Comentario de ¡Infancia! ¡Campo verde…

Comentario de ¡Infancia! ¡Campo verde… de J.R.Jiménez

Comentario hecho por un alumno de 18 años -Nivel  Bachillerato/Selectividad

Poema del libro ELEJÍAS LAMENTABLES, de Juan Ramón Jiménez.

¡Infancia! ¡Campo verde, campanario, palmera,
Mirador de colores: sol, vaga mariposa
Que colgabas a la tarde de primavera,
En el cenit azul, una caricia rosa!

5- ¡Jardín cerrado, en donde un pájaro cantaba,
Por el verdor teñido de melodiosos oros;
Brisa suave y fresca, en la que me llegaba
La música lejana de la plaza de toros!

…Antes de la amargura sin nombre del fracaso
10-Que engalanó de luto mi corazón doliente,
Ruiseñor niño, amé, en la tarde de raso,
El silencio de todos o la voz de la fuente.

LOCALIZACIÓN

En torno a 1888 surge en España e Hispanoamérica un movimiento cultural como consecuencia de la crisis universal que se estaba produciendo con la disolución del siglo XIX, denominado Modernismo. Esta crisis habría de manifestarse en el arte, la literatura, la ciencia, la religión, la política y en otros muchos aspectos, representando así un verdadero cambio histórico.
En literatura este movimiento representó una ruptura con la estética vigente y un gran afán de renovación estética. La critica actual ha coincidido en ver, en las ralees de esta literatura, un profundo desacuerdo con las formas de vida, de la civilización burguesa. Ese rechazo de la literatura vigente les hizo volver los ojos hacia otras literaturas, con especial atención a tos románticos como Víctor Hugo y a las corrientes francesas como el Parnasianismo y el Simbolismo. De este modo el Modernismo hispánico toma de los parnasianos franceses la concepción de una poesía de gran belleza, el anhelo de perfección formal, los temas exóticos y los valores sensoriales. Y de los simbolistas, la visión simbolista de la vida, el arte de sugerir y la búsqueda de efectos rítmicos dentro de una variada musicalidad, entre otras cosas. También recogen influencias de escritores norteamericanos como Edgar Allan Poe, , ingleses como Oscar Wilde e italianos como Gabrielie D’Anunzio.
Todas esta influencias le alejan de la poesía española del siglo XIX, (con excepción de Bécquer) aunque no de la tradición medieval hispánica .
La temática del Modernismo apunta en dos direcciones. La más señalada es la que atiende a la exterioridad sensible (lo legendario y lo pagano, lo exótico, etc); sin embargo, todo el lo no es más que una parte de la temática modernista, y no la más importante. La otra línea apunta a la intimidad del poeta, con su vitalismo y so sensualidad, pero también con su melancolía y su angustia. Es a partir de este segundo punto como se desarrollara el sentido unitario de la temática del Modernismo.
Juan Ramón Jiménez fue un escritor dedicado por completo a su obra y a una exigente e inacabable persecución de la belleza. Hay, por tanto, una permanente inquietud y una constante búsqueda, que explican su peculiar evolución. En esta trayectoria ininterrumpida, suelen distinguirse tres etapas: una primera etapa llamada sensitiva, una segunda etapa llamada intelectual y una tercera llamada «suficiente»o «verdadera«, según sus propias palabras. Juan Ramón ,Jiménez empieza a escribir cuando se está desarrollando en España el Modernismo, por lo que se ve influenciado en cierta medida por dicho movimiento sobre todo en su primera etapa como escritor, la llamada sensitiva.

En esta primera etapa que va desde sus comienzos hasta el año 1915 aproximadamente se observa una clara influencia de Bécquer, como en su libro Arias tristes (1903), y también se acusa muy pronto, como he dicho anteriormente, el influjo modernista. De esta etapa son sus Elejías, una trilogía escrita en 1910, dividida en «puras», «intermedias» y «lamentables».

