa, como he dicho anteriormente, habla de cómo entró el sentimiento amoroso a formar parte de su vida, de cómo fue ese sentimiento para él, de lo que significó.
Podemos advertir mediante la pregunta y el verbo «desaparecéis» de que está hablando de algo que sucedió en el pasado y de que cuando llega a la conclusión es cuando todo eso ha desaparecido. En esos versos- habla de una «inocencia primera»/»abolida en deseo», es decir, que esa ignorancia, esa ingenuidad que él tenía antes de amar y sobre todo cuando empezaba a amar se transformó. Y poco poco, a medida que iba aprendiendo a amar, dejaba de ser inocencia para convertirse en deseo, en pasión y lo convertía a él en un ser más apasionado, mejor conocedor del amor. Cabe destacar el uso del verbo «abolida» que resulta aquí muy representativo de cómo esa inocencia quedó tan transformada que ya no era la misma. Es como si se le hubiese anulado la personalidad del tal manera que pasó de ser de inocente a mejor o más experto conocedor del amor y sus placeres. Hay, por tanto, que destacar la personificación existente entre los dos versos.
En los dos versos siguientes introduce una parte importante de su visión del amor. Y lo expresa diciendo que para él el amor es «olvido de sí mismo en otro olvido». Aparece aquí la palabra «olvido», que ya aparecía en el título del libro y que aquí ayuda al autor a expresar la idea de que cuando llega el amor uno deja de atenderse exclusivamente a sí mismo, deja de centrarse solamente en su persona para prestar toda su atención en la persona amada.
Además esa desatención hacia nosotros, producto del amor que sentimos hacia la otra persona es tan grande, que es como si durante ese tiempo nos tuviésemos olvidados. Pero ese «olvido» no nos produce descontento porque estamos disfrutando, sintiendo el amor y además estamos sintiéndonos amados, porque la otra persona, también enamorada, se olvida a su vez de sí misma para amarnos. Hay, por tanto, en este verso una metáfora en la palabra «olvido» que resulta significativa porque hace que el verso transmita esa sensación de placentero abandono, de júbilo total, producida por el amor, que hace sentir que todo lo demás carece de importancia. Cabe señalar, además, que la palabra «olvido» ya aparecía en el título del libro, como he dicho anteriormente, por lo que aquí además de tener significado propio, resulta simbólica.
En el siguiente verso continúa expresando su visión del amor y utiliza para ello una metáfora pura en la palabra «ramas» que simboliza, como explicará con el verbo «entrelazadas», la unión de los dos amantes. Es como si al pensar en el amor él viera mentalmente la imagen de dos ramas una junto a la otra, unidas. Quizá por ello utiliza el sustantivo «ramas» ya que para él los dos amantes están tan unidos física como espiritualmente, que son como dos miembros formados por una misma cosa, como dos ramas de un mismo árbol. Y su unión es tan fuerte que están inevitable y plácidamente «entrelazados», ya que además de estar unidos por las manos o unidos sus cuerpos, están unidos por unos lazos muy fuertes, los del amor. Para ello podría haber utilizado cualquier otro adjetivo como unidos, enredados u otros, por lo que resulta muy acertado% que emplee el adjetivo «entrelazados» que es más suave, más representativo de su unión, más sugerente y humano. En estos dos últimos versos de la segunda estrofa se advierte que además de la idea de unión y de entrega total está ya presente la idea de correspondencia amorosa. En estos versos nos está diciendo que para él el amor es un abandono total en otra persona, en la persona amada, un olvido ciego, incondicional.
