Romance de la pena negra, Romancero Gitano
Federico García Lorca

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
-Soledad, ¿Por quien preguntas
sin compañía y a estas horas?
-Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti quése te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
-Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
-No me recuerdes el mar
que la pena negra brota
en las tierras de la aceituna
bajo el rumor de las hojas.
-¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
-¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y roja.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
-Soledad, lava tu cuerpo
con agua de alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.
***
Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza
la nueva luz se corona.
¡Oh! pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh! pena de cauce oculto
y madrugada remota!

MÉTRICA

el análisis métrico de este poema nos permite comprobar que Federico García Lorca ha utilizado una forma métrica muy popular, lo que contrasta con el complejo simbolismo que emplea a lo largo de todo el poema. De esta manera, comprobamos que el romance es una forma métrica que, aunque haya tenido un origen popular y tradicional ha sido previamente adoptada por los poetas españoles a lo largo de los siglos hasta llegar hasta hoy.
Nivel: ESO/Bachillerato/Selectividad
Continuará

Romance Sonámbulo

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

–Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
–Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
–Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
–¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Federico García Lorca, Romancero gitano

COMENTARIO LITERARIO

LOCALIZACIÓN
Contaba Federico García Lorca que este poema “lo había tenido en un sueño”. Lo onírico parece, en efecto, estar presente en él, aunque a mí siempre me ha llamado la atención que hasta que no surgieron primero el psicoanálisis y luego el surreallismo, a (casi)  nadie se le aparecían sus obras literarias en sueños.

(Continuará…)

Hay que tomar como norma ante  un comentario típico de selectividad  sintentizar y adoptar una perspectiva genérica.  Generalmente esta es la postura adecuada  ante cualquier texto de un examen de selectividad: presentar coherentemente las cartacterísticas de texto y no entrar en un análisis pormenorizado de cada detalle.  Eso sí, hay que  seleccionar para comentar una serie de elementos que sean suficientemente representativos de lo que la teoría estudiada nos dice que es característico de ese autor, en esa época, en ese poemario...

Es un error obsesionarse con explicarlo todo. Porque no hay tiempo y porque se corre el riesgo de aventurar explicaciones inadecuadas para símbolos oscuros, metáforas surrealistas, etc.

Junto a eso, hay que apoyarse en la teoría. Lo estudiado a nivel teórico sobre cada autor de la asignatura ayuda a orientar y estructurar el comentario. Además, se exige de nosotros que demostremos que conocemos la teoría correspondiente al autor en cuestión.

La clave

soEs de esos textos como los de Vicente Aleixandre y Cernuda en que


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