Como he dicho anteriormente el Modernismo hispánico llevado por un rechazo de la literatura española de finales de siglo, recoge influencias de otras literaturas. Pero la influencia de Bécquer y de los románticos, en general, es muy importante.

De este modo se ha dicho que existe un especie de «filiación romántica» del Modernismo. En efecto, son notables las afinidades entre románticos y modernistas: análogo malestar, análogo rechazo de una sociedad en la que no haya lugar la poesía, parecida sensación de desarraigo, de soledad, etc. Hay también una preocupación por la muerte y la fugacidad de las cosas, de la vida.

También como el romántico, el modernista cree que la literatura, la poesía, pueden ofrecer consuelo o evasión de la realidad. Y buscan una evasión en el tiempo y en el espacio. La realidad es tan horrible para ellos como para los románticos. Existen, de igual modo, manifestaciones de tedio y profunda tristeza; la melancolía es un sentimiento central. El poeta hallará motivo para encontrarse o mostrarse melancólico en todo: frente a la mujer, frente a la vida, analizándose interiormente.

Estas características influirán definitivamente en Juan Ramón Jiménez y se sentirá identificado con ellas en su primera etapa como a o largo de toda su obra. Cabe destacar como pasa de escribir primero unas Arias tristes y cómo esa tristeza va derivando en otra mayor en Elejías lamentables. Una aria es un canto triste pero una elegía va dirigida a una persona muerta, lo que la hace todavía más triste. Además son «lamentables» en el sentido de que pueden producir todavía más lamento, más llanto. En este libro la hermosura del mundo se acrecienta por contraste con la realidad del alma, con la melancolía del poeta. Es un libro, como los dos restantes que componen la trilogía, de nostalgias a donde asoma la infancia, el amor, imágenes del pasado inmediato, envuelto todo en una neblina coloreada, que al hermosear lo de ayer, hace más turbio y gris el presente.

MÉTRICA

En cuanto a la métrica, podríamos decir que el poema está compuesto predominantemente por versos de arte mayor de catorce sílabas, llamados alejandrinos. El alejandrino es el verso preferido del Modernismo aunque enriquecido con nuevos esquemas acentuales y con predominio de los ritmos muy marcados. Además con estos se combinan por vez primera los versos trimembres. Son muchas las modalidades que los modernistas inventan o toman de la métrica francesa. Así, el soneto recibe un tratamiento especial: se escriben sonetos de los más variados versos, especialmente en alejandrinos, pero también versos de desigual medida o con disposición variada de las rimas. Con todo, lo esencial es no limitarse a las estrofas consagradas.

En este poema veremos cómo Juan Ramón Jiménez recoge muchos de esos rasgos modernistas.

ESTRUCTURA

El poema está dividido en tres estrofas de cuatro versos cada una con rima consonante en todo el poema, llamadas serventesios. Por ello podría tratarse de un ejemplo de esa especie de soneto distinto innovado por los modernistas que intenta alejarse en cierta medida de las estrofas clásicas.

El poema está estructurado en dos partes fundamentalmente:

A- Descripción de la infancia. Evocación nostálgica de la inocencia y felicidad perdidas.

(vv. 1 al 8).

B- Descubrimiento de la realidad y desengaño subsiguiente. (vv. 9 al 12).

Aunque el poema esté claramente dividido en dos partes, cabe destacar que en los dos últimos versos del poema, el poeta alude de nuevo a su infancia y vuelve a describir una parte de ella.

TEMA

El tema expresado a través del poema es el profundo desengaño y la desilusión que siente el hombre ante la realidad de la vida. De niño la vida se le presenta envuelta en una imagen encantadora, de libertad, de belleza, de sencillez ,etc. En cambio, cuando ese niño crece la realidad se le presenta de golpe para decirle bruscamente la verdad, para decirle cómo es ella en realidad. Entonces ese niño se va dando cuenta de que la vida ya no es tan encantadora, ni tan bella, sino horriblemente real, con sus encantos y sus defectos, pero real y va dejando, por tanto, de ser niño. La vida ya no se le presenta envuelta en un mágico manto, la niñez, sino tal y como es. Entonces se produce el desengaño, la desilusión y el desconsuelo. La descripción idealizada de su infancia permite al poeta mostrar y señalar lo cruel y doloroso de conocer la realidad de la vida.