Para él el amor es una unión perpetua, como la unión de dos ramas de un mismo árbol, pero placentera y hermosa. Para él amar, es entregarse por completo, comprometerse a una sola persona para amarla siempre. Pero amar también significa que la otra persona sienta lo mismo por nosotros, que nuestros sentimientos estén «entrelazados», sino ese amor se rompe y muere. Puede apreciarse, como he dicho anteriormente, que la idea de correspondencia amorosa está presente en esta estrofa. Puede observarse de la misma manera esa influencia becqueriana que había mencionado al principio. Para Bécquer el amor es un amor feliz cuando amamos y somos amados. Para Cernuda la idea de correspondencia es muy importante, no basta con amar apasionadamente y contentarnos con ese sentimiento. S??lo con eso no podemos sentirnos completamente felices. Por eso dice en el último verso de esta estrofa que si todo eso falta no vale la pena vivir. El verbo «desaparecéis» y el sustantivo «día», indican que eso ya ha ocurrido, que todo ha acabado, ha desaparecido y, por tanto, indica desengaño y tristeza.
En las tres estrofas siguientes el autor explica el por qué de su triste conclusión, el por qué de los tristes versos con que iniciaba el poema. La tercera estrofa resulta clave para entender la idea de correspondencia que el autor anunciaba en la estrofa anterior, su visión de la vida y del amor, y para entender completamente el tema del poema. Y sobre todo, resultan claves los dos primeros versos de la estrofa. En ellos ayudado del adverbio «sólo» y el verbo «mira», el autor expresa, de nuevo, su visión del amor. Para él únicamente viven aquellas personas que gozan de un amor completo por que tienen junto a ellas a alguien a quien aman y con quien se sienten amados. Lo maravilloso de estos versos es la manera con que el autor nos explica esa idea de amor mutuo, correspondido y el verbo «mira», el adverbio «siempre» y las palabras «ante si» son claves para entenderlo. El amor pleno y correspondido es como dos amantes uno frente al otro mirándose, amándose.
El autor retoma aquí el simbolismo- de la mirada en Bécquer y lo aplica a su propia visión amorosa. Para Bécquer que las miradas de los amantes se cruzaran, que la mirada de uno se reflejara en la del otro, era símbolo de correspondencia amorosa’.-Podría decirse que estos versos de Luís Cernuda son fiel identificación con la visión amorosa de Bécquer y tienen su origen en versos como: «mientras responda el labio suspirando/ al labio que suspira», «mas no te encuentro a ti, que es tu mirada» y sobre todo más claramente el verso: » mientras haya unos ojos- que reflejen/ los ojos que los miran». En los versos de Cernuda, el adverbio «siempre» corresponde al becqueriano «mientras» e indica que cuando esas miradas no se unan ya no habrá amor. Cuando habla de «aurora» se está refiriendo de forma metafórica a la otra persona, que para él como su día, su renacer. La aurora es el renacer del día como la persona amada es para él su origen, su razón de ser, su renacer, lo que le da vida. Sin él no hay amanecer, no hay día, no hay vida.
En los versos siguientes repite anafóricamente el adverbio «sólo» y el paralelismo sintáctico. Esto le ayuda a expresar la idea de que además de encontrarse con su mirada el amante necesita tener un contacto con esa persona, necesita demostrar su amor, necesita dar y recibir cariño, gozar completamente de ese amor. Y como máximo símbolo de amor y cariño habla del beso, de besar «aquel cuerpo de ángel que el amor levantara». Es decir, no necesita sólo besar a ese ángel, que para él es metafóricamente la persona amada, sino que quiere besar todo su cuerpo. Quizá con el verso «besar» se esté refiriendo, de forma más clara, a la relación amorosa. Aquí el sustantivo «cuerpo» resulta muy sugerente porque se refiere a una una parte muy extensa, a todo su cuerpo, como si con un beso quisiese abarcarlo por entero, quisiese llenarse de ese cuerpo que el amor, personificado, «levantara». De ese cuerpo que antes, falto de amor estaba posiblemente desvalido, inanimado. Aquí el verbo «levantara» implica cierta nostalgia ya que está describiendo una imagen amorosa, una sensación vivida y después perdida.

