Comentario de «Umbrío por la pena, casi bruno»

Comentario hecho por un alumno de 17 años – Nivel Bachillerato

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

Miguel Hernández, El rayo que no cesa

MÉTRICA

El poema es un soneto con las características propias del género, 14 versos agrupados en dos cuartetos y dos tercetos, todos ellos endecasílabos. Sin embargo la rims ofrece una peculiaridad con respecto a la rima clásica, pues el último verso de cada terceto repite la rima a que también aparece en el primer y último verso de los dos cuartetos. De esta forma, el último verso de cada una de las cuatro estrofas tiene la misma rima.
Se trata de una pequeña variante con respecto al soneto clásico. El esquema métrico y de la rima, por tanto, es el siguiente:

11A bruno
11B estalla
11B halla
11A ninguno

11A uno
11B batalla
11B calla
11A importuno

11C corona
11D leopardos
11A alguno

11C persona
11D cardos
11A uno

ANÁLISIS DE LA FORMA

«Umbrío por la pena, casi bruno…»

El poema comienza con tonos oscuros. Ya de entrada el poeta crea un ambiente sombrío, sin tintes alegres o positivos. Dos adjetivos contribuyen de modo decisivo a crear esa impresión: «umbrío» y «bruno». Lo más significativo de ambos es que son poco habituales. Son ciertamente vocablos no muy usuales que descubren el autor una preocupación estética especial.
El sustantivo «pena» redondea el efecto de este primer verso. Es más, los dos adjetivos están subordinados a este sustantivo. Contribuyen a que la presencia del sustantivo tenga más peso connotativo y marque con el signo del dolor el poema ya desde el comienzo.

«Por qué la pena tizna cuando estalla»

En este segundo verso del poeta aclara la asociación metafórica que ha hecho desde su interior entre pena y oscuridad. La violencia del verbo «estalla» nos indica otra pauta que va a caracterizar todo el poema, una expresividad muy vehemente.

«donde yo no me hallo no se haya
hombre más apenado que ninguno…»

En estos versos que el poeta lleva a cabo una última hipérbole en este cuarteto al establecer ante el lector las dimensiones de su pena.Unas cuantas cosas debemos resaltar de estos dos versos. Una de ellas es la sinuosa musicalidad del primero, conseguidas fundamentalmente con esas dos sinalefas:

«donde yo no me_hallo no se_halla»

El efecto es redondeado por la debilidad de las «ll» y la afinidad del sonido «y» de «yo».
Otro aspecto destacable de estos dos versos es la ordenación sintáctica de los mismos. No se trata, en absoluto, de estructuras sintácticas habituales. No ya sólo en el lenguaje hablado con la prosa ordinaria; incluso en una poesía del siglo XX sorprende esa tortuosa moderación de la frase.
Retóricamente, estamos ante una presentación construida sobre dos formas diferentes del verbo hallar y los dos versos, en conjunto forman una perífrasis que quizá podríamos catalogar como lítote, pues, en definitiva se trata de afirmar algo (que es el hombre más desgraciado del mundo), negando su contrario (donde no está él no está el hombre más triste del mundo).
Con respecto a estos dos versos, en definitiva, podríamos concluir que hay en ellos cierta audacia formal (aunque quizá el resultado no esté especialmente logrado desde el punto de vista de su efectividad poética) y tal vez cierto eco clásico, del lenguaje del siglo de oro, quizás de la sintaxis de poemas como los de Quevedo, poeta que tanto influyó en el Miguel Hernández de sus comienzos.

La siguiente estrofa se reduce toda ella prácticamente a una nueva ponderación del suplicio del poeta. Figura en ella una comparación especialmente llamativa: la pena del poeta es como un perro fiel. A simple vista, no termina de concordar el dolor de una pena con las connotaciones afectivas que se suelen atribuir a un perro fiel (la fidelidad misma, en principio, es un valor positivo).
Éste es el indicio más claro de que el dolor del poeta está provocado por un deseo cuya satisfacción sería agradable, por un sentimiento que si se realizara le haría feliz. Como la proyección de ese sentimiento está frustrada, insatisfecha, el resultado es la pena de la que habla el poeta durante todo este soneto.
Intuimos, claro está, que el motivo último del sufrimiento del que se nos habla del poema es el amor. La naturaleza de la temática del libro de Miguel Hernández al que pertenece este poema apoya esta conclusión.

«… sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que mí me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno…»

La otra alusión clave presente en este cuarteto para esclarecer el sentido último del soneto es, sin duda, la que hallamos en el primer verso: «duermo solo y uno«. La soledad es el auténtico origen de su dolor, y que el poeta hable precisamente de «dormir solo» nos lleva a relacionar esa soledad con el incumplimiento del amor.

En el primer terceto, el discurso del poeta cambio de tono, aunque, en lo fundamental no observamos nada esencialmente nuevo.la intención significativa es la misma que la estrofa anterior. Pero, en esta ocasión, otra clase de figuras formulan los términos del dolor delyo poético_

«… Carlos y penas llegó por corona,
Cardoso y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno…»

Adviértase la violencia de este terceto , especialmente de los dos últimos versos, con esa personificación de las penas que «siembran» nada menos que «leopardos» y nótese también el estado en que el poeta afirma quedar tras la acción de la pena.
La corona de cardos con la que se retrata metafóricamente yo poético, nos recuerda, inevitablemente la corona de Cristo. El poeta se presenta como un Ecce homo, una alusión, más que irreverente, quizá no muy apropiada desde el punto de vista poético. Es como si el poeta llevara la cruz de su amor, con lo que estaríamos ante el tema del destino trágico amoroso que Miguel Hernández trata frecuentemente en la poesía de su primera etapa.
Tanto «cardos» como «leopardos»son metáforas que tienen en común intentar representar el desgarramiento de su dolor.

Así llegamos al último terceto:

«… no podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos
¡Cuanto penar para morirse uno!»

La confesión de incapacidad para soportar ese dolor parece continuar esa alusión a un Via Crucis amoroso que lo llevará, sin remedio, a la destrucción y la muerte.
en efecto, en el primer verso hay una visión fatalista de la propia existencia, condicionada por ese dolor. Tanta pena y tanto «cardo» acabarán por destruir su resistencia.
El último verso llega a una conclusión. Se trata de una exclamación no exenta de cierto tono de lamento o incluso protesta.
este modo recuerda el libro del cual ésta extraído, lo enlaza con la temática dominante en El rayo que no cesa de manera definitiva.
Pero precisamente este último verso apunta quizá a algo más. La pena es amorosa, desde luego, pero esta exclamación final, tomada de lo que podríamos llamar una expresión coloquial parece darle una dimensión más amplia al dolor, como si el sufrimiento amoroso fuera sólo una parte de un sufrimiento existencial que tampoco el amor podría acallar. Y éste vendría a ser, aproximadamente, el tema del poema.

ESTRUCUTURA

Por lo que se refiere a la estructura, , hemos ido viendo, el poema se desarrolla en tres movimientos.
La primera parte la forma la primera estrofa, cuya esencia significativa es exponer la amplitud de su dolor. Podríamos redactar el subtema como la expresión de un dolor desesperado.
La segunda parte estaría formado por el segundo cuarteto y el primer terceto, donde se analiza o se desarrolla esta idea inicial con diferentes metáforas y se subraya la constancia y el desgarramiento que produce ese dolor, al tiempo que se sugiere su origen amoroso se percibe como inevitable trágico tanto sufrimiento. Diríamos que el subtema podría ser la expresión del convencimiento de un destino trágico amoroso.
Finalmente, el último terceto sería la tercera parte de la estructura del poema, que, en principio, recapitula lo que se ha expuesto previamente, pero que se cierra con un último verso que parece ampliar el sentido, la naturaleza del sufrimiento que lo abruma.encuadra el sufrimiento amoroso en ese destino trágico último que es el carácter mortal de la existencia. Podríamos decir que el subtema sería el sufrimiento amoroso como parte o como manifestación del destino trágico del hombre.

TEMA

Puesto que, según hemos ido exponiendo, todo el poema parece cobrar un sentido más amplio en su último verso, pensamos que el núcleo significativo de todo el poema se encuentra en su tercera parte, de manera que el sistema global viene a coincidir en gran medida con el subtema de ese último apartado: la vivencia del amor como expresión del destino trágico del hombre.

CONCLUSIÓN

Tanto la métrica como el estilo y la temática de este soneto se ajustan perfectamente a la temática del libro al que pertenece y a las características de esta primera etapa de Miguel Hernández

Comentario hecho por un alumno de 17 años – Nivel Bachillerato

9 comentarios en «Comentario de «Umbrío por la pena, casi bruno»»

  1. Para Carlos Ruiz, si todavía lee estas cosas
    En tu párrafo del comentario que empieza» Otros aspectos destacables…» ¡ojo a la concordancia de número!»… (los aspectos SON)

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