ANÁLISIS DE LA FORMA PARTIENDO DEL FONDO (TEMA)

Este poema pertenece al libro Elejías lamentables, lo que advierte desde el principio de su tono triste y doloroso.

Una exclamación encierra toda la primera parte del poema. El objetivo de este tono exclamativo es señalar las palabras que contiene. Este tono además, crea la sensación de que el autor habla desde el presente de su infancia y de todas las cosas con las que la identifica, con añoranza, con tristeza quizá porque en ese presente esas cosas no son las mismas. Mediante ese tono exclamativo advertimos que el poeta está hablando de algo importante para él, su infancia. Por ello, «infancia» es la palabra con la que abre el poema y así su primera parte y además una pieza clave para entender el poema. Ese es el motivo de que sea el único componente de la primera exclamación ya que merece ser señalada de una manera especial. A partir de esa primera exclamación y hasta el octavo verso el poeta irá describiendo cómo era su infancia, y lo hará a través de la enumeración, entre otros recursos.

Gracias a ella, las palabras aparecerán situadas en el texto de una manera especial, es decir, colocadas en aparente desorden, inconexas y separadas por comas, de tal modo que parecen estar escritas tal y como los recuerdos se agolpan en la mente del escritor. Sin embargo, mantienen un orden en cuanto a que todas ellas describen y forman parte de su niñez. En la primera estrofa el poeta habla de un «campo verde», podría ser grande, seco o cualquier otra cosa pero elige un color, el verde, para simbolizar el color que tiene el campo cuando florece.

Habla del «sol», de una «mariposa» y de un «cenit azul», existiendo en últimos términos una metáfora del cielo. Todos ellos son elementos que componen, como dirá más tarde el poeta, una típica tarde primaveral. Todo ello y la utilización además de palabras como «campanario», resulta muy sugerente y demuestra que Juan Ramón Jiménez trabajaba mucho sus poemas de manera que, como vemos aquí, con escasos elementos que aluden a partes simbólicas de cualquier pueblo hace posible imaginar y aproximarse fácilmente a esa infancia.

Podemos comprobar también cómo Juan Ramón Jiménez hace una fusión de las influencias tomadas del Parnasianismo y el Simbolismo y mezcla por un lado el anhelo de perfección formal y por otro el arte de sugerir. Como he dicho anteriormente, hay en el autor modernista un deseo de evasión de la realidad en el espacio, conocida como «exotismo». Los temas exóticos son además frecuentes en el Parnasianismo francés. Podría deducirse entonces que Juan Ramón Jiménez recoge en la palabra «palmera» esa influencia y la utiliza en el poema para dotar al paisaje de su infancia de un valor sugerente, exótico. Sin embargo, las palmeras no son exclusivas de países exóticos y muy probablemente existieran en su pueblo natal por lo que no parece tener aquí un claro significado exótico.

La utilización de un verso trimembre, el segundo, el tono de exclamación de toda la primera parte, la separación con comas y la rima consonante hacen que el poema tenga cierta musicalidad, cierto ritmo, característica claramente simbolista. En este verso trimembre el autor habla de un «mirador de colores», que puede representar un mirador real desde el cual el poeta de niño observara panorámicamente su pueblo cubierto de color, del color que trae consigo la primavera, o simplemente una montaña alta a la cual él se asomara y desde donde veía su pueblo. Pero en sentido metafórico se está refiriendo de nuevo a su infancia.