En las dos estrofas siguientes habla de los que faltos como él, de ese amor correspondido y de todas esas placenteras sensaciones, dejan de vivir según su visión de la vida. Por eso dice, más tarde, que «lejos» de todos esos placeres, están los demás, los que como él han perdido ese amor, Y ellos sólo pueden «estrechar» el vacío que les ha dejado esa falta de amor, un vacío hecho de recuerdos «en sueños», es decir, de forma metafórica, de recuerdos difuminados y escasos. Después de haber amado y perdido ese amor solo les queda ir vagando por «las tumbas», el lugar que habitan, buscando a alguien a quien- «estrechar» a quien amar pero sólo encuentran un gran vacío, abrazan el vacío y viven como lo que son, «fantasmas de la pena». Utiliza aquí el autor la metáfora impura para decir que sólo les queda la pena, no queda nada de su anterior alegría, por lo que ellos quedan convertidos en seres sin vida, espectros, reflejos de la pena que sienten. Lo único vivo en ellos es la pena, es lo único que les queda junto con unos pocos recuerdos.
En la siguiente estrofa muestra el autor una imagen desoladora de esos antiguos amantes. «Por allá», «gimen» y la paradoja «muertos en pie» transmiten una imagen tétrica de como esos «fantasmas» van vagando a lo lejos, sollozando tristemente, andando pero sin ánimos, sin vida, como zombis. Además los llama también «vidas tras de la piedra», es decir, son cuerpos con vida física pero no espiritual, vidas sepultadas. Todo el poema, como se puede apreciar, es una constante antítesis entre lo vivo y lo muerto que se «acentúa en este verso. Esas personas no están realmente muertas, pero les falta el amor y aún así siguen intentándolo, siguen intentando volver a amar, volver a sentir, pero sin conseguirlo. Esta idea la sugieren, de forma perfecta, el verbo «golpeando» y la paradoja que forma junto al sustantivo «impotencia». Además están «arañando la sombra», verso con el que el autor, empleando el paralelismo, contribuye a dar una sensación de angustia. También utiliza en este verso la paradoja y hace un acertado uso del verbo «arañar» que enfatiza aún más la sensación de angustia y desasosiego, ya que están intentando coger algo que no se puede coger, » la sombra», es decir, de forma metafórica, la oscuridad, la nada, «con inútil ternura». Utiliza aquí el adjetivo-«inútil» para dejar claro que todo ese esfuerzo, toda la ternura, no sirven para recuperar ese amor perdido, esa única forma de sentirse completamente vivo.
En esta penúltima estrofa el autor utiliza de forma magistral la alegoría para expresar la idea de que la pérdida amorosa y el intentar recuperarla, de recuperar el amor una vez que ha muerto, produce una sensación angustiosa, dolorosa y resulta además imposible. Por eso dice que cuando perdemos ese amor seguimos viviendo pero estamos condenados a vivir sin vida, a que nuestra vida quede sepultada bajo algo tan pesado como esa lápida que el parece identificar en la «piedra». Nos convertimos y nos sentimos como seres enterrados en vida, que intentan desde el interior de la tumba golpear el ataúd, arañarlo para salir, para escapar, pero todo esfuerzo resulta inútil. Esta alegoría además, tiene de sorprendente que consigue transmitir al lector esa sensación de angustia, de impotencia y de inevitable y terrible desolación. Puede verse aquí, de forma clara, cómo el autor opina que la vida sin amor no es vida y que cuando este nos falta estamos condenados a la más desconsoladora y triste soledad.
La idea de vivir sin amor no se corresponde con su idea de vida, si le falta el amor, la vida no es vida viva, no es vida en todo el sentido de la palabra. El último verso del poema es la total afirmación de la conclusión inicial. Para ello el autor, después de la negación, para enfatizar, añade una coma y después otra negación. Con ello podemos observar que después de explicar el por qué de esa afirmación está todavía más convencido.
La explicación sería parte de su reflexión y tras ella reafirma su idea. Este último verso hace qué el poema adquiera una estructura paralelística. Primero expresa su conclusión, luego la explica y finalmente la reafirma. Por ello no necesita volver a escribir el segundo verso de esa conclusión, ya ha quedado explicado, no es necesario decirlo.
Cabe señalar la visión de la vida que tenía Bécquer para comprender de qué manera Luis Cernuda se vio influenciado por el poeta. Bécquer como lo demás autores románticos era un ser insatisfecho del mundo que le rodeaba porque su mundo de deseos e ilusiones chocaba con e mundo real. Por eso opinaba que el hombre está condenado a la soledad. Lo único que podía salvarle de esa-soledad y podía hacerle ver el mundo de forma diferente es el amor. Por eso cuando ese amor se acaba, él se siente desengañado y vuelve a romper los lazos con el mundo. Cuando eso ocurre lo único que le queda es su soledad original, la tristeza la muerte y el olvido. Para Luis Cernuda, como he dicho anteriormente, la experiencia suprema del hombre es la pasión del amor. Pero además él habla de amor único a una persona única, lo que significa una visión particular y una aportación por parte del autor. Y en esa visión amorosa particular, cuando ese amor acaba, principalmente porque no es correspondido, la vida termina. Pero como no muere realmente la vida que le queda es doblemente angustiosa. Por un lado porque le falta el amor y aunque intente volver a conseguirlo sabe que está condenado a no encontrarlo.

CONCLUSIÓN

A través del poema puede apreciarse, como decía anteriormente, cómo el centro temático de su obra es una dolorosa lucha entre su anhelo de realización personal y los límites impuestos por la realidad del mundo que le rodea. Para Cernuda como para Bécquer la vida sin amor, sin un amor correspondido no es vida por lo que podemos apreciar la gran influencia del escritor post-romántico en Luis Cernuda como en otros muchos escritores contemporáneos.

Comentario hecho por un alumno de 17 años, Nivel Bachillerato/Selectividad

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