El poeta quiere expresar que su infancia era el único modo a través del cual poder mirar la naturaleza, el mundo y verlo lleno de colores, de belleza y sentirse completamente feliz. Mediante una metáfora aposicional el autor identifica el sol con una mariposa que intenta inútilmente, con el color de sus alas o tal vez con su belleza -quizá se refiere a eso cuando dice «rosa»- poner una nota de color que contraste con el gran azul del cielo. El sol, como la mariposa intenta con sus rayos dar un tono diferente en contraste con el del cielo. Pero sus rayos sólo consiguen dar una «caricia rosa». Los rayos del sol, simbolizados posiblemente en las alas de la mariposa, son rosas por lo que pierden toda la fuerza e intensidad de su color originario.

Está muy bien empleado aquí el verbo «colgabas» porque además de advertirnos de que durante esta primera estrofa el poeta está hablando de algo que ocurría en el pasado, simboliza de forma insólita como el sol, según lo vemos nosotros, está colocado en la parte más alta, en el «cenit» del cielo, como si estuviera colgado. Como he dicho anteriormente, el poeta a través de esta magnífica metáfora el quiere expresar casi hiperbólicamente que el sol representa tan sólo una pequeña nota de luz comparado con la intensidad del azul del cielo de esa tarde de primavera. Es tan leve su color que parece una pincelada, una «caricia».

Existe en el último verso una sinestesia en los términos «caricia rosa» que contribuye a señalar el sentido de la metáfora. El color que desprende el sol es una pincelada y además rosa, es decir, leve, suave. Aparece en esta parte del poema el azul como color máximo, como el más intenso, como el más predominante.

El azul era el preferido de los románticos y para los simbolistas representaba lo ideal, la verdad que se haya oculta tras la apariencia de los objetos. Para los simbolistas el mundo de lo sensible es sólo un reflejo o símbolo de las realidades escondidas y la misión del poeta es descubrirlas. Por ello su poesía pretende sugerir todo cuanto está oculto en el alma o en las cosas. Juan Ramón Jiménez influenciado enormemente por el Simbolismo francés, como explicaré más tarde, también creía en la existencia de una esencia oculta tras la apariencia de las cosas. Por ello, cultiva a través de su poesía ese llamado «arte de sugerir», mediante el encadenamiento de las metáforas en una sucesión detallada y con abundancia de pormenores que reflejan múltiples sensaciones, como estamos viendo en este poema.

Aparecen en esta primera estrofa colores como el verde, el azul y el rosa. Son todos ellos colores claros, suaves, cálidos, que dan sensación de calma, de tranquilidad, de quietud, lo que concuerda perfectamente con la imagen que muestra el autor través del poema de la tarde primaveral.

Una nueva exclamación encierra la segunda estrofa del poema y por sus palabras veremos que el autor continúa describiendo su infancia. Habla el poeta de un «jardín cerrado» que puede hacer alusión a un jardín real y de nuevo, de forma metafórica a su infancia. Esta es para él como un jardín donde solamente están él, un pájaro, la brisa y una música conocida. Es un lugar donde la realidad no puede entrar y donde él se siente a gusto, tranquilo, seguro, feliz. Aparece el verbo en pasado «cantaba» que vuelve a advertirnos de que el poeta está hablando de algo que ocurría en el pasado. En ese pasado todo era muy tranquilo, un pájaro cantaba, corría un brisa «fresca y suave» – adjetivos que la convierten en agradable y placentera ya que se trata de una tarde primaveral- y además desde allí le llegaba una música conocida. El se encontraba, por tanto, en un ambiente que le era familiar y que le gustaba. En su infancia sólo había sitio para la tranquilidad, la música, en definitiva, para lo agradable y lo placentero. El autor identifica su infancia en esta segunda estrofa con una especie de paraíso particular. Hay en el sexto verso una metáfora en «melodiosos oros» que resulta muy sugerente. A través de ella el autor nos dice que el verde de su jardín se veía coloreado por el color del sol. Es decir, que los reflejos de los rayos del sol hacían que el verde de ese jardín se viese por momentos de color dorado y brillante.

Hay también en los términos «melodiosos oros», una sinestesia que contribuye a dar una imagen perfecta de como el verde del jardín se veía más o menos coloreado según la mayor o menor intensidad de esos rayos. Es decir, que el movimiento de los rayos del sol se reflejaba en lo verde como si estuviesen siguiendo las notas de una melodía tocada por el sol. Aparecen en esta estrofa elementos como «cantaba», «música» y «melodiosos», claramente musicales. Todo ello parece sugerir que él se encontraba rodeado por una especie de melodía y de un ambiente agradable; el ambiente ingenuo y tranquilo de la niñez. Pero todo esto ocurría en el pasado antes de llegar a adulto y conocer la realidad.

Cabe destacar el adverbio de tiempo «antes» porque además de iniciar la tercera estrofa del poema divide claramente sus dos partes. Hasta ahora había hablado de cómo era su vida durante su infancia y en esta última estrofa describe la experiencia horrible de descubrir la realidad y los amargos sentimientos que eso le produce.

El autor llama a ese descubrimiento o consciencia de la realidad, «amargura sin nombre», porque poco a poco va descubriéndola y un día se da cuenta de que las cosas no son como él las veía y sentía y de que todo parece haber cambiado. Este descubrimiento le produce un enorme dolor, un dolor que antes nunca había experimentado, ya que antes no conocía la verdad. Por ello no puede llamarlo tristeza, desengaño o cualquier otra cosa, no puede darle nombre porque es un sentimiento nuevo, más fuerte que los anteriores y no puede describirlo, no puede describir lo que sintió en aquellos momentos. Ese sentimiento le hace pensar que todo ha cambiado pero en realidad las cosas son siempre iguales, solo que a partir de que es consciente de la realidad las mira desde otro punto de vista y para él nunca serán las mismas. El campo, el campanario, el jardín, siguen estando en el mismo lugar, pero ahora no lo disfruta de la misma forma y por ese mismo motivo los idealiza.

Cabe destacar los dos primeros versos de la última estrofa y con ellos la palabra «fracaso», ya que son los que encierran la clave temática del poema. Resulta muy acertado el empleo de la palabra «fracaso» porque expresa muy bien ese sentimiento de impotencia que siente el poeta al descubrir la realidad. Él se siente como si la culpa hubiese sido suya por creer en la vida tal y como se le mostraba de niño, por creer en su engañosa y dulce apariencia. Describe además esta palabra perfectamente sus sentimientos en ese momento de desilusión , desengaño, desconsuelo. Además ese dolor fue tan profundo que hizo que su corazón cerrara las puertas a la ilusión y se vistiera de luto en memoria de los momentos felices de su infancia. A partir de entonces, él se convirtió irremediablemente en adulto. Y de tal forma le entristeció ese sentimiento que su corazón aún esta «doliente». Con este verbo en el autor simboliza muy bien que su corazón aún no se ha recuperado, que aún está dolido, que la herida sigue abierta. El paso de niño a adulto es tan cruel que nunca podrá recuperarse y siempre recordará su infancia con añoranza.

En el undécimo verso vuelve a utilizar el autor el verbo en pasado para recordar su infancia. Podría decirse que este poema tiene una estructura circular puesto que en los dos últimos versos el autor vuelve a describir un momento de su infancia. En la primera estrofa habla de ella, de lo que ocurría antes de conocer la vida tal y como es. Y en la última estrofa, en los dos primeros versos habla de lo que ocurrió entonces y un poco del presente y en los dos últimos habla de que antes de que eso ocurriera él «amó»- vuelve a utilizar el verbo en pasado- el «silencio de todos» y de todo lo que le rodeaba porque le permitía observar con calma toda la belleza que la naturaleza y la vida a través de ella le ofrecían.

En este verso pueden advertirse dos posibles interpretaciones. Podría decirse, por una parte, tomando la «o», como conjunción disyuntiva, que los dos términos paralelísticos que componen el verso van separados, y entonces debería entenderse que él amaba el silencio de la gente o la voz inexistente de la fuente y, por tanto, más silencio. Por otra parte, creo que los dos términos van unidos formando una misma idea. Es decir, que lo que el autor pretende decir es que en esa tarde de «raso» él amaba tanto el silencio para contemplar la naturaleza y la vida en todo su esplendor como la voz de la fuente, es decir, el leve ruido de su caño de agua cayendo y creando una maravillosa musiquilla puesto que este sencillo hecho llegaba él con la misma intensidad. De nuevo utiliza el autor palabras, en este caso antitéticas, para transmitir de una forma hermosa ese silencio, esa paz. Identifica el autor en este verso la tarde con el raso. Es decir le atribuye sus cualidades: suave, lisa, brillante, bella, etc. Con ello quiere decir que esa tarde primaveral era para él tranquila, acogedora y bella.

Anteriormente he dicho que la temática modernista apunta en dos direcciones. Por un lado la que tiende a la exterioridad sensible y por otro la que apunta a la intimidad del poeta. A través de este poema vemos como Juan Ramón Jiménez sería un claro ejemplo de escritor de esa temática intimista a través de la cual expresa su vitalismo y sobre todo su melancolía y su angustia.

Por ello aunque los temas de su libro Elejías lamentables, se mantienen en el lirismo característico, el fervor de la belleza natural, el amor, la tristeza, los pájaros, las flores, temas todos ellos decididamente modernistas, son tocados por el autor de manera muy personal. Además los poemas de este libro, como en este caso, tienen un fondo común de imágenes de la naturaleza a través de las cuales se expresan diversos estados de ánimo.

Como he dicho anteriormente Juan Ramón se vio influenciado enormemente por el Simbolismo francés. De este modo adaptó tanto sus características de estilo como su visión del mundo aunque interpretada de forma personal. Juan Ramón Jiménez creía que tras la apariencia de las cosas hay una esencia absoluta y eterna que existe independientemente de la conciencia humana, y que el poeta puede poseer el privilegio de tener intuiciones de esa esencia inmanente en su experiencia cotidiana. Para él la poesía era además un medio para buscar su propia salvación personal, lo que hace su obra difícil, de un gran autoanálisis y a veces, hermética.

A partir de la tristeza de contemplar las cosas vivas como cosas que morirán, o de la melancolía de los comienzos bellos y esperanzadores -primavera, amanecer, etc.- que conocerán pronto su final, Juan Ramón Jiménez consigue un poesía hermosa. Su actitud ante estos signos de vida y esperanza es de frustración, y a veces, de odio, porque la esperanza que transmiten es engañosa.

Un símbolo de vida, para Juan Ramón Jiménez es antes que nada un símbolo de lo que tarde o temprano morirá. De esa forma se aleja de ellos buscando a sus opuestos, entre los símbolos de muerte algo más verdadero, más próximo a la esencia eterna y absoluta dentro de la temporalidad que es su objetivo.

Con todo ello podemos ver que aunque en su primera etapa como escritor se ve influenciado por el Modernismo, su Modernismo es del tipo intimista, como he dicho anteriormente, y orientado hacia la contemplación y la confesión sentimental.

Poco a poco irá evolucionando hacia sus otras etapas en que se dedicará por completo a la búsqueda de Belleza y Absoluto de manera que se convertirá en un poeta de excepcional sensibilidad, movido de las más exigentes inquietudes estéticas y de continua capacidad de renovación.

Comentario hecho por un alumno de 18 años -Nivel  Bachillerato/Selectividad

1 comentario en «Comentario de ¡Infancia! ¡Campo verde…»

  1. Infancia

    Aún viaja mi infancia
    en el avión de palo que construí
    en la escuela;
    aún cabalgo en el río de piedra
    con árboles carnosos;
    aún me cuelgo de agosto
    con su cometa de acero;
    aún recuerdo tu nombre cicatrizado en el árbol.

    Ah infancia de campana azul
    con domingos rotos;
    ah infancia de lagartijas
    bailando en mi bolsillo;
    ah infancia de cuadernos
    con peces ingenuos;
    ah infancia esculpida
    en las manos del tiempo.

    César Cando Mendoza

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